Martín Falci: "La Hermandad retrata la experiencia en un campamento que ya no existe”

CINE DE ACÁ

Llega la película sobre el campamento del Gymnasium, una de las instituciones educativas más emblemáticas de Tucumán, y su director adelanta: “Hay razones para preocuparse”. El proceso de un film que genera ansiedad y expectativa a días de su estreno. VIDEO

La Hermandad se estrena el sábado a las 20 en el Caviglia.




Martín Falci llega agitado a la mesa del ventanal del bar ABC. Vino caminando desde el estudio donde estuvo ultimando detalles de La Hermandad, la película que retrata la vida en el campamento de varones del colegio Gymnasium, un fenómeno que ha generado tanta expectativa como ansiedad desde que se anunció el estreno. Ansiedad que al director tucumano de 27 años se le filtra por los dedos cuando pide un té de manzanillas y no tiene tiempo para dejar reposar al saquito del té sobre el agua caliente de la taza. No. Martín Falci ahoga el saquito de té con la cuchara y cuando el saquito intenta salir a flote, vuelve a hundirlo, apretándolo hasta el fondo de la taza con el filo de la cuchara, con el riesgo de romper el saquito y tragarse las hebras del té al primer sorbo, pero no, tampoco: el agua se tiñe del color té, el director saca el saquito vencido y desinflado y arranca la entrevista con eltucumano.com a días del gran día: el sábado 3 de agosto en el Festival Tucumán Cine. 

"Soy egresado del colegio en 2009. En 2012 (en la Escuela de Cine) estaba haciendo un trabajo de antropología y producción y, después de pensar mucho, había algo que me había atravesado siempre: esos ocho años en la secundaria que es una experiencia que no tiene mucha explicación ni lógica y que a medida que me alejaba me daba más sorpresa y dimensión cinematográfica y narrativa todo lo que tenía ese campamento. Hasta la forma de la carpa ya era el encuadre perfecto si ponía la cámara de frente. Entonces empecé con ese proyecto que al principio tenía un nombre horrible y que se dispara de una forma institucional, pero que tenía una cosa muy crítica: hay algo con la masculinidad y la violencia que me generaban muchas preguntas y no tenía muchas respuestas. Entonces fui por ahí".


Después del paso por varias clínicas, del concurso Raimundo Gleyzer y del rechazo en Quinta Vía (por donde se presentó Bazán Frías), Martín Falci pensó en tirar el proyecto a la pileta de la cocina, como a un saquito de té frío, rancio, con sabor a pasto: "Pensé que ya era. Habían pasado tres años. Hasta que conocí a Benjamín Ávila (director de Infancia Clandestina y productor de La Hermandad), con quien había tenido un solo taller y cuya película me había parecido increíble. Ahí nació el vínculo productor-director y esta película comenzó a hacerse realidad. En 2016 no se filma y en 2017 sí, justo en un año clave porque el colegio se pone en boca de todos cuando se aprueba el ingreso de las primeras mujeres para el año siguiente, ocurre el accidente de un chico que cayó del tercer piso y el hecho más duro que también interviene en el guión es la muerte de un pibe apuñalado en la parada, a la vuelta del colegio. Hay algo ahí que marca al colegio ese año por razones obvias de sensibilidad humana, de lo humano que el colegio es más allá de todas sus contradicciones y dicotomías de todas las cosas que existen, de todo ser, de todas las personas, instituciones y lugares. Y eso es lo que a mí me parecía lo más atractivo del colegio. A todo esto, cuando le contabas a alguien de afuera que el colegio hacía un campamento de 10 días, nos llenaban de preguntas: 'Che, ¿y qué más hacen?', 'Che, ¿y qué es El zorro?' Cosas así. Pero la película no es del colegio. La lucha más difícil fue no hacer el institucional, pero tampoco quería hacer un panfleto en contra de nada, sólo mostrar este universo muy cinematográfico lleno de contradicciones".

El año más difícil para el Gymnasium no fue un impedimento para la filmación de La Hermandad. Con el apoyo del Ente Cultural, de la Municipalidad y el financiamiento del Incaa, Falci tomó la decisión radical de estrenar en Tucumán en agosto, hacerlo en octubre en Buenos Aires y quedar a la espera de los festivales. A medida que se acerca el día, gymnasistas y no gymnasistas llaman a Falci, lo mensajean, o comentan intentando anticiparse a qué es lo que se mostrará del campamento que ese año se realizó por última vez solo con varones en Potrero de las Tablas: "Llegan preguntas, claro que me llegan preguntas. Y hay preocupados, hay algunos que están preocupados. Y me parece que hay razones para preocuparse. Cuando uno toma distancia del campamento empieza a definir los contrastes. Cuando uno es adolescente realiza cosas más por automatismo y las hace por el sistema, porque de alguna la construcción del ser hombre está atravesada por la violencia y la fuerza. Desde lo simbólico hasta lo físico ocurre algo muy fuerte, hay una intención muy seria del colegio de ir contra eso. Al principio la película era muy crítica y después fue convirtiéndose en más humana. Con el paso del tiempo fue madurando. Al principio el punto de vista estaba en los más grandes y luego mutó hacia los que ingresan y mostrar por primera vez cómo ven ese universo. Los protagonistas de la película son chicos de 10 años".


