Top

“Jamás liviano”: así come El Gordo Tucumano

HISTORIAS DE ACÁ

No le vengan con semillas de chía, agua mineral, galletas de arroz sin sal, desayuno light, ensalada al mediodía o medallones de soja. Ni le mencionen la palabra stevia. Quién es el misterioso caballero que disfruta sin culpa y en exceso desde que se levanta hasta que se acuesta.

El Gordo Tucumano.




No le vengan con semillas de chía, agua mineral, galletas de arroz sin sal, desayuno light, ensalada al mediodía, merienda más light todavía si las hay ni medallones de soja para la noche. Ni se les ocurra mencionarle la palabra stevia o helados al agua. No.

Todavía es domingo en una casa con jardín de la avenida América y el capitán de este sueño con capa de mantel, con bandeja como escudo y con cuchillo tramontina como lanza es, damas y caballeros abonados a la francachela y al placer de comer sin culpa ni resoplido, El Gordo Tucumano.

Entrenado el estómago desde los tiempos de tercer tiempo en el Jockey, del scrum, del try, de la guinda como lo más cercano a la fruta, El Gordo Tucumano dejó las canchas, abandonó la H y al hambre lo sacia desde que se levanta hasta que se acuesta: “El día arranca a las 8. Hago las compras, preparo la picada, hago la mayonesa casera, sfijas caseras, paté de legumbres, salchicha casera, escabeches de poroto, todo acompañado por 1 kilo de pan por día”. 

Mientras saltan las chispas de la parrilla y se acaban los platitos de la entrada, El Gordo Tucumano se sincera y reconoce que es un hombre de rituales: “Tengo mis carpetas de Spotify para cocinar: la carpeta para hacer el fuego incluye reggae, rock nacional, Dread Mar I, tranqui. Se come con folklore: aquí son todos santiagueños y son de Los Carabajal. Cuti, Roberto, Peteco, todos suenan. A la tarde subo el volumen con la carpeta de Los Ángeles Azules que avisa que es la hora de los tragos. El novio de la mayor es brasileño y prepara caipirinhas”. 



La suegra del Gordo Tucumano es la encargada de llevar los postres y la bebida. Este domingo le ha dibujado una sonrisa de cachete a cachete cuando desenfundó el papel que protegía ese tesoro llamado tarta de coco con dulce de leche: “Estaba riquísima con el café. Hicieron juego con los panqueques con dulce de leche que había preparado yo”, se ríe El Gordo Tucumano que pega el primer resoplido de la nota y susurra qué hizo cuando la suegra se fue a dormir a la siesta: “En la esquina tengo una señora que vende tortillas a la parrilla rellenas con jamón y queso. Cuestan 150 mangos y son una bomba. También le metí”. 


Mientras se empieza a esconder el sol, El Gordo Tucumano recibe las primeras quejas de la jornada dominical porque se da otro gusto en vida: “A la tarde pongo rock de los 70 con los Tempations. Aquí me putean, pero decido yo. Y después, ya con con los fernets, suena el rock nacional hasta que llega la noche y mi mujer, que es vegana, pone Daniel Agostini. Los sábados le metemos hasta las 2 y los domingo hasta las 11 de la noche. Mañana hay que trabajar”.

La semana del Gordo Tucumano empieza el lunes a la mañana, como para muchos. Mientras esta noche se va a acostar después de un sánguche de suprema, y las últimas sfijas caseras de las 24 que preparó, ya piensa en el desayuno: “De lunes a viernes voy a una cafetería. Pero los sábados me doy con el gusto: los alfajores del Tucumán. Siempre le compro a mi amigo Nahun Melhem una caja por lo menos. Es amigo mío y muy buena gente: le compra todos los algodones de azúcar a un señor y le da a los chicos del barrio. El jueves 9 de julio estaba caliente porque había puesto una oferta: 30% de descuento si llevabas una alimento no perecedero, pero estaba cortado el acceso al Paseo Histórico y yo quería ir al frente de la Casa Histórica, y no me dejaban. Al final pasé y me llevé un par de cajas para toda la familia. Ahí se me ocurrió la foto”. 

 

Con la foto de perfil en Twitter bien lograda a través de un fotomontaje de Javier Milei en el cuerpo de Thor con una remera que aprieta y clama por el Libre Mercado acompañado de un póster oda a la milanga tucumana, El Gordo Tucumano planta bandera y sale al cruce de los defensores acérrimos de Capitán del Espacio, Jorgito, Havanna y toda la cofradía unitaria: “Lo sigo al Catador de Alfajores, pero me dice que no le da bola a los alfajores regionales. No sabe lo que se pierde: los alfajores tucumanos, los de Las Termas, los cordobeses, uno mejor que el otro. Pero el de acá es maravilloso. Estoy aprendiendo a hacerlos: la clave es la masa de alfajor artesanal con un pequeño toque de miel, se le pone bicarbonato de bromuro que le da el colorcito, dulce de leche repostero, y chocolate con leche. Ah, y ahora hay unos conitos con miel de caña que no son verdad. Ese es el permitido”, se vuelve a reír El Gordo Tucumano. 


Lo mismo le pasa al Gordo Tucumano cuando nuestros nobles vecinos de Salta o Santiago quieren venir a empaburarlo con el intento de debate de cuál empanada es la mejor: “Soy un gran defensor de la empanada tucumana: a los salteños les digo que es guiso con repulgue ni nada que tenga papa puede llamarse empanada. Y a los hermanos santiagueños eso que tiene 90% de cebolla y el resto de carne tampoco”. 

La pirámide básica alimenticia del Gordo Tucumano no puede dejar de lado el sánguche de milanesa, clásico de los clásicos si los hay, amplio en variedad, cargado en cada barrio tucumano, con nombres y sangucheros célebres en cada pasaje perdido de la ciudad, pero con una descarga que le recorre la espalda hasta la nuca, un shock de neón que le ilumina la mirada cuando mira el cartel: “Los Eléctricos, los únicos para mí. Con ají en vaina, papá”, remata El Gordo Tucumano quien le metió seis kilos en la cuarentena y va por más: “Hace 10 días que no me peso. Me parece que ya tengo un par de kilos más. La panza porronera de Imperial así lo indica. Todavía está dura de los tiempos que jugaba. Pero ahora no salgo ni a trotar. En todo este tiempo aprendí mucho y en un mes voy a abrir un local: voy a vender guiso de lentejas, guiso de mondongo, todo lo que no se consigue, todo lo que permita disfrutar de cocinar, comer y compartir, todo abundante, jamás liviano”.