OPINIÓN

Catalán, la casta y la 4x4: pide austeridad, oculta cuánto cobra en YPF y aparece con una Toyota de más de $100 millones

El dirigente libertario tucumano construye buena parte de su discurso cuestionando “la casta”, los gastos de la Legislatura y el supuesto despilfarro de recursos públicos. También reclama transparencia y acceso a la información. Sin embargo, cuando le preguntan cuánto percibe como director de YPF, empresa bajo control estatal, sostiene que no puede revelarlo por un acuerdo de confidencialidad. Ahora aparece una contradicción difícil de disimular: documentación de la Dirección General de Rentas de Tucumán registra a nombre de Lisandro Catalán una Toyota RAV4 HEV 2.5 AWD Limited CVT, modelo 2026, valuada fiscalmente en $94.770.000. Una unidad equivalente 0 km se ofrece en internet a US$70.200: tomando un dólar de $1.500, hablamos de $105.300.000. Nada de esto sería cuestionable por sí mismo. El problema aparece cuando se lo confronta con sus propias palabras: “Si ustedes ven a alguno de los nuestros en la 4x4 con la rubia teñida y se va de vacaciones a no sé dónde, sáquenlo a patadas en el culo”.

23 Ago 2026 - 20:25

Foto LPO.-

Hay frases que envejecen mal. Y hay otras que directamente vuelven para golpear a quien las pronunció.

Lisandro Catalán eligió construir su desembarco político en Tucumán sobre un libreto conocido: la casta, el despilfarro, los privilegios, el tamaño del Estado, los gastos de la política y una supuesta superioridad moral de quienes llegaron para terminar con todo aquello.

Hasta ahí, nada nuevo.

El problema comienza cuando el discurso deja de ser una vara para medir a los demás y empieza a utilizarse para medir a quien lo pronuncia.

Hace poco, durante un discurso que quedó registrado en video, Catalán lanzó una frase que pretendía sintetizar el espíritu de austeridad que, según él, debería caracterizar a los dirigentes de su espacio:

“Si ustedes ven a alguno de los nuestros en la 4x4 con la rubia teñida y se va de vacaciones a no sé dónde, sáquenlo a patadas en el culo”.

La frase buscaba aplausos. Marcaba una frontera moral. De un lado estaban ellos, los austeros. Del otro, los políticos de la 4x4, los privilegios y la ostentación.

El archivo, sin embargo, suele tener una memoria bastante más larga que los discursos.

LA 4X4 DE CATALÁN

Una boleta correspondiente al Impuesto a los Automotores y Rodados de la Dirección General de Rentas de Tucumán registra a CATALAN LISANDRO como contribuyente de un vehículo dominio AH857AF.

El detalle del propio organismo provincial identifica el rodado como Toyota RAV4 HEV 2.5 AWD Limited CVT, año de fabricación 2026.

Y hay otro dato.

La valuación consignada por Rentas para ese vehículo es de $94.770.000.

Pero basta buscar una unidad equivalente en el mercado para dimensionar de qué estamos hablando. Una Toyota RAV4 2026 híbrida 0 km aparece publicada en internet a US$70.200.

Tomando como referencia un dólar a $1.500, son: $105.300.000.

Sí: más de 105 millones de pesos.

¿Está mal que Catalán tenga una Toyota RAV4?

Por supuesto que no.

¿Está mal tener una 4x4, ganar dinero o comprar el vehículo que cada uno quiera con su patrimonio?

Tampoco.

Lo que resulta difícil de explicar es otra cosa: ¿cómo se compatibiliza eso con el discurso que el propio Catalán eligió dar?

Porque nadie lo obligó a hablar de “los nuestros en la 4x4”.

Lo dijo él.

LA TRANSPARENCIA ES PARA LOS OTROS

La contradicción se vuelve todavía más evidente cuando se observa otro de los pilares del discurso político de Catalán: la transparencia.

Catalán cuestiona los gastos de la Legislatura de Tucumán. Habla de despilfarro. Reclama austeridad. Critica el tamaño del Estado. Exige explicaciones sobre cómo se utilizan los recursos públicos.

Perfecto.

El problema es que, cuando la pregunta cambia de dirección y apunta hacia él, la transparencia parece encontrar rápidamente un límite.

Catalán integra el directorio de YPF, una compañía cuyo accionista controlante es el Estado Nacional.

Y cuando públicamente se le preguntó cuánto percibe por esa función, su explicación fue que existe un acuerdo de confidencialidad que le impediría revelar su remuneración.

