"¿Dónde está?": es urgente, la pregunta que ahora se hace todo San Martín de Tucumán
Hay técnicos que, al llegar a San Martín de Tucumán, recién se dan cuenta de lo que significa estar del otro lado. Ya no son el DT visitante: ahora visten los colores rojo y blanco. Y no se trata solamente de un club grande, sino de una institución atravesada por la historia, por una herida que todavía no termina de sanar. En Ciudadela se vive y se respira por el Ascenso. |
Yllana define su futuro el domingo contra Quilmes.
Hay técnicos que, al llegar a San Martín de Tucumán, recién se dan cuenta de lo que significa estar del otro lado. Ya no son el DT visitante: ahora visten los colores rojo y blanco. Y no se trata solamente de un club grande, sino de una institución atravesada por la historia, por una herida que todavía no termina de sanar. En Ciudadela se vive y se respira por el Ascenso.
Ahí aparece el “Pulpo” de Chubut, Andrés Yllana, quien hoy se encuentra en el ojo del huracán, categoría 3 en la escala Saffir-Simpson, con ráfagas cercanas a los 200 km/h. Está en un lugar incómodo, donde el hincha no logra entender sus tácticas ni sus decisiones. Se discute cada planteo, cada lectura de partido, cada cambio, muchas veces tardío.
Más allá de los puntos y de la ubicación del Santo en la tabla, el verdadero problema es otro: el equipo todavía no emociona, no entusiasma, no transmite. Y si bien el ciruja intenta acompañar siempre, las pilas empiezan a agotarse.
¿Es especial La Ciudadela? Sí. Y la tarde negra que se vivió en Libertad ante Midland, no se perdona , no se entiende. Se demostró un San Martín: irreconocible, desordenado, descolocado y desmotivado.
Nadie puede discutirle a Yllana el conocimiento que tiene del ascenso y de la Primera Nacional. Ahí está el antecedente de Aldosivi y aquella final tan dolorosa para el pueblo santo. Pero entonces surge la pregunta inevitable: ¿qué está pasando ahora?
Porque el apasionado rojiblanco no solo busca un resultado. Busca actitud. Quiere hambre de gloria. Quiere ver jugadores que transpiren la camiseta y entiendan lo que significa vestir el rojo y blanco.
Y ahí aparecen las dudas…
San Martín tiene buenos jugadores, futbolistas de jerarquía y un plantel con herramientas para pelear el ascenso. Pero el funcionamiento aparece apenas por momentos. Hay partidos donde parece despertar y otros donde se apaga demasiado rápido. Y más que bronca, genera desconfianza.
Tucumán siempre se caracterizó por ser una provincia “picante”, y en el fútbol eso se potencia todavía más. La crítica pesa muchísimo y el elogio dura apenas un día. ¿Paciencia? Prácticamente no existe.
La herencia también pesa. Yllana llegó con una mochila enorme desde el primer día: convivir con el recuerdo reciente, con la frustración acumulada y con la obligación permanente de devolver a San Martín a Primera.
Con su personalidad fuerte, responde, declara y se enoja. Pero todavía le falta conectar con el hincha. Muchas veces da la sensación de que observa un partido distinto al que ven los fanáticos del Santo. Y mientras él analiza explicaciones tácticas, desde la tribuna se preguntan: “¿Qué partido vio?”.
No existen fórmulas mágicas ni recetas magistrales. Pero Yllana tiene la responsabilidad de encontrarle el rumbo a este equipo. Necesita construir una identidad clara, un equipo sólido, competitivo y que represente a la mitad más uno de Tucumán. Si logra eso, gran parte de quienes hoy desconfían que no lo apoyan, volverán a acompañar.
El tiempo, sin embargo, juega en contra. Tras catorce fechas, el Santo aparece séptimo, alejándose de la pelea grande por el reducido. Está a seis puntos de Atlanta, que hoy comparte la cima con Gimnasia de Jujuy, aunque también mira de reojo la parte baja: apenas seis unidades lo separan del descenso, donde aparecen Atlético Güemes y Almagro.
En Ciudadela un día no dura veinticuatro horas: dura mucho menos. Se exigen respuestas inmediatas y el campeonato ya empieza a entrar en una etapa decisiva. Es hora de despertarse.
Las señales tienen que aparecer urgente. Con un Arzobispo tirando agua bendita, sahumando el estadio o buscando el linaje de la “Negra” Inés —la primera mujer condenada por hechicería en Tucumán y quemada en la hoguera allá por 1700—, el pueblo ciruja hará lo que sea necesario para cambiar su suerte.
Para la gran mayoría, Yllana parece tener un ciclo cumplido. Para unos pocos, todavía hay tiempo y creen que es preferible tropezar ahora y no en la recta final de este largo campeonato.
A Yllana le queda tiempo, pero muy poco para ajustar lo que haya que ajustar. El torneo es largo, pero en Tucumán rápidamente se consumen los créditos. Mucho más cuando un equipo no transmite. Pero el hincha puede tolerar una, dos, tres, cuatro derrotas, puede entender malos partidos, pero nunca jamás perdonará la falta de actitud, identidad y rebeldía. Se pierde dejando todo en la cancha. Eso es perder para el sanmartiniano.
Hoy Yllana, más allá de la obligación de los resultados, tiene un desafío más grande: conquistar al pueblo Ciruja. No basta solo con dirigir, hay que representar. Necesita identificarse con su idea, que en estos momentos lamentablemente no lo está logrando.
Este domingo 05 de junio, jugará contra Quilmes en La Ciudadela a las 17:30, su obligación es ganar a toda costa. Ya tiene un margen chico, la paciencia se acabó. Solo el triunfo permitirá respirar un poco.
Ya lo dijo Winston Churchill: "El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo". Ya tuvimos cuatro partidos perdidos, seis empates, y cinco ganados. ¿No es hora que levantar la cabeza y luchar? Sr. Andrés Roberto YLLANA, teléfono para Ud. es hora de demostrar de que está hecho Ud. #EljjoCreer








