histórico

El tradicional Colegio Sagrado Corazón se transforma en mixto a partir de 2027

Tras más de un siglo de educación exclusivamente masculina, la emblemática institución iniciará una histórica transición para incorporar mujeres desde el Nivel Inicial y primer grado.

05 Sep 2026 - 09:28

El Colegio Sagrado Corazón, uno de los establecimientos educativos más tradicionales y emblemáticos de la capital tucumana, se prepara para iniciar un nuevo capítulo en su trayectoria. A partir del año 2027, la institución adoptará formalmente el sistema de coeducación, comenzando a incorporar mujeres tanto en el jardín de infantes (Nivel Inicial) como en el primer grado de la escuela primaria. Con esta histórica medida, el colegio se suma a los establecimientos de la provincia que han dado el paso hacia la educación mixta, dejando de ser el único de Tucumán que permanecía sin coeducación.

La decisión de abrir las puertas a las niñas responde a un profundo proceso de reconversión académica, pedagógica y de formación en sintonía con las directivas de la Secretaría de Educación. Guillermo Di Lella, representante legal y director general del colegio, explicó que la medida no fue unilateral, sino que se tomó de común acuerdo con toda la comunidad educativa, incluyendo a directivos, docentes y personal no docente.

La demanda provino principalmente de las propias familias de la institución, quienes manifestaron reiteradamente su deseo de incorporar a las hermanas de los niños y jóvenes que ya asisten al establecimiento. La recepción de la propuesta ha sido sumamente positiva: actualmente ya se registran aproximadamente 50 solicitudes de ingreso para el jardín de infantes, teniendo prioridad las hermanas de los alumnos regulares.

Para las autoridades del colegio, este paso no debilita su identidad, sino que la potencia. "Lejos de perderse, el ingreso de mujeres ayudará a fortalecer e incrementar el sentido de pertenencia con el colegio", aseguró Di Lella, reafirmando el compromiso de mantener viva la esencia lourdista. El proceso de transición también contempla preparar a los estudiantes en el respeto mutuo, el rol de la familia y el cultivo de profundos valores morales en medio de las crisis sociales contemporáneas, buscando que la familia constituya una "iglesia doméstica".

Este histórico paso hacia la coeducación se suma a la larga cadena de hitos de una institución cuya fundación estuvo signada por la perseverancia y la fe. Sus orígenes se remontan a fines del siglo XIX, cuando el Padre Orellana (obispo franciscano de origen catamarqueño) viajó a Lourdes, Francia, para buscar religiosos que asumieran la dirección de un colegio y seminario. En septiembre de 1890, los primeros religiosos de la Congregación de la Inmaculada (Lourdistas) desembarcaron en Buenos Aires. Al ser trasladado a Tucumán, Orellana los convocó para liderar la nueva diócesis y un nuevo colegio.

No obstante, el proyecto enfrentó serios obstáculos burocráticos. Durante una visita a Roma con motivo del Concilio Vaticano I, el obispo descubrió con sorpresa que la autorización otorgada desde Francia se limitaba únicamente a la atención del seminario mayor, ya que la congregación no disponía de personal suficiente para abrir un colegio. Esto generó una honda frustración en el obispo y en los sacerdotes Domingo Duthu (superior de los lourdistas en Argentina) y Agustín Barrere, quienes ya tenían todo organizado para el inicio de las clases.

Ante la rotunda negativa inicial de los superiores franceses, el Padre Duthu decidió enviar un desesperado e insistente telegrama que resultó providencial:

“Palabra empeñada, obra comenzaba, obispo avergonzado, no es posible rehusar”.

El ruego funcionó. El 30 de septiembre de 1898, un cablegrama proveniente de Francia trajo la esperada autorización. Al recibir el mensaje, el Padre Duthu exclamó con júbilo por carta al Obispo Padilla: “¡Bendito sea el Sagrado Corazón de Jesús!”, frase que quedó grabada como el acta de bautismo y el origen del nombre de la institución.

El Colegio Sagrado Corazón abrió sus puertas por primera vez el 1 de marzo de 1900 con una modesta matrícula de 92 alumnos distribuidos en los primeros cuatro grados de la enseñanza primaria. Su primera sede física distaba mucho de los grandes edificios actuales: consistía en tres casas contiguas (dos sobre la calle Rivadavia y una sobre calle Las Heras, actual San Martín 346). Debido a su compleja estructura repleta de habitaciones y pasillos interconectados, los tucumanos la bautizaron con humor como "La Vizcachera".

Bajo la conducción de su primer Rector, el Padre Agustín Barrere —quien más tarde se convertiría en Obispo de Tucumán—, el colegio se ganó rápidamente un lugar de prestigio y seriedad entre las familias locales. El crecimiento de la matrícula fue vertiginoso:

-1904: El alumnado ascendió a 267 estudiantes y se incorporó el primer año de la escuela secundaria.

-1907: El colegio ya superaba los 330 alumnos activos. En este periodo, los estudiantes fundaron el prestigioso coro, la orquesta de la institución y el Club Argentinos del Norte.

La historia del colegio también estuvo marcada por la entrega internacional. Al finalizar el año escolar de 1914, seis religiosos y profesores del establecimiento se enlistaron en el ejército francés para combatir en la Primera Guerra Mundial, entre ellos el Padre Marcel Florence (quien falleció en combate en 1915) y el Padre Marcelino Fontan, condecorado ampliamente por su valor.

A pesar de los desafíos y las ausencias provocadas por el conflicto bélico, el colegio continuó expandiéndose. "La Vizcachera" resultó pequeña e incómoda, lo que impulsó al entonces director, el Padre Basilio Pedebas, a adquirir un terreno en la prolongación de la calle 25 de Mayo. Allí comenzó la edificación de una sede más higiénica, amplia y moderna, la cual fue finalmente inaugurada a principios de 1920 albergando a 503 alumnos matriculados.

Hoy, a más de un siglo de aquella mudanza, el Sagrado Corazón continúa expandiendo sus horizontes. Al igual que en 1898 y en 1920, la institución se renueva fiel a su lema fundacional de respeto, empatía y fraternidad, preparándose para dar la bienvenida a las alumnas que formarán parte de su gran familia a partir de 2027.


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