Ahí aparece una pregunta inevitable:

¿Por qué los tucumanos pueden saber cuánto gasta la Legislatura, cuánto cobra un funcionario provincial o cuánto cuesta determinada estructura estatal, pero no pueden saber cuánto cobra Catalán en una empresa controlada por el Estado?

Si la bandera es el acceso a la información pública, debería serlo siempre.

Si la bandera es la austeridad, debería serlo siempre.

Si la bandera es terminar con los privilegios de la política, debería valer para todos.

También para Lisandro Catalán.

“SÁQUENLO A PATADAS EN EL CULO”

Quizás por eso la aparición de la RAV4 tiene una dimensión política que excede ampliamente el precio de una camioneta.

No se trata de hacer demagogia con el patrimonio de nadie.

Se trata de coherencia.

Fue Catalán quien decidió utilizar una 4x4 como símbolo de aquello que supuestamente había que expulsar de la política.

Fue Catalán quien dijo: “Sáquenlo a patadas en el culo”.

No lo dijo Jaldo.

No lo dijo la Legislatura.

No lo dijo un periodista.

Lo dijo Lisandro Catalán.

Y ahora es documentación oficial de Rentas la que registra a su nombre una Toyota RAV4 híbrida AWD Limited, modelo 2026, con una valuación fiscal de casi 95 millones de pesos y cuyo equivalente 0 km aparece ofrecido en el mercado por aproximadamente US$70.200.

La contradicción prácticamente se escribe sola.

¿CASTA ES EL OTRO?

Desde hace años, La Libertad Avanza convirtió la palabra “casta” en una categoría moral.

Casta era el político que vivía mejor que el ciudadano común.

Casta era el funcionario que disfrutaba privilegios mientras exigía sacrificios.

Casta era el dirigente que reclamaba austeridad para los demás.

Casta era el que utilizaba el Estado mientras denunciaba al Estado.

Pero cuando quienes levantaron esa bandera empiezan a ocupar cargos, integrar directorios y manejar espacios de poder, aparece una pregunta incómoda:

¿La casta era una conducta o simplemente eran los otros?

Porque Catalán no es un espectador de la política.

Ha ocupado cargos nacionales de enorme relevancia y actualmente integra el directorio de YPF. Ahora pretende instalarse como alternativa política en Tucumán y habla cada vez más abiertamente sobre el futuro de la provincia.

Está en todo su derecho.

Pero si quiere discutir cómo se administran los recursos de Tucumán, también tendrá que aceptar que los tucumanos discutan cómo se comporta él frente a los estándares que pretende imponerles a los demás.

No alcanza con exigir transparencia.

Hay que practicarla.

No alcanza con denunciar privilegios.

Hay que demostrar que uno no pretende disfrutarlos.

No alcanza con señalar la 4x4 ajena.

Hay que acordarse de lo que uno dijo cuando la 4x4 aparece a nombre propio.

EL PROBLEMA NO ES LA TOYOTA

Conviene insistir porque allí está el centro de esta historia.

El problema no es que Lisandro Catalán tenga una Toyota RAV4.

El problema tampoco es que pueda disponer de más de cien millones de pesos para un vehículo, si esos recursos son legítimamente propios.

El problema político es pretender construir autoridad moral cuestionando permanentemente cómo viven, cuánto gastan y cuánto cobran los demás mientras, cuando llega el momento de rendir cuentas sobre uno mismo, aparece un acuerdo de confidencialidad.

Catalán quiere saber cuánto gasta la Legislatura.

Está bien.

Quiere saber dónde va el dinero del Estado provincial.

También está bien.

Quiere denunciar cada peso que considere malgastado.

Perfecto.

Entonces los tucumanos también tienen derecho a preguntarle:

¿Cuánto cobra exactamente en YPF?

¿Y por qué una persona que convirtió la “4x4” en símbolo de aquello que había que echar “a patadas en el culo” aparece ahora registrada como titular de una Toyota RAV4 2026 valuada fiscalmente en $94.770.000?

No es una discusión sobre autos.

Es una discusión sobre credibilidad.

Porque en política se puede cambiar de opinión.

Lo que resulta mucho más difícil es pretender que nadie recuerde lo que uno dijo.

Catalán quiere presentarse ante Tucumán como el hombre que viene a combatir los privilegios, reducir el Estado, transparentar la política y terminar con la casta.

Puede hacerlo.

Pero a partir de ahora tendrá que hacerlo cargando con una imagen bastante difícil de borrar: la de su propio discurso sobre la 4x4 estacionado al lado de una Toyota RAV4 2026 registrada a su nombre.

Y entonces quizás la pregunta ya no sea quién pertenece a la casta.

Quizás sea mucho más sencilla:

Lisandro, ¿la vara que usás para medir a los demás también vale para vos?

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