VIOLENCIA DE GÉNERO

"Cerré los ojos y le pegué, era mi vida o la de él"

El 21 de septiembre de 2020 Vanesa Osorez mató de tres puñaladas a su ex pareja. En diálogo con eltucumano, cuenta en primera persona la pesadilla que vivió durante nueve años y que terminó en la noche del crimen.

21 Feb 2021 - 21:21

-Señora, digamé la verdad, ¿Qué pasó?, arremetió un oficial de policía.
- Bueno, está bien, le voy a decir la verdad: yo lo maté - respondió la mujer.

Era la una y media de la madrugada del 21 de septiembre de 2020. Vanesa Osorez acababa de matar a su ex marido.

Después de confesar el crimen, la joven de 28 años fue trasladada a la Brigada Femenina. Allí amamantó a su bebé de seis meses durante dos días, hasta que un defensor oficial intervino para que regrese a su casa a continuar con la preventiva.

Vanesa y Javier se conocieron hace nueve años y se enamoraron al instante. Ella era madre soltera de una niña; él atravesaba una situación de consumo problemático y limpiaba vidrios en las esquinas. En una charla con eltucumano, la joven confiesa haber intentado ayudarlo con su adicción, pero todos los intentos fueron en vano. Ella lo describe como un hombre “muy celoso”, y cuenta que al poco tiempo de haber iniciado la relación comenzaron los golpes.

“No me dejaba hablar con nadie, sólo tenía que estar con él. Si miraba a alguien en la calle me decía 'seguro es un macho tuyo’ y me pegaba. Me decía que yo era sólo suya, y yo era tontita y siempre le hacía caso”, relata.

Vanesa le cuenta a este diario cómo fue la primera escena que la aterrorizó. “En 2014 quiso quemarme la casa con mis hijos adentro. Hice la denuncia en la comisaría, pero a los días me dijeron que no podían hacer nada porque yo no había ido a ratificar la denuncia”.

Una semana antes del hecho fatal, Javier irrumpió de noche en la casa donde vivía Vanesa con sus hijos. La tomó del pelo, la tiró en la cama y la estranguló. La joven, casi sin aire, se orinó encima. “Ya está, la vas a matar”, le suplicó uno de sus hijos. La relación estaba rota hace tiempo y la pareja ya no convivía, pero él volvía todos los días y le repetía la misma frase: “yo soy el dueño de tu vida”.

Al día siguiente, domingo, Vanesa fue a la Comisaría Novena a radicar la denuncia. Cuando llegó le dijeron que no se la podían tomar porque no estaba el jefe, y le pidieron que regrese al día siguiente. Ese lunes la joven volvió y le repitieron la misma excusa: el jefe no estaba y no le podían recibir la denuncia. Y de nuevo: “vuelva mañana”. “El martes ya no fui. Me parecía que no tenía sentido. Yo iba a la comisaría en mi moto, cargando mis tres hijos, uno de ellos con Síndrome de Down, y el bolso del bebé. La zona donde está la comisaría es peligrosa. Yo ya no quería ir con mis hijos corriendo el riesgo de que me roben la moto. En el fondo me dije: ‘igual no van a hacer nada los policías’. La denuncia nunca quedó registrada.

Cuatro días después, la vida de Vanesa cambió para siempre. El reloj marcaba la una cuando golpearon la puerta. Era Javier, de nuevo. “Mi hijo le abrió la puerta, él entró a la pieza y se acostó en la cama al lado mío”, recuerda la joven, y continúa: “yo le dije que no tenía nada que hacer, que se vaya. Ahí empezamos a forcejear”.

La pareja salió a los golpes de la habitación, donde quedaron los tres niños encerrados. “No ves cómo llora la bebé?, ándate”, fueron las últimas palabra de Vanesa a su ex novio, el padre de sus dos hijos varones. Cuando quiso salir al patio de la casa, Javier la tomó de los pelos y la regresó a la cocina, donde le golpeó la cabeza contra la pared.

Ella vuelve otra vez a la escena del horror: “en la mesa de la cocina había un cuchillo sierrita, lo agarré. El no vio cuando agarré el cuchillo. Entonces cerré los ojos y le pegué. Él se cayó al piso y no se levantó más. Agarré un toallón para limpiar la sangre y empecé a buscarles las heridas. Para mí estaba vivo, nunca me imaginé que estaba muerto. Le hice oler alcohol y después le hice respiración boca a boca, yo seguía pensando que estaba vivo”.

La hija de la joven, de 10 años, llamó a la policía, pero le dijeron que no tenían móviles, que podían ir en una hora. Entonces la niña llamó a su abuela, la madre de Vanesa. “Mi cuñado llegó en la moto a mi casa, entró, vio todo y salió volando. Al rato volvió con un policía que había encontrado en la calle”. La ambulancia tardó una hora y media en llegar. Los médicos revisaron y Javier y constataron su muerte. Tenía tres heridas en la zona del pecho y los pulmones.

“Después de la ambulancia llegó otro policía y me preguntó qué había pasado. Yo le dije lo primero que me salió: que habían entrado a robar y lo habían matado. Le mentí porque pensé en mis hijos ¿Quién se iba a hacer cargo de ellos si me metían presa?”. Apenas minutos después de esa versión, Vanesa se quebró y confesó el crimen.

Ahora le cuenta a este diario que está arrepentida de lo que hizo, pero entiende que en ese momento su vida corría peligro. “Sé que soy culpable aunque me haya defendido. Yo soy una buena persona, sólo quiero que me den una nueva oportunidad y que entiendan que yo sufría violencia de género, que entiendan que era mi vida o la de él”.

Hasta el momento, el juicio contra Vanesa no tiene fecha. El pasado 8 de febrero le prorrogaron por 30 días la prisión preventiva que cumple en su casa con sus tres hijos. 

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