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¿Qué pasaría si Milei es reelegido?

Opinión

No esperen de Milei conductas distintas de las que ya tiene. El paso del tiempo suele recrudecer los aspectos más desagradables del carácter. No hay en estas líneas meta-mensaje, hay un mensaje directo, sin sutilezas. Por Sisto Terán Nougués


Uno de los acertijos del pensamiento consiste en intentar adivinar el futuro. Es un intento de anticiparse mentalmente a los acontecimientos, no como un inútil ejercicio teórico, sino como una medida racional preventiva. Saber qué podría llegar a pasar es una manera de tomar recaudos y prepararnos de forma eficaz para los sucesos que sobrevendrán.

Obviamente el esfuerzo es complejo, ya que la realidad tiene una dinámica acelerada que suele tornarla imprevisible. Pero puede uno formular aproximaciones verosímiles que nos acercan al objetivo propuesto.

En el quehacer político nacional, hacia el futuro casi inmediato, se plantea una disyuntiva de hierro:

¿Podrá Javier Milei ser reelecto para un período presidencial más?

La respuesta la develarán los hechos concretos. Mi instinto me dice que, con el actual estado de cosas sería improbable que así sucediera, pero, nunca podemos descartarlo como una alternativa posible.

Es importante entonces considerar al menos la posibilidad de que Milei sea reelecto y su gestión se prolongue cuatro años más, hasta el año 2031.

¿Qué futuro podemos predecir para nuestro país si esto fuera así?

Con la prudencia del caso, y alejándonos lo más que podamos de una visión apocalíptica, tenemos que dar por sentadas una serie de premisas probables.

Veamos:

1.- Continuará la política de ajuste y los costos sociales se incrementarán:

El control de la inflación es una racionalidad positiva y deseable, pero, por sí sola no resuelve los problemas sociales y económicos.

En la Argentina, nuestra sociedad, azotada recurrentemente por el flagelo inflacionario, que otorga incertidumbre a la estructura de precios, es muy razonable que la problemática ocupe un lugar preferencial en la atención pública. Buena parte del éxito electoral de Milei consistió en prometer fórmulas mágicas que aniquilarían la inflación y permitirían la construcción “de un país normal”, latiguillo de lógica pura que encerraba en sus confines una implícita condena al resto del espectro político, al que tipificó magistralmente de “casta”, y, contrario sensu, los diseñadores de un “país desquiciado”.

Nadie en su sano juicio puede oponerse a una propuesta tan razonable como la eliminación de la inflación. Es por eso que la sociedad concedió una carta blanca de amplísima extensión para que el oficialismo despliegue su arsenal de propuestas antiinflacionaria. Se toleraron sacrificios extremos, y, si bien hubo resistencias en el Congreso y en la calle cuando algunas medidas perjudicaron directamente a sectores sensibles, el Gobierno no aminoró la marcha, desoyendo incluso decisiones legislativas y judiciales en contrario. De a poco la gente se fue dando cuenta que serían ellos, y no la “casta” la que pagaría los platos rotos, pero, a pesar de todo, en el ánimo de otorgar a la actual gestión el espacio cronológico requerido para cristalizar sus promesas, en las elecciones de medio término, Milei recibió un importante respaldo electoral. La conciencia colectiva de alguna forma entendió que los planes de estabilización requieren tiempo y esfuerzo, y los concedió con amplitud.

El gobierno eufórico se llenó de postulados exitistas: “se vendrían los mejores 18 meses de la historia”, “la inflación empezaría con cero”, etc., etc. Pero, en simultáneo con ese optimismo declarativo, en la práctica entendieron que los hechos refutaban sus dichos, y decidieron unilateralmente ignorar la realidad o al menos intentar ocultarla.

El proceso de modernización de la medición de los datos inflacionarios, elaborado pacientemente con metodologías más precisas, estaba listo para implementarse en febrero de este año 2026. Asustados porque el nuevo sistema pondría al descubierto un contexto económico más grave, resolvieron sin más no aplicarlo, tirar todos los estudios por la borda, forzando la renuncia del titular del INDEC.

El plan económico había sido de manual. Fuerte devaluación que genera un pico inflacionario abrupto, ajuste feroz del gasto público, intervención en la paridad cambiaria para propiciar un anclaje, y desregulación de actividades con una fuerte apertura de importaciones para bajar el precio de los productos de consumo.

