En una emotiva entrevista en La Tucumana FM 95.9, el profesor Carlos Carrió compartió su alegría por haber sido seleccionado como uno de los 24 finalistas del premio Docentes que Inspiran, una distinción nacional que reconoce trayectorias educativas transformadoras. "Buscamos que los chicos aprendan, pero también que desarrollen empatía, valores y compromiso social”.
Carlos Carrió, uno de los tres tucumanos finalistas, en los estudios de La Tucumana Fm / Captura de video.
En una emotiva entrevista en La Tucumana de Mañana (La Tucumana FM 95.9), el profesor Carlos Carrió compartió su alegría por haber sido seleccionado como uno de los 24 finalistas del premio Docentes que Inspiran, una distinción nacional que reconoce trayectorias educativas transformadoras. Carrió, junto a sus colegas tucumanos Diego Bazán (Escuela 28 de Tafí del Valle) y Roberto Córdoba (Escuela Técnica de Monteros), representan a la provincia en esta iniciativa organizada por la Fundación Varkey con el apoyo del Grupo Clarín. “Es una alegría que comparto con todos los docentes tucumanos que trabajan comprometidamente con la educación”, expresó.
El proceso de selección, explicó Carrió, fue riguroso: más de 4.000 docentes de todo el país fueron considerados antes de llegar a los 24 finalistas. El docente tucumano destacó que el jurado —que incluye al científico Diego Golombek— valora no solo proyectos puntuales, sino trayectorias que hayan generado cambios reales en alumnos y comunidades. En su caso, se puso en valor su trabajo de más de 30 años en la educación ambiental, una labor que atraviesa su rol en el Colegio Kinder como jefe de laboratorio y en su cargo como director de Educación del municipio de Tafí Viejo.
Uno de los hitos en su carrera fue el premio del MERCOSUR a la investigación, obtenido en 2007 junto a estudiantes del Colegio San Patricio por un proyecto que transformó el yantén, una hierba medicinal, en productos como cremas para el tratamiento de heridas en pacientes diabéticos. También se destacó el trabajo con el árbol autóctono lapacho rosado, con el que identificaron bacterias capaces de biodegradar hidrocarburos, en colaboración con científicas del CONICET. “Siempre trabajé desde la idea de volver al ser, a la naturaleza, por eso hablo de educación ambiental ontológica”, explicó.
La experiencia con los “Guardianes Ecológicos” es quizás uno de los legados más potentes de Carrió: una pedagogía que saca al estudiante del aula y lo conecta con su entorno. En Tafí Viejo, más de 250 chicos participaron de este voluntariado, realizando acciones como reciclado, plogging y concientización ambiental. “Cuando un alumno abraza un árbol o mete los pies en el agua, construye un vínculo afectivo con la naturaleza. Y cuando uno siente que algo es suyo, lo cuida”, reflexionó.
Entre otras experiencias conmovedoras, Carrió compartió cómo su propio hijo recicló residuos electrónicos para construir una impresora 3D con la que fabrica anteojos para personas de bajos recursos. “Ese es el impacto que buscamos los docentes: que los chicos aprendan, pero también que desarrollen empatía, valores y compromiso social”, dijo. Hoy, como finalista de este prestigioso premio, Carrió no solo celebra el reconocimiento personal, sino que lo entiende como un homenaje colectivo a todos los docentes que transforman vidas a través de la vocación, el amor por la enseñanza y el compromiso con el prójimo.