Hugo Asch en latucumana: "El oficialismo tiene el boleto recontra picado"
El analista político criticó la estrategia del Gobierno detrás de los anuncios de Malvinas y analizó la inédita crisis de identidad que atraviesa el peronismo y el kirchnerismo. Advirtió sobre la impaciencia del círculo rojo con el presidente Javier Milei, la feroz interna con Axel Kicillof y los movimientos de Cristina Fernández de Kirchner para sellar una alianza de supervivencia con el establishment económico.
Hugo Asch habló con Ana Pedraza y Gabriel Sanzano en La Tucumana de Mañana, el programa matutino de FM latucumana 95.9, en una jornada marcada por la expectativa de una inminente cadena nacional sobre las islas Malvinas. Lejos de mostrarse optimista, el periodista fue sumamente escéptico frente a los anuncios oficiales y los catalogó como una maniobra distractiva: "No espero absolutamente nada de la cadena nacional; es estrategia de Milei. Necesita protagonismo porque fueron graves sus vacaciones y está echando mano a lo que puede". En sintonía con esto, el escritor desestimó cualquier giro favorable por parte de los Estados Unidos, señalando que la mención de Donald Trump fue simplemente al pasar para presionar presupuestariamente a Gran Bretaña. "Lo que vale Malvinas lo va a aprovechar la compañía Sea Lion, que es británica e israelí, que va a sacar el petróleo que todos sabíamos que había en la zona y por eso era tan importante, además de lo geopolítico", puntualizó. Recordando el antecedente de Leopoldo Galtieri, quien creyó erróneamente en el apoyo norteamericano durante la guerra, Asch fue tajante al sentenciar que "las posibilidades de que la Argentina obtenga algo sobre Malvinas estando Milei de presidente son absolutamente nulas".
Para el analista, el foco sobre Malvinas funciona como un anzuelo político para evitar la discusión pública sobre un escenario social y económico que se desmorona día a día. "Yo no quisiera comerme este amague de Milei que busca crear expectativas para que la gente no comente el desastre que son 'los 18 meses más extraordinarios de la historia de la humanidad' que prometió Caputo hace solo dos, y la situación es cada vez peor, con un PAMI casi paralizado, con problemas económicos imposibles de resolver para la gran mayoría y un país armado para la gente del 10% que se dedica a lo que es rentable en la Argentina, como el enclave de energía, campo, finanzas o la industria del conocimiento", describió crudamente, oponiendo esos escasos 250 mil puestos de trabajo dinámicos contra una masa de 8 millones de argentinos sumidos en una crisis total. Bajo este diagnóstico, calificó de "un cuento o un chiste de mal gusto" la posibilidad de una negociación soberana exitosa conducida por el actual mandatario.
La descomposición del escenario nacional también salpica a la oposición tradicional, que según el periodista enfrenta un panorama de fragmentación interna sumamente preocupante. "Yo realmente tenía ganas de hablar sobre el peronismo y el kirchnerismo, que están en una situación de crisis absolutamente inédita; yo no recuerdo algo tan grave, no lo recuerdo", confesó Asch, señalando como síntoma inequívoco el reciente acto partidario donde la agrupación La Cámpora, liderada por Máximo Kirchner, cantó abiertamente en contra de Axel Kicillof a pesar del respaldo de éste a Cristina Kirchner. Esta pelea, que el analista desmarcó del mero "vedetismo de egos", tuvo su correlato institucional con la llamativa votación unánime del pliego del juez Yadarola en el Senado, un magistrado largamente cuestionado por el kirchnerismo debido a su implicancia en el viaje a Lago Escondido. Para Asch, esta contradicción demuestra un cambio de paradigma en la cúpula partidaria: "Yo creo que el peronismo kirchnerista finalmente entendió que la pelea está perdida y lo que busca Cristina es una alianza con la burguesía nacional y el círculo rojo, algo parecido a lo que hizo Lula en Brasil". Esta táctica, que busca la preservación jurídica y política, explica el corrimiento de Kicillof del centro de la escena y la furia de sectores kirchneristas contra periodistas afines que criticaron el acuerdo judicial.
En su análisis de la versatilidad del principal movimiento opositor del país, Asch rescató una de las máximas del movimiento para explicar la mutación en curso: "El peronismo nunca fue ni Evo Morales ni Chávez, que sí nacionalizaron empresas y sí eran de izquierda de verdad. El peronismo no es de izquierda, el peronismo es justicia social, a veces es la comunidad organizada cuando es conservadora, y a veces es combatiendo al capital. Esa es la virtud del peronismo, que lo hace líquido: adquiere la forma de su continente y puede ser de derecha o de izquierda, puede ser Menem o Kirchner y seguir siendo peronismo". De este modo, justificó la búsqueda de acuerdos de Cristina Kirchner con jueces y empresarios para blindar su situación ante la persecución judicial, admitiendo que el peronismo asume hoy una posición pragmática y replegada frente al poder real.
No obstante, Asch remarcó que esta debilidad opositora coincide con un desgaste terminal en el Ejecutivo que acorta notablemente los márgenes del presidente. "Yo creo que el oficialismo está con el boleto recontra picado; están buscando candidatos para pelear contra la candidatura de la reelección de Milei. Nadie quiere la reelección de Milei porque no es confiable", disparó con firmeza. El analista reveló que el establishment económico ya no ve al presidente como una opción viable a largo plazo y que figuras de la talla del empresario de medios Daniel Hadad o el banquero Jorge Brito concitan hoy más atención y poder de convocatoria en el círculo rojo que la propia Casa Rosada. Al mismo tiempo, describió la tensión interna en La Libertad Avanza, donde Patricia Bullrich espera la caída del presidente para forzar una interna y la vicepresidenta Victoria Villarruel asoma como una competidora capaz de arrebatarle votos decisivos al mandatario. Ante esta parálisis oficial, el periodista concluyó que el peronismo y el establishment ya comienzan a barajar alternativas de coalición amplias que tranquilicen a los mercados con figuras más tradicionales y previsibles, como el gobernador santiagueño Gerardo Zamora en sociedad con Miguel Ángel Pichetto, buscando asegurar la matriz económica pero con un dirigente "que parezca un ser humano normal" al frente del país.