Los que tenemos cierta edad vimos la película ya en reiteradas oportunidades, y el final nunca fue virtuoso. El más exitoso de todos esos procesos, fue, sin dudas el impulsado por la dupla Menem-Cavallo. En los noventa, objetivamente, se desplomó velozmente la inflación, (del 27% en el mes de febrero de 1991 pasamos abruptamente al 0,4% en noviembre del mismo año), y hubo un fuerte ingreso de inversión extranjera directa.

En el caso de Milei, el ajuste fue mucho más severo y con resultados mucho menos eficaces. Han pasado ya 33 meses de gobierno, y la inflación no baja consistentemente, bordeando siempre una franja cercana al 2% mensual que parece infranqueable, a pesar de la brutal caída de actividad y el consumo, que en teoría debería hacer bajar los precios. Y la inversión extranjera directa, según datos de la OCDE recopilados en un artículo de Infobae de la periodista Ludmila Di Grande está en sus niveles más bajos comparados con los países de la región y con las gestiones precedentes.

El gobierno está entre la espada y la pared. Sus recetas no funcionan, o lo hacen con una lentitud exasperante, mientras asisten imperturbables a un colapso de la economía real que parece no importarles demasiado.

Milei está empeñado en demostrar la veracidad inmutable de su dogma económico y con un convencimiento mesiánico insiste en profundizar el rumbo, en la creencia de que la magia de los mercados depurará la economía en algún momento.

Por eso creo que, si Milei es reelecto, lo que hará será seguir haciendo lo que viene haciendo. Carece su programa de flexibilidad, el dogma sagrado libertario se opone a las concesiones pragmáticas.

Quizás consiga en algún momento domesticar la inflación, a un precio social que ya es intolerable, pero lo que no entiende es que el control inflacionario es tan solo una parte del problema económico.

La crisis del 2001, de la que muchos argentinos tenemos un recuerdo fresco, por una cuestión de años de vida, es un suceso que no afectó la vida de casi un tercio del electorado, cuya edad es de 30 años de edad o menos. Si extendemos el número a los 35 años estaríamos hablando de que casi el 40% del electorado no había nacido o tenía diez años o menos de vida en aquel lejano 2001.

Por eso es importante recordar que la crisis desatada en aquel nefasto año 2001, se produjo en un año calendario que reflejó una inflación acumulada NEGATIVA del 1,6% anual.

Los contextos no son idénticos, pero sí parecidos. Si Milei es reelecto e insiste con sus programas dogmáticos e inflexibles, hay una alta probabilidad de que los escenarios de destrucción masiva de empleo y tensión social se repitan.

2.- La Industria Nacional será definitivamente asfixiada y solo sobrevivirán segmentos muy puntuales del quehacer industrial:

Uno de los logros comunicacionales más notables de Milei es el de haber convencido a muchos, de que los industriales argentinos son unos miserables oportunistas, personajes mediocres que viven del privilegio y succionan la teta del estado obligando a los consumidores a pagar precios exorbitantes por productos mal hechos.

En las conversaciones de café abundan decidores de todo tipo que ilustran con ejemplos concretos estas premisas, mostrando una ignorancia supina y un desprecio por la industria nacional que nos dejan perplejos a los espectadores imparciales.

En toda actividad humana existen buenos, malos, mediocres, capaces, esforzados, vagos, filántropos, aprovechadores, etc., etc. Si yo tomo ejemplos puntuales de lo pésimo, con seguridad los encontraré en cualquier cosa desarrollada por hombres de carne y hueso. Y si a esos casos los generalizo indiscriminadamente, termino estigmatizando a toda la actividad, lo cual es un disparate conceptual peligroso.

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir al evento “Fabricando Futuro” auspiciado por un Movimiento Industrial y por los creadores del podcast La Fábrica. Había alrededor de 1.500 personas, la gran mayoría muy jóvenes, todos emprendedores, industriales por cuenta propia o continuadores de tradiciones heredadas. Hubo disertantes de muy buen nivel, pero, en el marco de las bulliciosas conversaciones entre los asistentes el péndulo oscilaba entre la angustia por el actual estado de cosas y la esperanza formidable de estos soñadores, empeñados en seguir intentando ser industriosos y eficaces, contra viento y marea.

