Las esculturas del tucumano Gabriel Chaile deslumbran en Miami

Talento de exportación

Desde Miami, donde expuso sus obras en el marco de la semana de Art Basel, el artista que creció en Villa Muñecas brindó una entrevista donde habló de todo: su relación con Tucumán, con la cultura indígena del NOA y las esperanzas depositadas en el gobierno de Alberto Fernández.

Chaile junto a su obra. Foto de Muchnik.




En las playas de Miami, con un paisaje paradisiaco de fondo y en marco de la segunda edición del Faena Festival, el tucumano Gabriel Chaile continúa deslumbrando al mundo del arte con sus obras. En este caso, seis esculturas realizadas en estructuras de aluminio, adobe, ladrillos refractarios y bronce. Este megaevento artístico curado por Zoe Lukov y que tuvo al chef Francis Mallman como anfitrión en la cocina, convocó a grandes figuras del mundo del arte y de la política como el alcalde de Miami Beach Dan Gelber. En este contexto, lo entrevistó la periodista Hinde Pomeraniec para Infobae. No importa el lugar del mundo donde esté ni ante quien se exponga sus obras, Chaile no se olvida de sus orígenes y se define como ciudadano tucumano. 

- Ya estás acostumbrado a mostrar tu obra fuera de la Argentina, pero me gustaría saber qué significa eso para vos y si creés que significa algo importante para el arte argentino en general mostrarlo fuera del país.

-Pienso que es interesante los caminos que se van abriendo y los van abriendo generaciones de artistas. Siempre pienso en términos genealógicos la historia del arte contemporáneo, entonces una de las cosas que más me gusta ver es qué hizo la generación anterior a mí y cómo va abriendo camino, ¿no?, es como si tuviera un machete y va generando nuevos surcos, y entonces en ese sentido he mirado a un montón de artistas argentinos, primer de Tucumán, después de Buenos Aires y de todo el país y he mirado su recorrido. Su recorrido afuera y también esta cuestión de la excepción, como que cada tantos años hay un artista que de repente tiene una visibilidad internacional grande y eso está buenísimo que haya pasado pero de repente sería bueno que no fuera así. Argentina tiene un potencial tan grande pero de repente tiene unas políticas culturales que un poco no acompañan y entonces se nota siempre muy heroico el caso particular de un artista como en un momento fue Kuitca, después Macci, Erlich mismo, Adrián Villar Rojas y Adriana Minoliti. Es buenísimo que eso pase, ellos van marcando un camino y eso de alguna manera nosotros lo vamos mirando.

Foto: Santiago Orti. Barro Arte Contemporáneo.

-Mencionás una genealogía de artistas y por otra parte está también la genealogía de tu obra, que es arte contemporáneo basado en una larguísima tradición de artesanía en el continente.

-Cuando encuentro casi por casualidad mi acercamiento y mi familiaridad con las piezas arqueológicas del noroeste argentino, de donde yo vengo, realmente siento esto que digo, una familiaridad muy grande y me vuelvo a conectar con relatos sobre mi abuela, que era una artesana indígena, a quien yo no conocí. Eso, mezclado con toda la información académica de la formación grecorromana, da como resultado esto.

-¿Te genera alguna contradicción exponer en un lugar como Miami o como Art Basel una obra como la tuya, de larguísima tradición artesanal latinoamericana? ¿Hay un choque ahí?

-En realidad, no, porque entiendo que soy un ciudadano tucumano con un montón de información que tiene que ver con la vida rural de Tucumán pero yo nací en Capital y al mismo tiempo vivo en el capitalismo y enamorado de Adidas (se señala entre risas la remera que lleva puesta). Entonces, esa combinación extraña entre el relato, la tradición, el vivir en la periferia de San Miguel de Tucumán que es capital pero es medio campo, o lo era, hace este cruce, ¿no? Entonces, no me genera contradicciones.

-¿Sos un artista argentino, tucumano, latinoamericano? ¿Qué es lo que sentís?

-Ay, yo siempre me confundo con eso. Hace un rato me decían: ¿de dónde sos? De Tucumán, decía yo. Me gusta decir tucumano, sí; no sé por qué, pero me siento argentino, obviamente. Lo de latinoamericano nunca lo pensé así.

-¿Los extranjeros te preguntan por cuestiones históricas cuando ven tu obra?

-Sí. Y me preguntan por ejemplo si soy peruano, por el peso de la imagen y entonces yo les cuento sobre las culturas a las que hago referencia en mi obra, que son culturas chiquitas que existieron y que aún hay muchas comunidades que son parte de esas culturas indígenas del noroeste argentino.

Foto: Santiago Orti. Barro Arte Contemporáneo.

-Recién hablabas de la falta de políticas culturales sostenidas, de la patriada que significa cada vez que un artista se abre camino. ¿Tenés expectativas puestas en el tiempo político que se abre ahora, en unos días?

-Claro, sí, sí. Escucharlo a Alberto hablar sobre un plan federal de Cultura y además su vínculo con el hippismo y con un montón de otras cosas que exceden al peronismo -al que yo también adhiero- y con la música, además, me parece un aire fresco, nuevo y estoy completamente ahí. Quiero estar ahí. (sonríe)

-¿Y cuando hablás de la tradición, en qué tradición te gustaría que te insertaran?

-A mí me gusta mucho... el otro día hablaba con un amigo y le decía que hay algo que los artistas dejan suspendido, proyectos suspendidos. Me gusta pensar mi obra en relación con el horno de Grippo (N. de la R. Chaile habla de Víctor Grippo, quien en 1972 participó en Buenos Aires en la muestra “Arte e Ideología, CAYC” al aire libre, en la plaza Roberto Arlt, donde presentó la obra Construcción de un horno popular para hacer pan). Pienso que queda un potencial ahí y también pienso mucho en Quinquela, porque cuando llegué a la Boca me sentí muy cercano al barrio y me enteré de toda la obra política de Quinquela, el hospital, la escuela.

-La política te resulta algo importante no sólo en términos de lo que pueda pasar con las obras sino con el arte mismo. ¿Creés en la función social del arte, entonces?

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