El último informe técnico de la Dirección de Estadística de Tucumán (DEP) revela las marcadas asimetrías distributivas que atraviesan al aglomerado de Gran Tucumán - Tafí Viejo. Mientras el 37% de los tucumanos carece de ingresos propios, el estrato de ingresos altos concentra casi el 28% de los recursos familiares. Un análisis en detalle sobre la clase media, la informalidad laboral y el peso de la ayuda estatal y las jubilaciones en los hogares más vulnerables.
Imagen de archivo.-
El 18 de agosto de 2026, la Dirección de Estadística de la Provincia (DEP) publicó su informe técnico de la distribución del ingreso correspondiente al primer trimestre de 2026, aportando datos sobre el aglomerado Gran Tucumán - Tafí Viejo, que cuenta con una población estimada de 932.611 habitantes. Los datos revelan un escenario donde la desigualdad, las asimetrías de género y la dependencia económica continúan siendo factores estructurales determinantes.
En el debate público, la definición de "clase media" suele ser difusa, pero la estadística oficial aporta un marco riguroso basado en los criterios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Bajo esta metodología, pertenecen a la clase media (o estrato medio) aquellos hogares cuyos ingresos familiares per cápita se sitúan entre el 75% y el 200% del ingreso promedio general, el cual se ubicó en $558.372 para el inicio de este año.
De esta forma, para ser considerado de clase media en Tucumán, el ingreso mensual por cada miembro de un hogar debe oscilar entre un piso de $418.779 y un techo de $1.116.744. Este sector social se concentra entre el sexto y el noveno decil de la escala de ingresos, registrando un ingreso medio general de $536.848.
Al desglosar este estrato por deciles, se puede observar el escalonamiento de la clase media tucumana:
Decil 6: percibe en promedio $488.557
Decil 7: alcanza los $571.454
Decil 8: promedia $685.391
Decil 9: llega a los $894.562
Por debajo de ese umbral se sitúa el estrato de ingresos bajos (deciles 1 al 5), con un ingreso medio per cápita de $247.916. Por encima se ubica el estrato alto (decil 10), cuyo promedio general por persona asciende a $1.225.336 (con un ingreso medio específico de $1.556.110 si se analiza al decil 10 de la población con ingresos individuales).
El mapa de la concentración y la escasez
La disparidad entre los extremos es elocuente. El estrato de ingresos altos (decil 10) concentra por sí solo el 27,7% del total de ingresos familiares per cápita de la población, superando en su conjunto a la mitad más vulnerable de la provincia: los deciles del 1 al 5 (el estrato bajo) agrupan en promedio al 50% de la población, pero retienen apenas el 25,0% del total de los recursos.
Esta concentración de la riqueza se repite bajo otras variables analizadas por la DEP:
- Si se observa el ingreso individual de las personas, el décimo decil acapara el 29,0% del total de los ingresos individuales percibidos.
- En términos de ingresos familiares totales por hogar, el mismo decil concentra el 25,9%.
- Al ordenar a los hogares bajo la escala de ingresos per cápita familiar, el 10% de los hogares con mayores ingresos —que apenas contiene al 5,2% de la población del aglomerado debido a su menor tamaño familiar— se queda con el 17,8% del ingreso total.
En el reverso de la riqueza, la falta de ingresos afecta a una porción masiva de la población: el 37,0% de los tucumanos (un total de 345.029 personas) no registra ingresos individuales de ningún tipo. Sin embargo, en el ámbito del hogar, este impacto se diluye gracias a las estrategias de supervivencia familiar, donde solo el 0,3% de los hogares locales (919 hogares) sufre una situación de desprotección total donde ninguno de sus miembros registra ingresos.
Brecha de género y el peso del ingreso no laboral
El informe de la DEP confirma que el género sigue siendo una variable de profunda desigualdad económica. La brecha de género del ingreso total individual se situó en 0,7 durante el primer trimestre de 2026. En términos cotidianos, esto significa que por cada 100 pesos que percibe en promedio un varón, una mujer recibe apenas 70 pesos. Mientras que el ingreso medio de los varones con ingresos es de $1.057.957, el de las mujeres desciende a $735.288.
