La palabra de una sexóloga: “Tucumán es un hervidero del sistema patriarcal”

Escándalo nacional

La presidenta de la Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual, Amelia del Sueldo Padilla, se refirió a la denuncia por violación que radicó la sobrina de José Alperovich en la Justicia y cuestionó duramente la forma en que la sociedad juzga a la presunta víctima de abuso sexual.




“¿Me vas a decir que una chica de 29 años se va a dejar violar?”; “Si tu jefe abusa de vos, ¿para qué volvés a trabajar al día siguiente?; “Es una chica sin necesidades económicas, ¿por qué se somete a esa situación durante dos años?”; “Es un chantaje; una extorsión”; “Ahora que Alperovich perdió las elecciones, le cambió la situación, tiene menos poder y la mina quiere plata”.

Un relevamiento rápido y asistemático de comentarios en reuniones familiares y de amigos, en salas de espera, mesas de bares, espacios de trabajo, gimnasios y colectivos de Tucumán dan cuenta cómo, tras la denuncia por violación contra José Alperovich que radicó su sobrina en los tribunales locales y de la Ciudad de Buenos Aires, el foco de atención se volvió hacia la presunta víctima de un delito que en su pena máxima contempla hasta 15 años de prisión.  

A los comentarios oídos al pasar también hay que sumar las fake news que comenzaron a rodar casi en simultáneo con la difusión de la noticia, los juicios demoledores en las redes sociales, las fotos y los audios viralizados a través de WhatsApp con los cuales se intenta dilucidar no sólo ‘las verdaderas intenciones’ de la denunciante sino también cómo es físicamente, cómo viste, cuál es su rutina, quiénes fueron sus parejas, entre otros detalles, de manera que cada quien pueda armar sus propias conjeturas. Son todas formas veladas –y no tanto- de justificar un presunto abuso sexual: “Si tiene ese cuerpo, ¿a quién no le gustaría?”; “¡Ah! la sobrina es una bomba, bien José ¿eh?”; “si anda con varios tipos, entonces que se la banque”; “si se junta con esa clase de gente, bueno, ahí tenés las consecuencias”.

“Cuando la mujer logra poner en palabras el abuso que sufrió es importante que tengamos en claro que es algo que sucedió en su cuerpo. No ocurrió en el cuerpo de la hermana, ni de la amiga, ni de la persona que la juzga en las redes sociales. Ocurrió en su cuerpo. Nadie puede saber lo que sufre una víctima de violencia hasta que lo vive en carne propia”. Así, de manera tajante, responde la médica sexóloga Amelia del Sueldo Padilla al ser consultada sobre las repercusiones que tuvo la denuncia y la carta que se dio a conocer a través de los medios con los detalles del caso que provocó un terremoto político en Argentina en pleno auge del feminismo.

“Lo que más cuesta a una persona víctima de un abuso es poner en palabras aquello que le sucedió. Son situaciones que llevan mucho tiempo elaborar. Por eso cuesta entender que la sociedad no se solidarice con esa mujer que se decidió a hablar. No vamos a entrar en el tema de si es culpable o no, porque esto es algo que le compete a la Justicia. Pero lo que sí tiene que ver con nosotras es la empatía hacia esa otra mujer que relata que sufrió violencia en su propio cuerpo”, completó la presidenta de la Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual (AASES) en relación a los comentarios que apuntan contra la denunciante y que omiten los tormentos que la joven alega haber vivido entre 2017 y 2019, cuando se desempeñaba como asistente personal del senador. 

