"En 2005 entré. Mi tarea acá es mantenimiento y limpieza. Realizo personalmente el encerado del parqué, manejo la máquina de alfombra, y me dedico especialmente al mantenimiento de la pintura. Cuando la gente entre esta tarde a la Feria, a todas las paredes que ves acá en el Centro Cultural, a todas las que ves las he pintado yo. Paredes, puertas, ventanas, todas las he limpiado yo desde hace casi 21 años"
Eduardo y el Rougés, su segunda casa.
Las palomas de la Plaza Independencia toman sol a los pies de la Virgen que protege la Catedral de San Miguel de Tucumán. Aquí abajo, a unos metros de las campanas, el vendedor Víctor Robles canta: "Encendedores, Prestorbarba, La Gotita vendo!".
Se sabe: agosto es un mes delicado para la salud de los tucumanos y la Farmacia del Pueblo da fe de ello como una cruz verde que se encenderá esta noche de turno. Las medialunas y las mesas con azulejos de la conferitería La Royal esperan sus clientes.
Todas estas escenas de la vida real y cotidiana suceden mientras un hombre de buzo celeste turquesa, camisa y pantalón grafa color crema, botas negras de trabajo, palita y escoba barre la vereda de Laprida 31, domicilio de la hermosa Casa Rougés.
Ese hombre se llama Eduardo Aragón y en septiembre cumplirá 21 años a cargo de la limpieza y el mantenimiento de una propiedad señorial, dueña de un esplendor propio que este jueves y viernes alojarán libros, artistas, escritores, músicos, conferencistas, disertantes, lectores y público en general para la Cuarta Feria de Editoriales 2026.
"En 2005 entré. Mi tarea acá es mantenimiento y limpieza. Realizo personalmente el encerado del parqué, manejo la máquina de alfombra, y me dedico especialmente al mantenimiento de la pintura. Cuando la gente entre esta tarde a la Feria, a todas las paredes que ves acá en el Centro Cultural, a todas las que ves las he pintado yo. Paredes, puertas, ventanas, todas las he limpiado yo desde hace casi 21 años", me dice Eduardo esta mañana.
Amable, cándido, laburante, generoso en sus palabras, Eduardo es un vecino del glorioso y popular Barrio Victoria: "Mi día empieza a las 5 de la mañana. Siempre tengo la alarma puesta. Vivo con mi hermana. Somos ocho en total: cinco mujeres y tres varones. Mi madre falleció hace un año y un mes y a mi padre lo perdí hace 17 años".
"Todas las mañanas me lavo la cara, los dientes, preparo mis cosas, me cambio y ya me vengo. Tomo café acá. Ya no tomo café en mi casa. Me gusta acá. Y mientras espero a que lleguen los compañeros de trabajo, comienzo mis tareas: barro; si hay que echar agua, echo agua; si hay que manguerear, saco la manguera; me ocupo de los baños; me pongo a pintar. Ese es mi trabajo. De lunes a viernes, de 6 a 13, siempre así. Amo mi trabajo y estoy muy conforme con mis compañeros, y siempre a la orden de la jefa", dice Eduardo, quien ya pasó por cuatro gestiones de la casa del Doctor Alberto Rougés.
Cuando la casa lo permite (es tan bella como gigante), mientras la pintura del subsuelo se seca, mientras las obras de David Lagmanovich y otros intelectuales y hacedores de la cultura tucumana reposan entre sus anaqueles, Eduardo hace una diligencia de turno, va al correo, realiza un trámite, pero vuelve, siempre vuelve a esta casa que ya es como su segundo hogar, aquí, en Laprida 31, donde la Casa vuelve a brillar.
Disfrutemos del Rougés. Disfrutemos de los libros. Disfrutemos del trabajo de Elena Rougés. Disfrutemos de la coordinación de Martín Aguierrez. Disfrutemos de la música de Fernando Jalil. Disfrutemos de la Casa Rougés. Luce impecable. De ello se ocupó Eduardo Aragón.