DELICIA A LA TUCUMANA

Los fiambres alemanes (pero de Tucumán) sobreviven hace 3 décadas en sur de la provincia

"Don José" se fundó en 1992 por descendientes de países fríos de Europa, y desde ese momento es paso obligado de turistas que van a Catamarca, de camioneros, de trabajadores, de familias, de amantes del buen embutido. Hoy te contamos su historia.

09 Ago 2026 - 15:03

“En la entrada de mi negocio te reciben la bandera Argentina, nuestra patria, la bandera de Vaticano, porque somos católicos, la bandera de la provincia de Tucumán que nos albergó hace 32 años permitiéndonos desarrollar nuestra actividad, tengo la bandera de República Checa, de donde era mi abuelo, la de Francia y la de Suiza por una de mis abuelas, la de Alemania por mis abuelos alemanes” dice Francisco para esta entrevista con eltucumano.com, desde la entrada de uno de los lugares emblemáticos de la Ruta Nacional 38.

Don José es un negocio de fiambres y cerveza artesanales, todo de elaboración propia, que existe desde 1992 en intersección de rutas 38 y 308, por el camino que conduce a Graneros. Descendiente de inmigrantes europeos de países fríos, Francisco “Panchi” Janda mantiene la costumbre de elaborar chacinados, embutidos y fiambres con animales que, en la producción ganadera, se usan para descarte: “Llegamos desde Esperanza, Santa Fé, después de la hiperinflación de Alfonsín y de una serie de inundaciones que nos hicieron perder todo lo que tenía mi padre en remates. Un tío que tenía campo en la Cocha nos invitó a venir a trabajar tierras. Mi hermano y yo manejábamos tractor y trabajamos, mientras podíamos elaborar nuestros productos con algunos animales que la gente nos daba y vendíamos en Alberdi, en La Cocha… hasta que un día mis padres que ya estaban grandes quisieron que dejemos de andar en el campo y nos dediquemos al negocio. Así nació don José, que es el nombre de mi padre, Wenscelao José Janda, apellido checoslovaco”.

Con el paso de los años, las picadas de don José hechas de jamón crudo, bondiola, lomo ahumado, panceta ahumada, arrollada, leberwurst, morcilla vasca, mortadela, queso de cerdo y arrollado de cerdo, solomillo, cervezas tiradas y escabeches se volvieron una parada infaltable de norte a sur o de sur a norte en la ruta 38. Aun con la construcción del nuevo tramo de la RN38, el desvío siegue siendo obligado para llegarse a don José: “Los camioneros pasan y tocan bocina, la ruta me hace sentir querido”.

Los productos de don José tienen una fuerte impronta europea, y Panchi explica siempre esto a quienes lo visitan: “La gente que vino de Alemania a Argentina hacía todas estas variedades, salchichas y lebrecinas sobre todo. No hicimos nunca un curso, esto es una tradición familiar. Yo le explico brevemente a la gente así entiendan. Todos mis antepasados vienen de Europa, de zonas donde 4/5 meses al año hay nieve y muchas familias se aislaban, no es como ahora. Tenían que tener sus carnes para el invierno”.

“En la pandemia fue difícil, estaba cerrado aquí, fue penoso, muy difícil.  Mis clientes son sobre todo los de paso, pero me beneficio muchísimo del turismo que va a Catamarca o del que va a Las Termas, aunque estoy a 100 kilómetros. Es hermoso trabajar con turismo, brindar a la gente lo que uno hace. El turista busca algo distinto, algo diferente. Tengo casi 32 años de trabajar con eso, me encanta y se conoce gente de todo el país. Han pasado holandeses, norteamericanos, europeos en general… toda la gente que anda paseando. Figuramos en el GPS como punto de referencia y hoy con la tecnología es fácil llevar así nos tienen en cuenta” explicó el trabajador santafesino y adoptado por Tucumán.

“Don José es algo chico pero que está orientado para la familia. mi papá, el original don José estuvo hasta el 2007. Le gustaba estar acá, le distraía. No nos cuesta hablar ni expresarnos, nos gusta estar aquí” dijo para eltucumano, sobre quien fundó el negocio allá a comienzos de los años 90.

El negocio se encuentra en Ruta 38 y 308, de camino a Graneros. “Estoy de 8 a 23 todos los días, y en verano por la cerveza y las lindas noches me quedo hasta la 1” dice Panchi.

El verdadero elixir culinario que se disfruta al probar los famosos fiambres de don José, tiene una explicación: “Yo fabrico todo como para mí, tiene que salir bien. Lo pruebo y si no está bien no sale al mercado, no pierde calidad. Antes solo vendía picadas, pero ahora tengo sanguchitos también, hay para todos los bolsillos. Lo precios están expuestos. A veces hay gente picando a las 3 de la tarde, gente de paso. Esto es una costumbre de países frios, pero ya aprendí a manejar los productos con los secaderos y todo lo demás. Esta es comida perecedera, estacionada. Todo es fresco”

Finalmente, el heredero del nombre don José (pues así lo llaman muchos clientes y amigos) habló sobre su vida: “Estoy bien, contento, agradezco a Dios y a la familia que me han dejado un trabajo, una forma de vida, no es algo fácil. Me gusta lo que hago, mucha gente hace cosas por no tener alternativa, yo sí puedo hacerlo, me nutro de conocimiento, de la amistad de la gente… voy a San Miguel y todos me conocen, cuando vivís de lo que haces es lindo. Les cuento a los clientes que hasta a Tata Dios les cuesta conformar a todos… y yo, choricero, humilde, busco ser útil, brindar una posibilidad”

Los colores de alemania proliferan en el negocio de Panchi: “Mi señora tenía buen gusto, los alemanes somos trabajadores y emprendedores, pero no estamos en los detalles de la decoración, ella ambientó todo, me enseñó a la armonía del color claro, me enseñó a no brindar solo un producto lindo sino un ambiente con plantas, buenas instalaciones, vegetación, tranquilidad. También con ella conocí muchos lugares de Argentina y ahí entendí el grave error que es atender sin brindar una experiencia humana, una charla, un contacto. Ir por ejemplo a un McDonals me parece la experiencia más fría del mundo. Yo aquí te ofrezco una charla, un contacto distinto”.

Si deseas probar una auténtica experiencia alemana, degustar una suave cerveza artesanal, o simplemente encontrarte con un amigo para conversar un rato de la vida, no dejes de conocer Don José. Sus coloridas banderas te transportan de inmediato a una experiencia que, sin duda alguna, te enviará a casa de panza llena y corazón contento: “No hace falta que compren, vengan a conocer, aquí pueden probar cosas y elegir. Los esperamos siempre”.

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