El oficialismo y la oposición transitan el año electoral en el que Tucumán renueva cuatro bancas en Diputados, tres en el Senado y que marca la cancha rumbo a 2023. Será clave si hay o no PASO. El PJ prorrateó la interna y espera un movimiento de CFK, los radicales colisionan y el alfarismo espera agazapado.
Manzur y Jaldo firmando convenios con Katopodis: ¿quién define las listas? Foto: Facebook Osvaldo Jaldo
El primer mes de 2021 llega a su fin y comienza a correr el calendario electoral en Tucumán, aun con la incertidumbre de si se realizarán o no las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de cara a los comicios en los que nuestra provincia renovará cuatro bancas en la Cámara de Diputados y tres en el Senado.
El gobernador
Juan Manzur integra el bloque de mandatarios provinciales que
requirió al presidente Alberto Fernández la
suspensión de las PASO en el marco del -nuevo- año pandémico. Ya desde fines de 2020 un grupo de gobernadores oficialistas y opositores insisten en activar el 'modo ahorro' y desestimar las Primarias, cuyo costo ascendería hasta unos $ 10.000 millones.
En el encuentro del
Consejo Regional del Norte Grande, 10 gobernadores del NOA solicitaron a Fernández suspender las PASO y unificar los comicios: esto no afecta a Tucumán que sólo renueva siete bancas en el Congreso Nacional y no gobernador y/o legisladores provinciales como Corrientes y Santiago del Estero.
Desde el peronismo tucumano especulan con la suspensión de las PASO para terminar de detonar la interna de Juntos por el Cambio: el macrismo tucumano hoy se divide entre los dirigentes alineados detrás de la "patriada" de los intendentes
Mariano Campero (Yerba Buena) y
Roberto Sánchez (Concepción), quienes
impulsan un Frente Amplio Opositor con
Ricardo Bussi y Fuerza Republicana y los 'históricos' con
José Cano y
Silvia Elías de Pérez a la cabeza.
Interna radical, amor larretista
Las visitas de los foráneos Alfonso Prat Gay y
Gerardo Morales para mostrarse y reivindicar las posiciones de ambos bandos dentro de la interna radical, que es también la interna de Juntos por el Cambio, es una muestra de que
las posibles alianzas que se tejen en Tucumán son observadas de reojo desde todo el país, especialmente desde la Ciudad de Buenos Aires, cuando el macrismo planifica su primera elección como fuerza opositora y cuando el Frente de Todos y principalmente Alberto Fernández parecen más debilitados que nunca.
En el marco de la pandemia, tanto el tándem
José Cano - Domingo Amaya como el propio intendente Campero compartieron
encuentros presenciales y vía Zoom con el jefe de Gobierno porteño,
Horacio Rodríguez Larreta, que
se perfila como nuevo líder de la oposición mientras Mauricio Macri se aboca a su novedosa fundación y parece no dispuesto a competir electoralmente en 2021.
Si se realizan las PASO, tanto el flamante Frente Amplio de Campero, Sánchez y Bussi como la alianza Cano, Amaya y Elías de Pérez podrían dirimir candidaturas en una interna en la que pondrán en juego dos o tres bancas, dependiendo quién pregunte: la del propio Cano y la de Beatriz Ávila en Diputados y la de Elías de Pérez en el Senado.
Si no hay PASO, después de tanto fuego cruzado parece imposible alcanzar una lista de unidad y la decisión podría quedar supeditada a lo que dispongan desde Buenos Aires, donde tampoco tienen claro si la lapicera para el armado de listas quedará en manos de Larreta, del expreisdente Mauricio Macri o del núcleo duro de la UCR, que hace años reclama mayor preponderancia en el espacio a partir de su peso territorial en todo el país, algo de lo que no goza el PRO.
Esta semana, el propio
Cano le reclamó a Campero y Sánchez sus renuncias si decidían ser candidatos en 2021, y desde su entorno recordaron que el referente macrista renunció a su banca en 2013 para ser candidato a gobernador, esgrimiendo que "no especulan con cargos".
Lo que han olvidado desde el 'canismo' es que Elías de Pérez no renunció a su banca en el Senado para aspirar a la gobernación en 2019 y que la lista que encabezó el propio Cano en 2017 incluía en el tercer lugar al mismísimo Roberto Sánchez, quién ya
puso primera en su camino hacia Casa de Gobierno y en aquel entonces
prometió no dimitir a la intendencia de 'La Perla' si resultaba electo. Ver a Ávila con el sello de Cambiemos hace masticar de bronca a los macristas tucumanos.
Fumando abajo del agua
El Partido por la Justicia Social (PJS) y su líder, el intendente Germán Alfaro, por ahora se mantienen ajenos a la interna radicalmente cambiemita y casi que fuman abajo del agua: el alfarismo tiene todo claro y reclama el primer lugar en la lista de senadores para buscar el ascenso de Ávila a la Cámara alta; que en Diputados se maten entre ellos, siempre y cuando Fuerza Republicana no tenga nada que ver con el espacio.
Esas son las condiciones de Alfaro, a sabiendas de contar con el mayor capital simbólico y electoral en esta partida: la intendencia capitalina. Si no hay acuerdo que los incluya, el PJS saldría solo y se tiene sobrada fe para conservar su banca en Diputados, disputar la primera minoría (con la UCR wubrada) y proyectar a Germán a la gobernación y retener la intendencia en 2023. Por las dudas, Alfaro también mantuvo un encuentro virtual con Larreta y cuidó su relación con Casa Rosada al recibir con honores al ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, en plaza Independencia.
