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"El que dio la vuelta en Chaco": la historia secreta tras la foto del ascenso de San Martín

ANIVERSARIO

Hace 32 años, el Santo consiguió su primer ascenso a la máxima categoría. La revista El Gráfico logra captar el instante más feliz de la historia: Chabay llora, Boada lo contiene, Monteros y Moreno los abrazan.




El fotógrafo de la revista El Gráfico capta un momento preciso, su cámara dispara y logra inmortalizar ese instante, ese punto exacto, único e irrepetible en las coordenadas del espacio el tiempo. Esa foto, que luego se revelará junto muchas otras de esa misma jornada, será una de las pocas elegidas por el editor de fotografía para ilustrar la cobertura que la revista hizo en Resistencia sobre la Final del Dodecagonal de la segunda edición del Nacional B.  

Es 31 de julio del 88, es domingo, y acaba de suceder un hecho sin precedentes, y que jamás volverá a repetirse: un equipo logró ascender a Primera División del fútbol argentino, sin participar de la temporada de la B Nacional. Sucede que AFA había dispuesto que los equipos ascendidos desde la tercer (Torneo del Interior o B Metropolitana), se sumara al Reducido por el segundo ascenso. 

Así el Santo que ya había logrado el objetivo de alcanzar a Atlético, pudo jugar el minicertamen donde debió afrontar cuatro fases, definiendo de visitante y con desventaja deportiva. Sin embargo, contra todos los pronósticos, basándose en fútbol exquisito, el Santo barrió a todos y consiguió el ascenso, logrando 6 triunfos y 2 empates en sus 8 presentaciones.
Justamente, acababa de culminar el último partido cuándo la cámara captó esa imagen que se plasmó en la revista, que unos 13 o 14 años después se posaría antes mis ojos adolescentes tras revolver la librería Los Primos. 

La foto de la que hablo muestra a dos hombres ataviados con sacos azules, y dos jugadores vestidos de rojo y blanco. Los trajeados se abrazan entre sí en el medio, los futbolistas los abrazan desde los costados. 


De los trajeados, uno es nada menos que Nelson Pedro Chabay, director técnico de aquel equipazo. Uruguayo con mucha trayectoria en el fútbol argentino. Identificado, principalmente, con Huracán y Racing, había llegado a dirigir en Tucumán en 1984, logrando encaminar a un muy buen plantel, pero sin terminar de redondear su ciclo porque se fue antes de lo esperado.
Esa buena sensación que dejó su primer paso por Ciudadela, fue la que lo trajo de vuelta en el 87, donde arrancó un ciclo tremendo, barriendo en la Liga Tucumana, goleando a todos los rivales de Torneo del Interior (antecedente del Federal A) y sorprendiendo en el Reducido del Nacional B. 

En la foto, El Buche levanta los brazos, está emocionado: sabe que acaba de hacer historia en San Martín y en el ascenso. Él todavía no lo sabe, pero ese triunfo le abrirá la puerta del fútbol grande: primero dirigirá al mismo San Martín que seguirá jugando con la misma desfachatez en Primera, logrando vencer a varios grandes, incluso golear a Boca en la Bombonera.
Más adelante, Nelson Pedro dirigirá dos años enteros a Racing, también lo hará en Huracán, y volverá a Ciudadela para encaminar haciendo el segundo ascenso a San Martín, en el año 92. Esa vez, sin el brillo del 88, pero con el orden y el carácter que el uruguayo solía imprimirles a sus equipos. 

En el 95, sería verdugo del Santo dirigiendo a Colón, logrando que los Sabaleros llegaran a Primera tras varias frustraciones acumuladas. Así que ahí también dejó su legado.

El 2 de noviembre del 2018, cuando San Martín cumplía 109 años, Chabay dejó este mundo, tal vez para irse a ese cielo al que le levanta los brazos en la foto, a ese mismo cielo al que dos veces hizo tocar a San Martín. Chabay llegó a cumplir 78 años, pero su destino no es otro que la vida, porque su nombre ya está escrito en la historia de un club que la que supo engrandecer. La imagen que lo muestra feliz una tarde de invierno en Chaco es la que hoy vive en el corazón del Pueblo Ciruja.

A Chabay lo abraza otro hombre de saco azul. Menos reconocido tal vez, pero no menos importante: Martín Boada, el médico del club. El doctor, estuvo varios años trabajando en San Martín, el club de sus amores, y esa vez fue uno de los protagonistas no conocidos de esa historia, pero protagonista igual. 

En el año 2014, el doctor falleció, dejando como legado, entre muchas otras cosas, en sus hijos el amor por San Martín. Pablo Boada es uno de ellos, que vive en Barcelona desde hace más de 10 años y desde allá extraña la Ciudadela donde se crió mientras su padre, maletín en mano, asistía a los jugadores del plantel.

Ya desde Barcelona, Pablo fundó Cirujas en España, la primera comunidad internacional de hinchas de San Martín. Espacio que comparte con José Campos y Fabián López, hijos de quienes, unos minutos antes de la foto de El Gráfico, habían tirado una pared preciosa que culminaría en el segundo gol del Santo en Chaco: El Monito y El Eterno. 

En la foto, dos jugadores se abrazan a Chabay y Boada. Uno de ellos es Luis Moreno, que por entonces estaba dando sus primeros pasos como profesional. Todavía no se había ganado el lugar de mariscal que iba tener, por ejemplo, en el siguiente ascenso, el del 92. Pocho, como lo llamaba cariñosamente la hinchada, oriundo de Las Talitas, fue ganándose el puesto de a poco: en Chaco le tocó banquear porque Pichón Juárez y el Gaucho Villafañe conformaban una dupla sin fisuras.

Moreno siguió en el club hasta el 93 cuando reforzó a Banfield. Más adelante volvería y jugaría unos años más. Lamentablemente, Pocho tuvo un accidente de tránsito fatal. En Ciudadela, su imagen todavía inspira el respeto que trasmitía de adentro hacia afuera, y de afuera hacia adentro. 

Del lado izquierdo de la imagen, aparece Pedro Arturo Monteros, volante central de buen pie y mucho temperamento. Surgido en Atlético Concepción, con presencia en las selecciones nacionales juveniles, Monteros llegó a San Martín en el 85, cuando ocupó el centro de una pródiga mitad de cancha que también integraban el Capo Noriega y Roque Martínez. 

En el partido con Chaco, Monteros estuvo en el banco porque recién se estaba recuperando de una grave lesión: “Yo había vuelto a jugar después de estar un año y medio parado, porque me había quebrado tibia y peroné. Volvía en la final del Torneo del Interior contra Güemes”, relata Pedro Arturo.

“Cuando miro esa foto me emociono mucho. Lamentablemente los otros ya no están. Son amigos que uno extraña. El doctor era un amigo, uno más del grupo. De Chabay tengo los mejores recuerdos: un gran técnico. Y Luisito, un excelente persona y jugador. Ese año estaba dando sus primeros pasos, era de los más chicos de ese plantel. Después se ganó un puesto. Esa foto resume todo, eramos eso, un grupo unido tanto jugadores, técnicos, médicos, todos juntos, siempre. El fútbol me dio muchos amigos. Cada tanto reviso viejas fotos y me emocionó. En las fotos uno encuentra esos momentos tan lindos que pudo vivir con gente ya no está, con gente uno quiso y quiere mucho”, concluyó Monteros a 32 de la hazaña de Chaco.