Esta asimetría no responde a una falta de participación en la percepción de ingresos, ya que la población que sí registra ingresos individuales está compuesta por un 51,8% de mujeres y un 48,2% de varones. El problema radica en la inserción laboral y en las mayores tasas de inactividad: la población sin ingresos representa el 19,8% de la población femenina de la provincia (184.798 mujeres), frente al 17,2% en el caso de los varones (160.231 varones).
Asimismo, las fuentes de financiamiento marcan trayectorias muy distintas:
- Varones: en promedio, los ingresos laborales representan el 85,9% de su total individual, constituyendo la principal fuente de sustento en todos los deciles de su escala.
- Mujeres: el trabajo representa solo el 62,4% de sus ingresos individuales, al tiempo que en 4 de los 10 deciles de la población femenina, el peso de los ingresos no laborales (como jubilaciones, pensiones o subsidios) es superior al laboral. Solo en los dos deciles de ingresos más altos de las mujeres la proporción de ingresos no laborales cae a niveles mínimos, estabilizándose levemente por encima del 15%.
Curiosamente, la disparidad interna (la distancia entre ricos y pobres dentro de un mismo género) es mayor en los varones que en las mujeres: la brecha de ingresos individuales promedio entre el décimo y el primer decil es de 22,3 veces para los varones, frente a las 17,9 veces que se registran entre las mujeres.
El sostén de los hogares vulnerables: ¿trabajo o ayuda estatal?
La diferencia entre el ingreso de origen laboral (asalariado o independiente) y el no laboral (jubilaciones, pensiones, subsidios y transferencias) es clave para entender la vulnerabilidad de los hogares tucumanos. En promedio, el 75,4% del ingreso de los hogares del aglomerado proviene de fuentes laborales y el 24,6% de fuentes no laborales.
Sin embargo, en el estrato de menores ingresos la ecuación se invierte por completo: en el decil 1, apenas el 34,0% del presupuesto familiar proviene del trabajo, mientras que un abrumador 66,0% se sostiene con ingresos no laborales. Esta dependencia se mantiene muy alta en el decil 2 (50,5%) y el decil 3 (52,4%). En contraste, en el decil 10, la participación laboral alcanza el 87,4% de los ingresos familiares, demostrando que a mayor nivel socioeconómico, mayor es la capacidad de sustentarse exclusivamente del mercado de trabajo.
La pesada mochila de la dependencia económica
El informe analiza la relación de dependencia económica, que mide cuántas personas que no trabajan o no tienen ingresos deben ser sostenidas por los miembros activos del hogar. Los números promedio del aglomerado indican que existen 128 personas no ocupadas por cada 100 personas ocupadas, y 59 personas sin ingresos por cada 100 perceptoras.
Pero este indicador, lejos de ser homogéneo, ilustra la dura realidad de la base de la pirámide social. Al ordenar a los hogares según su ingreso familiar per cápita, se revela una relación inversa brutal: los hogares de menores ingresos son más numerosos y cargan con una dependencia mucho mayor.
En el decil 1: los hogares tienen un tamaño medio de 4,4 miembros y registran una relación de dependencia extrema: hay 268 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas, y 148 personas sin ingresos por cada 100 perceptoras.
En el decil 10: los hogares están compuestos en promedio por solo 1,7 miembros, y su relación de dependencia es mínima: apenas 32 no ocupados por cada 100 ocupados, y solo 6 personas sin ingresos por cada 100 perceptoras.
Esta combinación de hogares numerosos con baja tasa de empleo y alta dependencia de la asistencia previsional o social define el núcleo de la desigualdad en Tucumán. Detrás de los promedios provinciales, las cifras de la Dirección de Estadística exponen que la brecha económica no solo se mide en pesos, sino en género, en tiempo y en la cantidad de miembros de la familia que deben estirar cada ingreso para llegar a fin de mes.