“Tomemos, por ejemplo, el tema de la edad: ¿cuándo se es lo suficientemente mayor como para evitar una situación abusiva?", cuestionó la especialista tomando uno de los argumentos esgrimidos por los detractores de la denunciante. "Por otro lado, las fotos de una mujer en bikini que atribuyen a la denunciante y que circulan en las redes y en los teléfonos, no hacen más revictimizar a la víctima, su vida de repente es escudriñada a raíz de la denuncia”, puntualizó en relación a las imágenes que circularon y que, en realidad, corresponden a la entrenadora de fitness americano Amanda Elise Lee

“Todo lo que vimos son formas del ‘algo habrá hecho’. ¿Acaso es distinto una chica que usa bikini o short de otra que usa un hábito? ¿Se justifica una violación según la ropa que vista?”, preguntó del Sueldo Padilla y apuntó que “sorprende ver a mucha gente instruida que no puede entender el tiempo que lleva elaborar estos procesos y poder sacarlos a la luz, por el contrario, siguen preguntando una y otra vez cómo es que la víctima no se puede defender de ninguna manera y ponen el foco sobre ella”.

Al respecto, la sexóloga explicó que las víctimas de violencia “entran en un espiral de donde no pueden salir, buscan ayuda de manera desesperada y muchas veces no la encuentran; pasa incluso en parejas consolidadas y de formas socialmente aceptadas”. 

Sobre las causas de estas problemáticas, señaló que “muchas veces esto pasa por construcciones que se imponen a las mujeres desde niñas, sin distinción de condición social ni económica: las nenas siempre tienen que estar dispuestas, sonriendo, cuidando a otro, calladita. No hay que pelear ni tirarse al piso. Está mal visto defender lo tuyo con uñas y dientes, lo esperable es que te brindes a otro. Incluso los juegos que nos dan de pequeñas nos ponen en un lugar de quietud: ‘no te muevas que va a llorar el bebé’. Son todos condicionantes que van preparando el camino. Una mujer víctima de violencia se tiene que sacar toda esa estructura de encima para un día poder gritar: ¡no me toques!”.

Puertas adentro

En el caso de la denuncia que sacudió a la opinión pública, del Sueldo Padilla amplió que se suma también otro factor: la jerarquía de la denunciante respecto al denunciado

“Es un elemento para nada menor. Se trata de un jefe y, al mismo tiempo, de un tío que tampoco es cualquier tío. Es un hombre que lleva muchos años en la política y que detenta poder. Habría que  ver hasta qué punto no juega aquí el ‘fenómeno del hechizo’, en donde en torno a una determinada persona se van tejiendo redes de las cuales es muy difícil salir. La proximidad de lo familiar tiene un gran peso y, si a esto se suma la jeraquía como jefe, está todo está muy mezclado y es muy difícil que una mujer pueda sustraerse en este contexto de una situación de violencia”.

En este punto, resuena un pasaje de la carta que fue difundida por la presunta víctima en los medios de comunicación hace apenas poco más de una semana: “Durante un año y medio sufrí violaciones a mi integridad física y sexual. El avasallamiento fue demoledor. Tanto que ni siquiera pude ponerlo en palabras. Él oscilaba libre y cómodamente en los tres escenarios ante los que me posicionaba: el familiar, el laboral y el del horror de la intimidad que me forzaba a vivir con él”.

“Por todo esto digo que es fácil hablar cuando no es tu cuerpo el que está de por medio. Es fácil hablar de otro. Seguramente muchos de los que cuestionan a esta joven habrán tenido alguna vez una relación que no han podido dejar bajo el pretexto de que ‘son más los momentos buenos, que los malos’”, ejemplificó la experta, quien insistió en que el vínculo agrava aún más las cosas al momento de pedir auxilio y obtener respuestas favorables.

“Al momento de la denuncia, se produce un cisma familiar. Están quienes niegan la situación, quienes se ponen en contra de la víctima y quienes la apoyan. Pero nada vuelve a ser igual porque no se puede estar con uno y con otro: en determinado momento se piden definiciones. Y esto es tan fuerte que, por lo general, no se le cree a quien relata el abuso. Es tan fuerte lo que sucede que por lo general optan por no creer el relato, más aún en el caso de los niños. Siempre pesa más la cuestión familiar. Esto es muy grave, porque no hay posibilidad de cura”.
  
