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¿Alguien quiere pensar en los Papá Noel de Tucumán?

¿JO JO JO?

Con trajes rojos abultados, gruesos, gorra de tela y corderito, estos héroes urbanos que tienen su origen en una famosa gaseosa norteamericana le hacen frente al calor tucumano para complacer a chicos y grandes en la previa de Nochebuena y Navidad.

Papá Noel estaciona su carruaje frente a Casa de Gobierno y se prepara para repartir regalos.





Si esta semana en Tucumán, la anteúltima del año, la de arbolitos iluminados a cada cuadra, en balcones o donde sea que quede espacio para un árbol de los de verdad -y que cada vez escasean más-, la temperatura no superó los 40 °C, pega en el palo. En vísperas de Nochebuena, con multitudes en las calles comprando hasta el último minuto ese encargo del papá, de la mamá, de los tíos, la esposa, el niño y la niña, y hasta de su abuelita; hay quienes caminan a contramano o se detienen a ver pasar columnas tras columnas de gente con bolsas atadas a sus manos. Pasan desapercibidos, son casi imperceptibles porque forman parte del ornamento de ocasión. Vienen gordos, altos, bajos y flacos; de todos tipos. Ellos son los Papá Noel tucumanos, héroes provinciales de la Navidad, mártires del verano y de la calor más cruenta e inclusiva, también conocidos por otros nombres -menos usados- que suelen ser pronunciados por locutores en español latino neutro: Santa Claus, San Nicolás y Viejito Pascuero (éste último proviene detrás de la cordillera).

Y pese al infierno que se torna la provincia en esta época, donde hasta ponerse a la sombra es un castigo, con asfalto que se levanta por la temperatura y huevos que sin certezas ni tampoco dudas podrían freírse sobre él, los descendientes criollos de San Nicolás resisten estoicos la parada, pese a tener una parrillada al interior de sus ropajes o la mejor metáfora posible para describir su acto de arrojo y valentía.

Ayer lunes, los Santa trabajaron a destajo llevando la ilusión navideña por las calles de los barrios del interior. Uno se paseó en la caja de una camioneta por las calles de Villa Quinteros, otro hizo lo propio en Bella Vista y un último -al menos de los que tenemos registro- caminó las calles de Banda del Río Salí cual estrella de televisión a la que piden fotos.



Hasta el Pulga Rodríguez se sometió al designio norteamericano y se calzó el traje que lleva los colores del archirival del club de sus amores para tirar magia en la cancha y patear penales bajo el inclemente sol de su Simoca natal.



En estas circunstancias, ¿a quién en su sano juicio se le podría ocurrir que el verdadero Santa Claus sería incapaz de modificar su uniforme según la locación? ¿Por qué los Papá Noel tucumanos no pueden usar short y remera en lugar de los trajes largos, cerrados, hechos de tela raso o tafeta, de esos que rondan entre $700 y $1500 en Mercado Libre o tiendas de disfraces? ¿Hay acaso algo que se los impida, una patronal o sucursal del Polo Norte en Tucumán donde inspectores controlen el correcto uso del uniforme? Si así fuera, entonces a los Papá Noel tucumanos les hace falta un gremio que luche por sus derechos a partir del 2020.

La imagen que todos conocemos de Papá Noel en la actualidad es una adaptación realizada por la compañía Coca-Cola en 1931, a imagen y semejanza de las ilustraciones del libro The Life and Adventures of Santa Claus de L. Frank Baum, publicado en 1902, que al mismo tiempo se basa en la figura del obispo cristiano San Nicolás. Así como la popular gaseosa es difícil de dejar, también lo es el diseño impuesto hace más de ocho décadas.



Un párrafo aparte se merecen las comidas típicas de estas fiestas. ¿Maní con chocolate? ¿Turrón de maní? ¿Budín? Comidas de invierno que sólo volvemos a consumir para estas fechas. ¿Y por qué el nombre del praliné cambia a garrapiñada en la previa del cumpleaños del Niño Jesús? A la Navidad tucumana le hacen falta ajustes.

En las pocas horas que nos separan de Nochebuena, con un termómetro que roza 40 °C, si ven a uno de estos héroes urbanos a pleno sol intentando sacarle una sonrisa a un changuito o a una chinita, acérquenle un poco de agua fresca o una achilata. Por favor, ¿alguien quiere pensar en los Papá Noel de Tucumán?