Alfredo Prats, uno de los jugadores que marcaron a fuego la historia de la familia con el club que cumple años este 8 de junio, le bajó la tele al partido de la Selección para brindar por uno de los grandes de la provincia y revelar las historias imperdibles que emocionan y enaltecen al fútbol tucumano.
Famaillá, Torneo Anual de 1956. Las fotos son gentileza de Alfredo Prats.
Alfredo Prats estaba sentado esta noche frente a la tele en su casa de Famaillá viendo a la Selección. Esta noche Argentina le ganaba con baile a Colombia en Barranquilla, con Messi y las estrellas, pero no hay nada más importante en este día, en este momento, para la vida de Alfredo Prats que celebrar al Club Atlético Famaillá en sus 113 años de vida, evocar algunos de sus momentos con el tucumano, pero antes un pedido: “Esperame que le bajo el volumen”.
La familia Prats es Famaillá. Desde que el abuelo Prats llegó en 1912 desde Ibiza, España, y se instaló en Famaillá, abuelos, abuelas, padres, madres, tíos, tías, hermanos, hijos y sobrinos pasaron por el club, respiraron ese césped hasta cuando había tierra. Es tan sanguíneo el vínculo que la abuela Trini, con sus propias manos, levantó con los obreros las tapias que rodeaban a la cancha para evitar la inevitable colada.
“Lo mismo se subían a los árboles o se las ingeniaban los changos para ver a Famaillá, pero mi abuela levantaba las tapias con sus manos y los tenía cagando a los muchachos mientras levantaban la tapia. Era brava, calentona. Y cuando empezaba el partido los tenía de hijo a los contrarios, les gritaba de todo”, se ríe esta noche Alfredo, hijo de Alfredo Prats: “Un recio defensor que jugaba de 3 ó 6, tremenda personalidad, estilo Perfumo”.
El homenaje de Alfredo Prats a Famaillá empezó temprano con la foto que ilustra esta nota, una foto que tiene digitalizada y que a la original conserva en una cajita junto a otras fotos que también compartimos en esta nota, donde aparecen los grandes jugadores Prats: “Está mi tío, Alberto, que era 10, un crack, y llegó a River como suplente en ese equipazo que era La Máquina. Después está El Sapo Eduardo, el ruludo, mochito. Le decían El Sapo porque no se quedaba en el piso cuando lo volteaban: era wing, 7 ú 11, rapídismo”.
El propio Alfredo Prats jugó en Famaillá hasta que se le reventó la rodilla: “En esa foto se lee que es del Anual del 56, cuando Famaillá fue subcampeón. Yo nací un poco después de esa final, en septiembre. Pero a medida que fui creciendo los vi y siempre me hablaron de ellos: la gente y los jugadores que compartían con mi papá como Coco Acuña, César Castaño, Corduncho Abella, Miguel Flores”.
“Me acuerdo que fuimos al club San Juan y los partidos eran de hacha y tiza. Con el tiempo se afilió Fronterita. A nosotros nos dicen los Celestes y a ellos los Verdes: tienen la camiseta como Banfield. Pero la rivalidad tremenda era con Bella Vista: era odio. Hasta volaban piedras, había peleas mano a mano entre los hinchas, también entre los jugadores. O una vez que en San Pablo quebraron a Camperito: la que se armó, papá”.
Sin var ni árbitros anabólicos, eran tiempos donde Alfredo cuenta que no había tanto reglamento como ahora, todo formaba parte de un fútbol más puro, más artesanal, como con las camisas que jugaban los muchachos, camisas que lavaba la lavandera de la cuadra, la esposa del casero que cuidaba la cancha, don Mansilla.
El legado de los Prats continuó en la cancha con El Sapito, con Raúl y con el Loco Jorge, el arquero de la familia: “Famaillá es uno de los primeros clubes de Tucumán con sus 113 años y el primer club del interior. Ya hace mucho que no voy a la cancha porque no es lo que era antes: antes se jugaba por la camiseta, se dejaba la sangre, ahora es todo plata. Antes era más fútbol, ahora es más físico. Veías a mi tío pararla con el pecho, darse la vuelta y, antes de que picara en el césped, ponerle un pase al wing. Eso fue una vez contra Atlético. Era impresionante cómo jugaba ese equipo”.
“El fútbol formaba parte de nuestras vidas desde chicos: cuando no estábamos de temporada, desde las 2 de la tarde, hasta las 7 jugábamos. No importaba si llovía, si hacía frío, nada. El fútbol era diversión. Las camisetas pesaban de la transpiración y después de cada partido nos íbamos a la sede del club, gane o pierda, al baile”, recuerda Alfredo, mientras suena en su cabeza la música de aquellos bailes, las voces de los muchachos, las radios, los gritos de gol, los gritos de la abuela Trini y la última anécdota.
“La abuelita Trini fue tan importante que cuando falleció, en el 74, Famaillá jugaba contra Fronterita: el mejor 2 que tuvo Famaillá era Valija Córdoba. Íbamos perdiendo y en la cancha miró al cielo y gritó: ‘¡Ayudanos, abuelita!’. A los minutos, empatamos y terminamos ganando ese partido. Cuando terminó el partido, así como estaban vestidos los jugadores, con los botines puestos y todo, fueron al acompañamiento. Fue un día inolvidable, como muchos que tuvo en su historia Famaillá, un club de donde salieron grandes jugadores, un club que hoy cumple 113 años, uno de los más viejos de Tucumán e insisto: el primero del interior”.
"Mi viejo el Gringo Alfredo Prats con la pelota en la inauguración del túnel del Club Atlético Concepción de la Banda del Río Salí en la década del 50".
"Década del 50 los hermanos Prats de famailla jugando en el combinado de Tucumán: Alfredo y Eduardo Prats"
"Feliz 113 años Club Famaillá": el saludo de Eduardo Tucu Morales.
El protagonista de esta nota: Francisco Alfredo Prats.