NO es NO

A la luz de los acontecimientos y del avance del movimiento feminista en favor de los derechos de las mujeres, Del Sueldo Padilla hizo hincapié en que los hombres asuman su responsabilidad para desarrollar vínculos sanos. “Los hombres no pueden exigirnos que seamos las mujeres quienes tengamos que enseñarles que NO es No. Hay mujeres que son violadas por sus novios, por sus parejas, por sus maridos. Es un trabajo arduo que tenemos quienes trabajamos con perspectiva de género: que cada uno se haga cargo de sus violencias”, expuso la médica, quien se desempeña desde hace más de 30 años en el sector público de la Provincia en temas de salud y educación sexual.  

“Hubiera sido muy positivo que a las mujeres nos hubieran enseñado a dar alaridos cuando nos pongan un dedo encima. Pero nos dijeron que cuanto más calladitas nos quedemos, mejor la vamos a pasar. A los hombres, en cambio, les enseñan a ser intrépidos, que se muevan rápido y, cuando no lo hacen, les dicen que son ‘unas mujercitas’. Con esto quiero decir que no podemos tirar siglos a la basura, no podemos desconocer todo esto, las mujeres de hoy en día tenemos un cerebro que se fue constituyendo por miles de años en base a estos patrones de conducta”.

En relación a los comportamientos socialmente esperables por parte de una mujer, del Sueldo Padilla advirtió que hay una mayoría que condena la lucha del feminismo y sus modos. “Es inadmisible que las mujeres sigamos reproduciendo discursos atentatorios contra nosotras mismas. Tras las marchas se escuchan reclamos por las paredes que se ensucian pero nada se dice de la violencia que está matando a cientos de mujeres en todo el país. ¿Hasta cuándo vamos a tolerar lo que sucede? ¿Cuándo la sociedad se volvió tan moralista que no tolera el torso de una mujer desnudo? ¿Por qué sigue siendo más importante que una mujer exhiba sus pechos antes de que la empalen?”.  

"La denunciante tiene que ser sostenida por el colectivo de mujeres. El mundo de la política está mudo y, como sabemos, el silencio es toda una respuesta. En este caso, mucho más contundente que cualquier otra cosa que se diga".  

Hervidero patriarcal

Consultada sobre si le sorprendió que un caso con tamaña resonancia tengo su epicentro en Tucumán, del Sueldo Padilla responde con convicción que “todo lo que ocurre es producto de lo mismo: tiene que ver con el sistema patriarcal, no tiene que ver con otra cosa y, en este sentido, Tucumán es un hervidero del patriarcado”.  

“Vivimos en una provincia densamente poblada, en donde el modelo son los machos que se imponen por la fuerza”, interpreta y agrega que “esto no nos hace bien ni a las mujeres ni a los varones, pero ellos tienen ventajas respecto a nosotras: mientras los hombres tienen vedados los sentimientos, llorar o mostrar debilidad a nosotras este sistema patriarcal directamente nos mata”. 

Y amplió que, en este contexto, lo que vemos “es la dominación del cuerpo de la mujer por parte del hombre; la mujer no puede expresar su deseo porque no es tenido en cuenta. Estamos hablando de los numerosos casos de violencia que existen, de los que se denuncian y de los que no, que superan con creces a los primeros. A veces en los mismos lugares donde se deberían tomar las denuncias desalientan a las mujeres a hacerlas", reveló tomando como referencia la situación de las mujeres que llegan hasta los hospitales públicos de la Provincia en busca de consejerías.  

"Mientras todo esto ocurre, en Tucumán la Legislatura nos sigue negando la adhesión a la Ley Micaela para la capacitación de los agentes del Estado en cuestiones de género, a la ley que ordena la creación del Programa de Salud Sexual y Reproductiva y a la ley de Educación Sexual Integral (ESI) para brindar herramientas a los estudiantes de las escuelas y colegios. Esto nos demuestra que Tucumán es un estado provincial que no adhiere a las leyes nacionales, sin embargo, aunque no les guste a muchos de nuestros representantes, estamos dentro de un país con un sistema federal”.

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