El pasado 20 de febrero, el Concejo Deliberante de la ciudad de San Miguel de Tucumán decidió, por unanimidad, la expropiación de la Casa Sucar. La preservación del inmueble se encontraba en pugna desde 2012, cuando la piqueta la amenazó por primera vez.
El suceso instala discusiones en torno a varias temáticas: la preservación (o nula preservación) del patrimonio arquitectónico y cultural en la provincia, el avance del mercado inmobiliario y, en consecuencia, las problemáticas ecológicas y habitacionales que esto genera.
San Miguel de Tucumán es la segunda ciudad más densamente poblada del país, con casi 10 mil habitantes por km2, concentrando cerca del 50% del total de la población de la provincia. Dentro de la ciudad, por su parte, la mayor densidad se encuentra comprendida entre las avenidas Sarmiento, Mitre y Alem, Roca, Soldati y Brígido Terán.
En este rectángulo, la construcción en altura superó los 1600 inmuebles: solo en 2016, se aprobó la construcción de más de 150 edificios. Sobre un terreno de 10x70 (700 m2), una constructora puede edificar hasta 5.500 m2, multiplicando más de 7 veces el terreno original. Donde antes vivía una sola familia, ahora viven 50.
Todo esto tiene graves consecuencias ambientales, entre otras, la insuficiencia en la prestación de los servicios sanitarios y de energía y la quita del arbolado y el consecuente aumento de la temperatura en el núcleo urbano.
Paso a paso, la puja por la Casa Sucar
Su historia se remonta a 1923, año en que fue diseñada por el arquitecto Luis Lucena y se convirtió en el emblema del modernismo en Tucumán.
En 2012 fue la primera amenaza de demolición, cuando la Fundación Lucci (que funcionaba hasta entonces allí) decidió mudarse. En ese momento, los vecinos organizaron una “guardia ciudadana” para detener el avance de la piqueta.
En 2015, un nuevo pedido de demolición quedó en suspenso por el rechazo generalizado de académicos, artistas e intelectuales que plantearon la necesidad de conservar el inmueble.
Poco menos de un año después, en junio de 2016, la Sala 3 de la Cámara en lo Contencioso Administrativo solicitó a la Municipalidad de San Miguel de Tucumán autorización para demoler.
En ese entonces, los legisladores Eudoro Aráoz, José María Canelada y Adela Estofán de Terraf presentaron un proyecto para que el Estado provincial expropie el inmueble y lo convierta en un Centro Cultural para artistas emergentes.
En diciembre de 2016 vuelve el peligro de la piqueta: el gobernador Juan Manzur ratificó que la provincia no se haría cargo de la expropiación del inmueble.
Por el contrario, el intendente capitalino Germán Alfaro, ante la negativa del gobernador, anunció que la Municipalidad se haría cargo de la expropiación. Luego de las vacaciones trataron el tema en el Concejo. A pesar de un primer traspié en el que la oposición no presentó quorum, la expropiación (más no la propuesta de intercambio de Alfaro) fue aprobada por unanimidad.
Cuidar lo nuestro
En las sucesivas amenazas de piqueta, la comunidad tucumana se movilizó para evitar que esto sucediera. La última amenaza, más cercana a la concreción, desató la resistencia y la discusión en torno al cuidado del patrimonio histórico, arquitectónico y ambiental de la ciudad y sentó un importante precedente para próximos intentos de demolición.
El valor de la casa Sucar, más allá de sus propiedades arquitectónicas, estará de ahora en más en la apropiación que los ciudadanos hagan de ella.
El pasado 20 de febrero, el Concejo Deliberante de la ciudad de San Miguel de Tucumán decidió, por unanimidad, la expropiación de la Casa Sucar. La demolición del inmueble se encontraba en pugna desde 2012, cuando la piqueta la amenazó por primera vez.
El suceso instaló discusiones en torno a varias temáticas: la preservación (o nula preservación) del patrimonio arquitectónico y cultural en la provincia, el avance del mercado inmobiliario y, en consecuencia, las problemáticas ecológicas y habitacionales que esto genera.
En las sucesivas amenazas de piqueta, la comunidad tucumana se movilizó para evitar que esto sucediera. El valor de la casa Sucar, más allá de sus propiedades arquitectónicas, estará de ahora en más en la apropiación que los ciudadanos hagan de ella.