Alfaro con Larreta, vía Zoom. Foto: Twitter @alfarogerman
Las prioridades y el poder de veto
A fines de 2020, Juan Manzur y Osvaldo Jaldo acordaron entre sí y con todos los intendentes peronistas postergar la interna oficialista para 2023 y mantenerse 'unidos y organizados' para retener las bancas que el PJ tucumano pone en juego. Resignar bancas que caigan en manos ajenas sería un duro golpe hacia 2023 y muy mal visto desde Casa Rosada, donde esperan un holgado triunfo en Tucumán para mantener o incrementar sus votos en ambas Cámaras.
Desde Casa de Gobierno afirman que el gobernador Juan Manzur habría decidido ubicar a hombres y mujeres de su extrema confianza al frente de las listas, para ampliar los límites del manzurismo más allá de 25 de Mayo y San Martín. El diputado
Pablo Yedlin, cuyo mandato vence este año, ya
se anotó para ser reelecto o para aspirar a una banca en el Senado, mientras que
detrás de él se anotan casi todos los ministros -y especialmente las ministras- del Poder Ejecutivo provincial, mientras que otros postulan al legislador
Gerónimo Vargas Aignasse, recordando que fue candidato de
Sergio Massa, presidente de Diputados y pata indispensable del Frente de Todos.
El jaldismo tiene la mente puesta en 2023, pero no ocultará sus intenciones de que Gladys Medina aspire a mantener su banca en Diputados, siendo Darío Monteros uno de los principales aliados del presidente de la Legislatura. Sería un riesgo que "el hombre del interior" cómo lo han llamado históricamente en los actos proselitistas, no apoye la lista oficial, por lo que algún lugar reservado debería tener sin dudas para hacer valer su peso territorial en la campaña del Frente de Todos en Tucumán.
El principal problema del manzurjaldismo radica en el poder de veto y los nombres que pueda proponer la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner: el Albertismo aún no ha florecido y el Presidente apunta a conducir el PJ Nacional, mientras Máximo Kirchner se disputa con los barones del conurbano el PJ Bonaerense, donde se juega la madre de todas las batallas. Desde Buenos Aires no descartan que CFK sea la editora final de las listas nacionales y reclame (¿quién podría decirle que no?) la presencia de dirigentes de su riñón en las listas.
El nombre de
Beatriz Rojkés de Alperovich vuelve a merodear como un fantasma que recorre Tucumán, cuando el alperovichismo parecía caído en desgracia. En 2019 se especuló con la posibilidad de que la expresidenta provisional del Senado
se haga cargo de alguna Embajada, pero la denuncia por presunto abuso sexual contra José Alperovich habría puesto un freno al citado plan con el que CFK apuntaba a reconocer la lealtad de "su amiga" Betty.
Por las dudas, desde la conducción de la Legislatura han aceitado relaciones con la legisladora
Sara Alperovich, la diputada
Mabel Carrizo y
Jesús Salim, jefe regional de Anses y eventuales nexos con el núcleo más duro del kirchnerismo nacional. Por su parte, el exdiputado nacional
José Vitar ha roto filas con el peronismo tucumano y
se dispone a lanzar su propio armado filokirchnerista, desafiando al aparato oficial.
Durante el primer año de Gobierno del Frente de Todos, Manzur apenas pudo ofrecer algunos votos en la Cámara baja mientras que el ausente José Alperovich y Beatriz Mirkin no le respondían en el Senado, donde su poder fue nulo. De allí su especial interés en ganar peso con funcionarios de su riñón en el Congreso para ganar terreno en las consideraciones de Casa Rosada, donde algunos no olvidan que es ferviente opositor a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), caballo de batalla del incipiente fernandismo. El jaldismo quisiera llevar al Congreso a algunos de los posibles adversarios del tranqueño en 2023 y dejarlos "fuera de juego", mientras se especula con que el propio Manzur ocupe un lugar en la nómina (quizás como suplente) para tener una banca asegurada al finalizar su mandato.
Con la posibilidad cada vez más remota de una Reforma Electoral que le permita aspirar a un tercer mandato cada vez, Manzur buscará perfilarse como el "Gran Elector" del peronismo tucumano y del NOA: con un triunfo contundente espera ganar 'jugadores propios' en ambas Cámaras, para ganar poder de negociación de cara a sus dos últimos años de mandato y regalarle una victoria holgada a su amigo Alberto Fernández para volver a la primera línea del albertismo, como en aquellos tiempos de la campaña nacional en 2019.
Sin certezas sobre las PASO, tanto el oficialismo como la oposición comienzan a transitar el 2021 electoral conscientes de que Dios, como siempre y aunque no existe, atiende y firma listas desde Buenos Aires: el peronismo tucumano ha prorrateado la interna manzurjaldista para el día después de las elecciones, mientras que el radicalismo tucumano hizo públicas sus diferencias y corre riesgo de colisionar. Fuerza Republicana se alinea con un sector radical mientras algunos los miran con especial desconfianza, mientras que el alfarismo tiene claro su norte y se mantiene alejado de la feroz interna.
El 2021 es la antesala del 2023 y los jugadores ya muestran sus cartas. Apenas han transcurrido un mes del año electoral y la cosa está que arde, para alquilar balcones, y no hay lluvia que le baje el calor a las internas y las especulaciones en pleno verano tucumano.