VIOLENCIA MACHISTA

Los ataques sexuales y la importancia de "poder decir"

Una violación por parte de tres hombres a una joven y la denuncia de dos mujeres que sufrieron décadas de abuso por parte de su padrastro, pusieron a Burruyacú en el centro de la escena esta semana. El valor de los vínculos que contienen y un contexto favorable para poder hablar y comenzar a reparar.

26 Mar 2021 - 14:23

Burruyacu marchó para pedir Justicia. Foto Frente Dario Santillán.-

Esta semana Burruyacú se ubicó en el centro de la escena tras conocerse dos situaciones de abusos sexuales ocurridos en esa localidad. Una movilización popular organizada por gente del lugar y acompañada por organizaciones feministas dejó en evidencia, el largo camino que les falta recorrer a las instituciones tucumanas, en materia de violencia de género.

La manifestación que se realizó el pasado domingo fue impulsado luego de que se conciera el caso  de Andrea, una joven que denunció que tres hombres la violaron en la casa de un amigo y  Melanie, otra joven mujer pudo hablar sobre los que sufrió junto a su hermana, durante más de una década por parte de su padrastro. Ambos casos, ocurrieron en la localidad del noreste tucumano.

“La exacerbación de la violencia sexual está ligada a la crisis que estamos viviendo y a la violencia generalizada, económica y social. Pero hay que destacar que, paralelamente al incremento de la violencia, el repudio y la condena social como crítica al rol de las instituciones tucumanas, también crece, porque esos hechos no se toleran más”, asegura la psicóloga Lorena Bernabey en diálogo con eltucumano.com.

La profesional que, además es fundadora e integrante de La Casa de las Mujeres Norma Nassif, destaca la relevancia de la  respuesta social ante este tipo de ataques. Lo que ocurrió con Andrea, no es independiente del otro caso de Melanie. Hay que pensar también en la revuelta popular que se armó y fue una de las más grandes del último tiempo".

"La sociedad, denuncia cada vez más la cultura de la violación como inaceptable. Esa cultura de la violación, reproduce la hegemonía masculina como modelo de la sexualidad. En las violaciones se denota  esta concepción hegemónica de sexualidad, en términos de dominación y sumisión, donde les queda a las mujeres el lugar de sometimiento y opresión".
 
En esta dirección, detalla que, en los casos de ataques sexuales, el tiempo en el que le víctima logra hablar y procesar el evento traumático, es distinto en todos los casos. Además, el momento en que la víctima se siente habilitada para hablar del abuso, está directamente relacionado con que encuentren el contexto indicado.

¿Cómo se genera ese contexto?, para Bernabey es fundamental que la persona que fue atacada, encuentre vínculos que le ofrezcan una escucha sin prejuicios y dispuesta a percibir el horror. Además, el incremento en los últimos años del repudio social a este tipo de ataques, generan mejores condiciones para poder hablar. "Se gesta una mirada crítica acerca de las instituciones y del lugar social que ocupan las mujeres. Esto permite que, aún en situaciones de profundo dolor, se pueda encontrar condiciones para hablar", explica. 
 
La importancia de poder decir

La profesional hace hincapié en la relevancia de que, las personas que sufrieron algun ataque sexual puedan relatar lo que ocurrió. "En la medida que se va pudiendo decir, y nombrar lo que pasó, hay un efecto de ir rompiendo con la vergüenza y la culpa. Se genera un efecto en términos de verdad. Poder resonar con otras, con esas mujeres íntimas con las que se puede hablar, desde una escucha libre de prejuicio, genera un efecto ordenador, en términos de poder relatar lo hechos como sucedieron", relata. 

De esta manera, se le abre la posibilidad de posicionarse y reconocer los roles en la situación del abuso. "Lo vemos mucho en la clínica. Poder posicionarse como víctima no es lo mismo la revictimización. Sino que apunta a que, en ese relato se pueda ordenar con claridad quién es el responsable y quién es la víctima", explica. "El violador no es un par, no es un enfermo, es alguien que concretamente dañó", añade y remarca que el ataque sexual nunca es una consecuencia de alguna acción que previamente realizó la víctima.
 
Señalar con claridad al responsable y a la victima tiene un efecto positivo en términos de salud mental. Posteriormente a esa etapa del proceso, la víctima es capaz de exigir una reparación. "Ese relato, que tiene un efecto desculpabilizador, es clave", subraya la Psicóloga y miliatante feminista.

Además reconoce que, basta con ver los carteles en las marchas contra los femicidios y los ataques de violencia de género para saber que las instituciones no dan respuesta para las mujeres. "Muchas veces las repuestas vienen de las organizaciones sociales y feministas, o bien de la misma prensa. Las mujeres elijen en repetidas ocasiones a los medios de comunicación para hacer estos planteos y no las instituciones del estado que tienen esa función de velar por nuestros derechos", detalla.

En esta lima aclara que los medios pueden ser aliados en este tipo de casos, o bien pueden reproducir el discurso hegemónico. "Hay medios de prensa que operen para legitimar la palabra de la víctima y facilitan el contexto para que aparezcan otras denuncias similares y operan para avanzar en términos de reparación. Pero también están los medios que favorecen la revictimización y brindan una mirada desde el discurso hegemónico que refuerza el lugar de sometimiento de las mujeres", reflexiona.

Según la experiencia de Bernabey, no hay esquemas rígidos para superar una violación, en cada mujer es diferente ese proeceso, pero recalca que la condena social y la constatne denuncia por parte del movimiento de mujeres, son condiciones favorables para que las víctimas puedan hablar.

"Las violaciones son experiencia traumática que pone en jaque la subjetividad de cualquier mujer, pero no tiene que ser devastadora necesariamente. Se pueden encontrar las herramientas para la  tramitación de ese trauma y encada mujer, se van apareciendo los camino de reparación", expone.





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