La gobernanza: el nuevo debate sobre lo público

Opinión

El abogado Julio Picabea (h) sostiene que la democracia representativa está en crisis. La construcción de nuevos modelos de gestión aparece como una forma de adaptarse a los nuevos tiempos.

Foto: Patrimonios Edilicios de Tucumán


Considero necesario un nuevo debate sobre lo público. Efectivamente existe un distanciamiento de la sociedad civil con la política tradicional, basada en la participación a través de los partidos políticos y en la elección de representantes de gobierno. Es una crisis de la democracia representativa en su conjunto.

Los partidos políticos forman parte de esa política tradicional, siendo los canales formales de participación de la ciudadanía en la vida pública. En mi opinión, actualmente, un gran porcentaje de la sociedad civil no se siente identificada o representada por los partidos políticos. Ademas, por otra parte, podemos observar como estas instituciones han dejado de cumplir algunas de sus funciones básicas, como ser: la formación de dirigentes y la promoción del debate público.

Hoy, en su mayoría, no son más que cáscaras vacías que sólo sirven como plataforma electoral (en la Provincia de Tucumán un factor que intensificó el vaciamiento de los partidos políticos es el regimen de “acoples”) ¿O no observamos en los últimos tiempos que esas funciones de los partidos políticos han sido absorvidas por Organizaciones No Gubernamentales? ¿No son acaso las ONG las que promueven el debate público, o sirven como escuela de formación de liderazgos? Ejemplos concretos son la CIPPEC, La Fundación Universidad Río de la Plata (FURP) o la Fundación Konrad Adenauer (KAS), todas instituciones comprometidas con el fortalecimiento democrático. Y esto ocurre debido a que el partidismo ha sido reemplazado por el personalismo.

Los nuevos lideres, favorecidos por los inumerables medios de comunicación y la aparición de las redes sociales, han logrado en los últimos tiempos consolidar una relación directa con la sociedad civil tornando innecesaria su vinculación con los partidos políticos. La sociedad hoy se identifica directamente con líderes y no con partidos. Esto a ocasionado que las instituciones partidarias hayan perdido un poco su protagonismo e incidencia como actores fundamentales en la vida pública.

La crisis de la política tradicional radica en gran medida por el fracaso en las acciones de gobierno. La sociedad civil no siente representados sus intereses o se desiluciona rápidamente con quienes ejercen la representación, ya que no ve satisfechas sus demandas sociales, o muchas veces, es víctima de gobiernos con índices elevadisimos de corrupción, como ocurrió en los últimos años en algunos países de América Latina (Brasil, Argentina, Guatemala y Venezuela, por ejemplo); o como ocurre hace años en algunos países de África. Esta crisis se la puede observar claramente en las democracias occidentales, donde existe un aumento recurrente de la abstención electoral y donde ha habido una merma notoria en la afiliación a partidos políticos. La democracia representativa está en crisis.

El nuevo debate sobre lo público debe versar sobre como recuperar la confianza de la sociedad civil en la política. Para ello estimo necesario, como primera medida, construir modelos de gestión pública cuya acción de gobierno otorgue mayor participación al ciudadano. Ya no basta con otorgarle participación cada dos o cuatro años, cuando se eligen representantes de gobierno.

Por otro lado, considero que debe darse un giro en la formulación de las políticas públicas. Actualmente el tejido social se encuentra ampliamente fragmentado y con diversos ejes de desigualdad. Las políticas públicas ya no pueden ser formuladas con una lógica de sectorialidad, sino que deben pensarse de manera más particularizada. Es decir, necesitamos políticas públicas mayormente individualizadas pero con cierto carácter integral, que contemplen soluciones abarcativas en diversos aspectos: salud, educación, trabajo, vivienda, etc. de manera tal de brindar una solución integra y sostenida a sus destinatarios. Deben ser políticas de acompañamiento vital.

Además, las nuevas políticas deben surgir a raíz de una visión amplia sobre la realidad, donde en su formulación participe el sector público en conjunto con multiples actores sociales, fundamentalmente con quiénes serán los destinatarios de la misma (Por ej:  el “Plan de Desarrollo del Noroeste” de la Provincia de Córdoba, una política de vivienda y desarrollo urbano fruto de una acción conjunta entre del sector público, el sector privado y los beneficiarios de la política).  Por eso decimos que este nuevo modelo de gestión pública debe promover una acción de gobierno plural y participativa. A este gobierno “en red”, es al que diversos autores denominan gobernanza.

Considero que la gobernanza, entendida como una forma superior de afrontar la complejidad social actual, a través de una acción de gobierno en red que dé participación e integre a los diversos actores sociales, es el camino que debemos tomar en esta nueva época. Es decir, pensar en un modelo de gestión pública que mediante nuevos mecanismos de participación ciudadana logré generar políticas públicas con capacidad para satisfacer las demandas sociales actuales.

En otras palabras, este modelo de gobernanza nos va a permitir: favorecer acciones de gobierno eficientes a raíz de integrar la visión de múltiples actores sociales sobre la realidad; y por otro lado, comenzar a recuperar la confianza de la sociedad civil con la política, con lo público.  Como bien expresa Subirats: “…se necesitan políticas más participativas y estrategicas, no para salir coyunturalmente de la crisis, sino para mejorar la capacidad de adaptación a una nueva época...”.


Julio Picabea (h)

Abogado

Especialista en Administración Pública

Presidente Fundación Tucumán Propone


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