Se conocieron en el verano del 98, pero algo increíble pasó y dejaron de verse durante 20 años. Ahora, se reencontraron e inventaron la forma para no soltarse más. La historia y el video de una pareja marcada a fuego por el destino.
Viviana y Alejandro, en bici para toda la vida.
“Cómo te atreves a golpear a mi puerta…”, canta Daniel Agostini y los vasos de plástico quieren tocar el cielo de Remolino, el boliche de Concepción. Podrían haber ido a Lola o Diesel, pero ese sábado a la noche, un sábado a la noche como hoy, pero hace 20 años, Viviana salió a bailar con sus amigas a Remolino. “Cómo es eso que quieres de nuevo mi cariño…”, canta a coro con las chicas cuando de repente aparece él: “Alejandro me sacó a bailar y como teníamos una amiga en común, se quedó toda la noche con nosotras. Así empezó todo”.
Esta historia deja la calle Italia donde quedaba Remolino y continúa cuando Alejandro y Viviana, después del ruido de la noche, compartían las tardes en el lugar creado para las parejas: el banco de la plaza. “Estábamos ahí charlando de lo más bien hasta que pasa mi papá, nos ve y me mete al auto. Fue intenso ese tiempo pero nunca nos pusimos de novios ni me dijo bien qué es lo que él sentía por mí. Yo era de barrio Riera, y él de barrio Belgrano. Después de lo que pasó con mi papá, él averiguó dónde quedaba mi casa y me fue a buscar, pero mi mamá le mentía que yo no estaba. Se cruzó a mi hermana en la calle y le preguntó por mí, pero nunca le dijo nada y dejamos de vernos durante 20 años. Hasta que nos reencontramos”.
En diálogo con el tucumano y antes del reencuentro sin verse durante dos décadas, Viviana cuenta que ambos siguieron con sus vidas: ella se casó, tuvo hijos, vivió en Río Negro, Alejandro también formó familia, vendió empanadas con su madre, pero cuando el destino está marcado pasa lo que pasó: cada uno se separó y volvieron a ponerse en contacto a través del lugar creado para las parejas que se conocieron en un banco de plaza, se distanciaron 20 años y ahora pueden volver a encontrarse con una simple solicitud de amistad: el Facebook. “Yo le mandé la solicitud a él. Empezamos a chatear el 19 de julio del año pasado. Nos pasamos los teléfonos, hablábamos, hacíamos videollamadas, nos escribíamos cartitas, pero todavía no nos habíamos visto hasta que vino un día a mi casa, ya en Tucumán”.
Esta historia continúa en la vereda de barrio Parque: Alejandro fue a buscar a Viviana en su moto. Viviana lo esperaba en la vereda porque esos momentos son para la vereda, bajo el sol de Concepción, con ella en la puerta de su casa, esperando que el ruido de la moto que suena de lejos se acerque y termine como termina: “Bajó de la moto y el reencuentro fue muy lindo. Nos dimos un hermoso abrazo. Y todo lo que habíamos sentido el uno por el otro hace 20 años volvió con más fuerzas todavía”.
El próximo viernes Viviana y Alejandro cumplen un año juntos. Durante estos últimos meses, como dos personas que no pierden la esencia de otros tiempos, salían en bici por todas partes: a pasear, a hacer las compras, a visitarse uno al otro, pedaleando al mismo tiempo, doblando para el mismo lado en las esquinas, a veces ella adelante, otras veces él, algunas al lado del otro, pero con esa distancia lógica, de un metro, o menos, entre dos personas que andan cada uno en su bicicleta.
Es entonces que esta historia sumó una nueva protagonista construida por el propio Alejandro para sintetizar el sentimiento que los une. Lo cuenta a él a los amigos de Canal 5, al Bahiano Figueroa y a Pato Guzmán que los entrevistó en la plaza de Concepción: “Vimos en internet una bici doble hecha con otro material, claro, hace unos 50 años. Buscamos los materiales y armé el regalo para ella por el primer año que andamos en pareja”, cuenta orgulloso nuestro protagonista. “Es una bici común, con varias piezas de otras bicicletas que tuve que cortar y la armé en un mes. Aprendí de Parque, un amigo de Graneros que ya falleció, pero él me enseñó todo. No es mucha ciencia: un poco de soldadura y a probarla y andar por la plaza”.
Y la enamorada agrega: “Primero hizo una bici doble común: uno adelante y otro atrás, pero vimos otra igual y con Alejandro seguimos buscando otra: me mostró esta y me preguntó qué me parecía: ‘Así vamos abrazaditos mientras andamos en bici y de paso va a ser nuestro regalo’, me dijo. Y yo obvio que le dije que sí”, cuenta con la voz emocionada, antes de cortar y contar que la bici del amor ya anduvo por todos lados. “Llegamos hasta cerca del molino, fuimos por Río Seco, y ahora queremos ir a Aguilares. La gente en las calles o en las rutas nos miran, nos paran, nos sacan foto, nos piden que le prestemos una vueltita, les gusta vernos en la bici”, se despide ahora sí Viviana porque Alejandro la espera en la puerta, la puerta que se abrió.