El líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció a los 77 años en su casa de Parque Leloir, en Buenos Aires. Tras una larga lucha contra el mal de Parkinson, el máximo referente de la contracultura argentina deja un vacío imposible de llenar en la música popular.
La noticia que nadie quería escuchar sacudió los cimientos de la cultura argentina este viernes 5 de junio. Carlos Alberto "El Indio" Solari, el hombre que transformó el rock en una religión laica y masiva, falleció a los 77 años en su refugio de Parque Leloir, en el partido de Ituzaingó. Según trascendió, el deceso se produjo en su domicilio y, por protocolo, se realizará una autopsia para determinar fehacientemente las causas de su muerte.
Su partida marca el fin de una era. El Indio no fue solo un cantante; fue el arquitecto de un fenómeno social sin precedentes. Junto a Skay Beilinson, fundó en 1975 en La Plata a Los Redondos, una banda que desde la absoluta independencia artística desafió las reglas del mercado y de los medios tradicionales. Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota y Luzbelito se convirtieron en el manual de resistencia y poesía para millones de seguidores que convirtieron sus recitales en "misas" multitudinarias.
Tras la separación de la banda en 2001, Solari inició un camino solista igualmente exitoso pero más introspectivo, editando cinco álbumes de estudio, desde El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel) en 2004 hasta su despedida discográfica con El ruiseñor, el amor y la muerte en 2018. Siempre bajo su propio código, mantuvo una relación de lealtad inquebrantable con su público, incluso cuando su salud empezó a pasarle factura.
Fue en marzo de 2016, durante un histórico show en Tandil, cuando el Indio le puso nombre a su enemigo: "El Parkinson me anda pisando los talones", confesó ante una multitud conmovida. La enfermedad lo obligó a retirarse de los escenarios tras el accidentado concierto en Olavarría en 2017, aunque su espíritu creativo nunca se apagó. Se volcó a la escritura, a la tecnología de hologramas para seguir presente y a la participación en proyectos virtuales, manteniendo su vigencia hasta sus últimos días.
Su última distinción pública había sido en enero de este año, cuando la Universidad de Buenos Aires le otorgó el Doctorado Honoris Causa, un reconocimiento a su invaluable aporte a la lengua y a la identidad nacional.