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De aquella ilusión rockera a esta melancolía arrabalera

ANÁLISIS DECANO

A Ricardo Zielinski le gusta el rock, pero el tango de Gardel define el momento Decano: "Cuesta abajo". Tras un arranque histórico, el equipo perdió la memoria. "Quedan tres finales", dijo Toledo y todavía no está dicha la última palabra. Que vuelva el equipo irreverente, rockero, que se llevaba todo por delante.

Ricardo Zielinski. La foto es de Fabían Lio / Pool Argra y fue tomada de La Nación.





Es sabido que a Ricardo Zielinski le gusta el rock. Su clásica campera de cuero negra marca la impronta del técnico Decano. Aquel traje de candidato que supo lucir al hilvanar un arranque histórico con seis triunfos en fila hoy parece no calzarle al Decano tucumano, y es un tango de Carlos Gardel el que define el momento de un equipo que parece haber perdido la memoria y la frescura mostrada en el arranque de la temporada postpandemia. Por los arrabales de todo Tucumán se mastica bronca y desazón, y se extraña aquella ilusión rockera e irreverente.

"Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser", reza la letra de Alfredo Le Pera en "Cuesta abajo", con música inmortal de Carlos Gardel. Atlético Tucumán es culpable de haberse ilusionado, de soñar, de disfrutar de un equipo que goleaba y se plantaba ante cada adversidad. El equipo que disfrutaba el entusiasmo de los pibes, en el que el que entraba desde el banco lo hacía todavía mejor que el que estaba en cancha.

Atlético encontró rápido la ventaja en Córdoba y mostró algunos destellos de su ya lejana mejor versión, principalmente en los pies de Leonardo Heredia. El regreso de Cristian Erbes aportó orden en la mitad de cancha, pero Lucas Melano y Augusto Lotti hoy no pudieron lastimar por las bandas. El ingreso de Cabral echó por tierra toda ambición ofensiva y el equipo se defendió sin la pelota. Javier Toledo se perdió en la eterna lucha y forcejeo con los centrales rivales, pero no estuvo certero frente al arco, más allá del penal convertido.

Sin ser una máquina, Talleres impuso en el partido la sensación de que su gol estaba al caer. Y cayó. La merma en el rendimiento del Decano también afectó su espíritu competitivo, ese que le permitió pisar fuerte en cancha de Racing con los pibes, ganar sobre la hora en Sarandí, golear a Unión y una remontada inolvidable sobre la hora ante Arsenal. No hubo una guapeada, rebeldía ni suerte que alcance para torcer el destino.


Era, para mí, la vida entera, como un sol de primavera, mi esperanza y mi pasión.
Sabía que en el mundo no cabía toda la humilde alegría de mi pobre corazón.

Ahora, cuesta abajo en mi rodada, las ilusiones pasadas yo no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá


Vamos a ser justos con Zielinski. Nadie esperaba tremendo arranque y él fue el artífice de aquel equipo que ilusionaba. El Ruso fue mechando a los pibes como hace años no ocurría en 25 de Mayo y Chile, y alternando entre jugadores que no bajaban la guardia al punto de que se tornó difícil distinguir entre titulares y suplentes por el buen rendimiento colectivo.

El Ruso sabe mejor que nadie cómo sacar agua a las piedras y ha sabido reponerse ante los golpes, forjando su carrera desde el ascenso profundo hasta dirigir al Gigante del Norte, con un paso muy recordado por Córdoba: justamente, donde hoy su equipo dio otro paso atrás. Será tiempo de ajustar tuercas, poner paños fríos, barajar y dar de nuevo. Lavado de rostros para volver a ser aquel equipo de corazón sin igual que supo ilusionar al pueblo Decano.

Frente a sus televisores, en sus casas o en La Estación por barrio Norte, los hinchas mastican bronca por la ilusión que generó aquel arranque avasallador de Atlético y el dolor de este presente. Una derrota y un empate condicionan el devenir Decano. "Quedan tras finales", dijo Toledo tras el empate. Si Atlético no recupera la memoria, como dice otra célebre pieza arrabalesca, "ni el tiro del final te va a salir". Pero el Decano sabe de remontadas y todavía no está escrita la última palabra.

Todavía hay tiempo para que vuelve ese equipo guapo y desfachatado, irreverente, que deja todo en la cancha y no te regala nada. Que no pidió perdón ni permiso para llevarse puestos a sus rivales y encender la ilusión Decana. Usted sabé cómo hacerlo, Ricardo: que sea rock.