Una noche emotiva para festejar el legado de Rosita Ávila

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Con una fiesta en la calle, banda musical y teatro se celebraron los 50 años de "Nuestro Teatro", la sala clave para el desarrollo de las artes escénicas independientes en Tucumán.

Foto de Luciano Billone - eltucumano.com




Rosita Ávila, elegante, está sentada con un vestido azul que la cubre desde los hombros hasta los pies, en una de las sillas que ubicaron sobre la calle Entre Ríos 109, al frente de su casa. Hace 50 años, allí abrió sus puertas Nuestro Teatro, la histórica sala independiente que hoy se festeja su medio siglo.  “Ella nos ha llenado el barrio, la calle y la vida de personajes”, dice Manuel Villarrubia interpretando a Marta, una vecina de Rosita, en la obra que presentaron en el festejo.  Rosita aplaude, se ríe; recibe el cariño que ha sembrado desde sus 17 años, cuando por primera vez se subió a un escenario. 

La sonrisa de la agasajada iluminaba a los presentes. Desde su casa caminó hasta la vereda siempre de la mano de Cristina Fiz Lobo, la maestra de ceremonia de la noche.  En el camino se detuvo varias veces para saludar a los colegas que se habían acercado a festejar con ella. Se tomaban de los hombros, con las dos manos, mientras se miraban sonriendo. 



En la vereda la esperaba la Banda Municipal  Pese a su bastón, Rosita, no perdió la oportunidad de bailar con sus amigos y miembros de la banda apenas empezaron a sonar los primeros acordes de las canciones españolas elegidas para la ocasión. Rosita parecía una quinceañera que bailaba el vals con cada quien que se acercó a saludarla.

Durante una hora permaneció cortada la Entre Ríos. Un escenario en la vereda y sillas en la calle armaron esta fiesta de barrio, remontando la memoria de algunos cincuenta años atrás cuando esa calle todavía no estaban tan poblada y cada tanto pasaba un auto.


El momento central de la noche fue cuando se descubrió la señaléctica informativa que indica la historia de la casa de rosita, donde supo funcionar la sala de teatro. Acompañada de Alberto Díaz, uno de sus compañeros en los escenarios, descubrió la placa mientras se le escapaban lágrimas.

Una vez finalizada esta parte, Rosita se sentó en el público acompañada de su fiel compañera Cumi, una perra sin raza que la siguió atentamente toda la noche. Entre el público que la rodeaba se podía ver a las glorias del teatro tucumano como Juan Tríbulo o Ricardo Sobral, mezclados con jóvenes como Gabriel Carreras.


Rosita no habló, simplemente escuchó el cariño de las palabras de Tríbulo, que recordó lo que se vivía en la provincia hace cincuenta años, y la carta que envió Carlos Alsina, uno de sus alumnos: "Este fue un espacio de resistencia", escribió desde Italia. 

Luego la Municipalidad de San Miguel de Tucumán le regaló una réplica del Monumento del Bicentenario y un ramo de flores. Sobre el final Alejandro Sandoval cerró cantando. 

Rosita festejando en el interior de su casa con su circulo màs intimo después del acto. Foto de Federico Cerisola


Cuando terminó el acto, todos entraron a la casa de Rosita; las paredes internas abrazaban a los actores que, una vez, hace 50 años habían entrado por primera vez para gestar la sala más influyente del teatro independiente.
 

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