Este Martín Falci adulto que desplegó en 2017 su equipo de trabajo para filmar durante diez días el campamento del Gymnasium y hacer una película protagonizada por niños que corren, se embarran, ríen y lloran es el Martín Falci que estuvo del otro lado de la cámara, en el mismo lodo, todo manoseado, pintado, asumiendo postas con un cuerpo en desarrollo como cimiento de esa hermandad construida durante todos estos años por una de las instituciones más emblemáticas de la educación pública de Tucumán: "Yo la pasaba increíble en los campamentos. Había cosas raras. He filtrado una imagen de una pelea en el barro. He peleado alguna vez en el barro. Esa cosa de lo físico a prueba es todo el tiempo. Lo físico entre hombres de chico está desprejuiciado, pero al mismo tiempo todo está marcado por el macho, por la fuerza. Conviven las contradicciones. O lo sexual: los chicos se tocan. Y lo van a seguir haciendo: en el baño del colegio, en donde sea. En el campamento convive todo. Al principio pensaba mucho en la sexualidad, pero luego lo enfoqué en la pérdida de la inocencia y en la construcción de la identidad. O en ese paso de la niñez a la adultez, la separación de los padres, la supervivencia, la división de tareas y trabajar en grupo. Este tema tiene muchas capas que empiezan a abrirse de alguna manera".

A las puertas del Festival Gerardo Vallejo, con los antecedentes de Los dueños, El motoarrebatador, La ausencia de Juana, Bazán Frías o Planta permanente de próximo estreno, el cine tucumano transcurre una etapa de producción sólida que trasciende a la provincia así como La Hermandad escapa a las aulas, a la convivencia al aire libre, a toda una institución: “Las películas están para contar nuestra realidad en Tucumán, en Argentina y en el mundo. Lo mínimo que podemos hacer es filmar acá, filmar nuestras historias. A esta película que van a ver la amé y la odié muchas veces, nunca la imaginé tan cercana en algunos puntos, así de sugerente en otros puntos. No sé si va a gustar o no, al gymnasista le va a conmover por antonomasia, pero la película es la experiencia de esos chicos ese año en ese campamento que ya no existe. El campamento marca del fin de una etapa del fin del colegio sólo con varones. Fui a filmar la cercanía de la construcción de la masculinidad. La película tiene una temática universal. Tenemos que hacer películas sobre nosotros. Tenemos que contar nuestra historia, lo que hemos vivido, lo que conocemos, lo que nos inquieta, lo que nos incomoda. "La Hermandad es una película, es también un documental de autor, observacional, es la discusión documental ficción, la película no tiene archivo, no tiene entrevistas, tampoco voz en off, es realidad pura”.

El mozo del ABC trae la cuenta, suena fuerte la música durante la entrevista, pero es en el último instante donde Martín Falci escucha qué suena, tamborilea los dedos, se envuelve la garganta para protegerse del frío, sabe que acaba de empezar la última semana de espera, las últimas horas hasta el estreno del sábado a las 20 horas en la Sala Caviglia: “La película cuenta cómo se construye la identidad colectiva y las contradicciones de esa construcción hegemónica de la masculinidad hoy atravesada por el feminismo. Pero la película no viene a hablar de feminismo, viene a hablar de la masculinidad que es el debate que tenemos que dar nosotros. Hay un texto pronto a ser publicado de mi amigo Lucas García (director de Bazán) que se titula ‘Hablemos, muchachos’. Creo que a través del cine estos diálogos se están empezando a dar. Confiamos que en Tucumán se va a ver porque es una película de un evento y un colegio que todo el mundo habló pero nadie vio: saldrán muchos diciendo ‘Bueno, esto no es tan malo’, y saldrán otros diciendo ‘Esto es terrible’.. No creo que la película sea ni muy terrible o violenta ni tampoco muy inocente. Es increíble todo lo que va a pasar con La Hermandad en Tucumán. Y lo más loco es que todavía no se vio la película. Ni se empezó a mostrar y esa ansiedad crece. Por eso estoy tratando de mantenerme calmo, así como me ves hasta cuando llegue el estreno, el día que entre a la sala, el día que se sepa qué es La Hermandad”.


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