El director de Asistencia y Prevención de Adicciones de Tucumán, Emilio Mustafá, alertó sobre una "oleada" de casos que afecta principalmente a adolescentes de entre 14 y 16 años. El especialista vinculó este fenómeno con un proceso de "deshumanización social", el avance del narcomenudeo y la falta de horizontes para la juventud en un contexto de crisis económica y recortes en salud mental.
El director de Asistencia y Prevención de Adicciones de Tucumán, Emilio Mustafá, dialogó con Ana Pedraza y Gabriel Sanzano en La Tucumana de Mañana, por FM La Tucumana 95.9. Durante la entrevista, el psicólogo y funcionario del Ministerio de Desarrollo Social se refirió a la reciente asamblea interbarrial realizada en el cuadrante sur de la capital, donde vecinos y equipos de salud, educación y adicciones se congregaron ante una alarmante situación sanitaria. Mustafá detalló que, en un relevamiento territorial reciente, registraron un dato escalofriante: "Tuvimos en estos últimos dos meses diez intentos de suicidios en barrios como Los Vázquez, Heredia, Ara San Juan y Villa Angelina; de esos diez intentos, nueve fueron de nenes de entre 14 y 16 años".
Para el especialista, lo que sucede en Tucumán es el reflejo de una problemática nacional y continental. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, tras la pandemia el suicidio se convirtió en la principal causa de muerte en la franja que va de los 14 a los 23 años, desplazando a los accidentes viales. Mustafá advirtió que, a pesar de este escenario, el gobierno nacional redujo un 44% el presupuesto en salud mental y alertó que "la crisis material se transforma en crisis subjetiva; hay que entender qué está pasando en la estructura, porque no es normal que un chico decida no llegar a los 20 años".
El análisis de Mustafá fue profundo respecto a las causas sociales, señalando que existe un vacío derivado de discursos individualistas y neoliberales que generan un proceso de deshumanización. "Ser joven en la Argentina hoy es muy angustiante porque la idea de futuro es amenazante, no se ve el horizonte y se vive en un presente continuo que implica una angustia de no poder proyectar", explicó. Según su visión, este escepticismo impacta tanto en los sectores populares, por la falta de recursos materiales, como en sectores de clase media o alta que sufren el vacío de tenerlo todo resuelto pero sin un sentido vital.
En este contexto, el consumo de sustancias aparece como un lugar de sostén o evasión ante la frustración constante. Mustafá denunció que el narcomenudeo ha logrado una "legitimación simbólica" en los barrios, donde el transa se convierte en un referente que cubre las ausencias del Estado, desde prestar dinero hasta organizar festejos del Día del Niño. "Se instala una narrativa donde predomina la estética sobre la ética: les dicen '¿para qué vas a estudiar si vendiendo droga en seis meses te comprás la moto?'; eso va destruyendo los valores del esfuerzo, del trabajo y del respeto en el barrio", sentenció.
Finalmente, el funcionario hizo un llamado a "volver a humanizar" los vínculos para reconstruir el entramado social roto por el aislamiento tecnológico y el individualismo. "La mejor forma de enfrentar esto es volver a organizar la comunidad, volver a plantear el problema en la mesa y armar esa red, porque nadie se salva solo", afirmó. Mustafá concluyó que el Estado debe estar presente no solo para la asistencia ante la urgencia, sino para garantizar derechos básicos como salud, vivienda y educación, devolviéndoles a las nuevas generaciones la idea de que "vale la pena vivir en este país y pelearla".