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"Mis clientes dicen que son las más ricas": Lucía, el secreto de las famosas empanadillas de Tafí Viejo

HISTORIAS DE ACÁ

Tiene 20 años y desde los 8 ayuda a su madre Sonia a venderlas como pan caliente. Quién es la joven que recorre la avenida Alem todas las mañanas y tienta con dos palabras: "¿Quiere una?". | Por Alfredo Aráoz

Las empanadillas más ricas de Tafí Viejo.





Alcanza con tomar el colectivo de la línea 130 cartel Próspero Mena para pasar por su casa, distinguirla a través de la ventanilla por el aroma a clavito de olor, dejar que la vista se empañe por el calor de los hornos de barro o seguir unas cuadras más de largo hasta bajarse cerca de la avenida Alem, alma, bar y vida de Tafí Viejo.

Si la plata alcanza y el antojo apremia, también basta con poner en el Uber como destino la palabra mágica Rigoletto y ya está: 9 mil pesos desde el centro de San Miguel de Tucumán hasta Tafí, 30 minutos de charla y Los Iracundos con el chofer Álvaro Ignacio y vualá: en la esquina del mítico café Blonde, entre una Marilyn Monroe amarilla como el sol de la mañana, entre los feligreses que hacen la C de cortado, aquí viene ella.

Lucía Gabriela Ruiz se acerca a la vereda colmada del bar donde una hermana mayor ha cobrado el aguinaldo e invita a los más changos las promos de dos licuados y un tostado por 10 mil pesos, a las hermanas más grandes les invita un proteico con un bowl inmenso de yogurt, frutos secos, frutas frescas y miel.

Alrededor de la escena, los habitués del café leen La Gaceta y le preguntan a la moza: "Sara, ¿ya ha salido lo mío?". Mientras las chicas de Blonde preparan los pedidos, Lucía sonríe con una remera del Gato Silvestre y un piolín. Basta con que desate el cofre de los deseos en un táper inmenso cubierto por un mantel de cuadrillé para que aparezcan como dibujitos las protagonistas de esta historia.

 Al sol de las yungas, asoman doradas y redondeadas, bronceadas por el horno del Próspero y con el corazón relleno de cayote. "Hasta el 21 de septiembre es tiempo de cayote", dice Lucía de entrada, mientras quita el mantel que conserva el calor de las empanadillas que vende a 1.000 pesos cada una.

Como mucho de lo que sucede en la hermosa ciudad que es Tafí, las empanadillas de Lucía son una tradición: "Tengo 20 años y ayudo a mi madre desde los 8. Ahora en junio es el tiempo ideal para el cayote. Nosotras lo compramos y yo la ayudo a quitarle las semillas, una por una. Luego ella prepara el dulce, la masa, el repulgue y las manda al horno. Una vez que están listas, salgo todas las mañanas a vender. De lunes a viernes por las mañanas y los sábados por las mañanas y también por las tardes", le cuenta Lucía a eltucumano.

Mientras mi amigo José Luis realiza un breve sorbo con los ojos cerrados al café que probó por primera vez con su padre José Rolando, mientras realiza un bocado a las medialunas que disfrutó con su madre Ana María y sus hermanas Ana, Noelia y Susana, mientras los recuerdos se revuelven con una cuchara de café y dos de azúcar, mientras la nostalgia se pasa con un trago frío de soda, mientras la Kuky trabaja y Lucas y Camilo crecen, mientras se escuchan las tijeras de Abel y Marcelo en la peluquería Géminis de la galería Zarzosa, aquí arriba de las catacumbas del Nene Sánchez y cerca de Ponte, aquí Lucía habla de su propia familia: "Mi mamá se llama Sonia María y mis tías Flavia y Mariela. Hacen empanadilla, tamal, bollo, humita, y locro para los días tradicionales, todo desde la casa".

Rumbo al 9 de Julio, el público ya sabe a quién pedirle el locro patrio. ¿Y las empanadillas? ¿Qué tal están? "Me han dicho mis clientes que sí, que son las más ricas de Tafí. Gracias a Dios se venden. Yo misma las disfruto. Eso sí: a mí me gusta el cayote, no la batata", se ríe la joven emprendedora y aquí el escriba de esta nota las prueba de un solo bocado y con la boca llena de cayote confirma: son una belleza.

Alcayota o calabaza blanca, pariente del zapallo, crece en patios mientras suena una copla que evoca a La Nina. Verdes y fibrosos desde que los plantaron los aztecas hace más de cuatro mil años, con la llegada de los españoles se les comenzó a decir cayote. "Son bien ricas las empandadillas. Tienen clavo de olor", agrega Luciana.

Pesados y con rayas amarillas, es de bien ayudar a nuestras madres a levantar los 3 kilos que pesan los cayotes. Es de bien quitarles las semillas grandes y oscuras para que sea dulce o almíbar

Es de bien saludar con un buen día a Lucía y pedirle una empanadilla para el camino, o para cruzar la pasarela hasta la cancha de Talleres, o para gritar un gol de Lililo, y para quedarse con las ganas y mandarle un whatsapp por pedidos al 381 6686350, para disfrutar de las empanadillas más ricas de Tafí. Una, unita, dos, una docena. Empezó el invierno en Tucumán. Prepare el mate, caliente el café. El cayote lo pone Lucía.