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Enterró a su papá dos horas antes para llegar al partido de Atlético

Pasión y deporte

El famoso personaje decano, el Pituco, tiene un ida y vuelta con la muerte y los colores celeste y blanco.




Juan Carlos Santillán quisiera morirse en la cancha, en un partido de Atlético. Quizás por eso, hoy a sus 65 años, ya emprendió lo que él llama su estilo de vida: ver al Deca, juegue donde juegue, hasta su último día en la Tierra.


Cuando la muerte le quiso marcar la cancha, él supo gambetearla. El 14 de junio de 2008, a los 91, falleció don Juan Carlos Santillán, su papá. El entierro fue al día siguiente, el 15, a la misma hora que Atlético jugaba la final contra Racing de Córdoba: nada más y nada menos que el partido que coronó el ascenso del Decano a la Primera B Nacional.


Adelantamos el entierro dos horas para poder llegar a la cancha”, cuenta y con orgullo recuerda que su papá fue el director técnico más ganador de San José y que aún es recordado por sus triunfos en San Antonio de Ranchillos.


Socio vitalicio desde el año 1983, Juan Carlos Santillán es conocido en la cancha como El Pituco. Viste de fiesta, alegre celeste y blanco, aunque más de una vez la parca quiso borrarle la sonrisa, asustarlo un poquito.





Tengo tres infartos y dos stents, pero nada me detiene”, dice y recuerda aquella amargura que empezó en el partido contra Huracán, en diciembre de 2014, y terminó tres días después en el quirófano.


Antes de ese partido, en su puesto de trabajo en el Mercofrut, participó de una apuesta. Él frente a unos hinchas de San Martín: había empezado en diez mil pesos. “Ellos iban a Huracán. Y empezamos a subir. Llegamos a 200.000 y cuando les traje la plata, se fueron en aca”, recuerda en tucumano básico Santillán.


Luego Atlético perdió ese partido y unos días después, Juan Carlos tuvo un infarto: “A las 48 horas teníamos que jugar contra Ferro. El doctor me decía que ni loco me vaya. Pero yo me fui igual. Saqué el pasaje y me fui igual”.


Así es el Pituco: en los últimos cuatro años no se perdió ni un partido de visitante, infartado de por medio. Viajó a todos lados, el país, fuera del país, siempre con su traje, siempre con sus colores decanos. Hasta la muerte, hasta la vida, con el Decano.