Escuché en primera persona el desgarrador relato de aquellos que tuvieron que despedir hasta a sus amigos, para poder sobrevivir. El mito del empresario descarnado y cruel se desmorona en pedazos cuando uno oye la voz sentida de aquel que no tuvo más remedio que suspender personal o despedirlo. Una industria, sobre todo las pequeñas y medianas, son casi diría enclaves familiares, relaciones perdurables en torno a un trabajo común. No encontré en la audiencia industriales prebendarios, al contrario, el número de constructores de sueños sociales que había me emocionó muchísimo. Es ese tipo de personas las que el país necesita, para emprender, para dar trabajo y para desarrollar riqueza. No temen a la competencia, son competidores natos, lo que no pueden es competir en desventaja. Pedirles que enfrenten importaciones de productos subsidiados con trabajo esclavo o exigirles tributos feroces que no se exigen a los competidores internacionales es literalmente condenarlos a ser devorados por las fieras.

Una política industrial es una necesidad vital. No existe país desarrollado sin una industria fuerte. No habrá sector privado competente sin actores con iniciativa y sabedores de que tendrán reglas de juego claras y racionales.

Milei, enamorado de las teorías de Joseph Schumpeter, cree a pie juntillas en la destrucción creativa, y con decisión y desaprensión se propone destruirlo todo. La sola mención de la palabra “política industrial” le genera una repulsión que no disimula. La quiebra de una empresa le produce un indisimulado placer que no oculta en sus entrevistas. Son las necesarias correcciones del mercado.

Es de esperar entonces que si Milei es reelecto, el futuro industrial argentino sea funesto y la condena a ser un país exportador de materias primas sin valor agregado será inevitable. Nada importa que la industria sea la generadora del trabajo formal registrado cuantitativamente más virtuoso. Sencillamente el programa libertario llega al extremo de enorgullecerse y contabilizar como exitoso el aumento de la informalidad y precariedad laboral y celebra el incremento de choferes de Uber y cadetes de Pedido Ya. Parece una locura, pero es lo que vemos a diario, cada vez que Caputo o Milei son confrontados con los datos duros de la caída del empleo privado formal, ellos contestan que se trata de una migración virtuosa al sector informal. Absurdo e inconcebible.

3.- La Infraestructura Pública se deteriorará inexorablemente.

Argentina, debido a la enorme extensión de su territorio, recordemos que es el octavo país más grande del mundo en términos de superficie, requiere una extensa e importante infraestructura pública para poder explotar sus potencialidades económicas.

Milei ha declarado enemigo número uno a la obra pública, y actúa en consecuencia. Ha paralizado todo, hasta el mantenimiento de lo imprescindible, y lo poco que se está haciendo es producto del esfuerzo aislado de gobernadores e intendentes apremiados por sus comunidades, ávidas de obras que simplifiquen y mejoren su calidad de vida.

Los treinta y tres meses transcurridos han sido nefastos para el sector. Si le sumamos que ya el último año de la gestión anterior había sido muy malo debido a las dificultades inflacionarias y la falta de adecuados sistemas de redeterminación de precios, podemos decir que llevamos casi cuatro años consecutivos muy malos, de desinversión y abandono.

Vecinos autoconvocados del Municipio de Azul (PBA) insistieron con la necesidad de hacer obras en la Ruta Nacional 3.


Una eventual reelección de Milei garantiza una agudización de esta tendencia. Su postulado de que la obra debe ser encarada por el sector privado y que el mercado decidirá cuando hacerlo está empíricamente demostrado como falso, en todo el mundo. No existen países en el mundo donde el Estado no juegue un rol preponderante en el desarrollo de la infraestructura nacional.

Las consecuencias del abandono de la obra pública no se ven de inmediato. De a poco empiezan a verificarse los deterioros en la infraestructura existente. Es como una casa descuidada, las primeras grietas son casi invisibles, hasta que súbitamente el edificio colapsa si no actuamos.

Cuatro años más de Milei garantizan ese colapso. La falta de planificación y mantenimiento se notarán de manera cada vez más evidente con el paso de los años. Y estas carencias no solo son menos trabajos (el sector es uno de los que más despidió en estos años libertarios), sino también se traducen en pérdida de competitividad económica por incremento de costos de logística.


4.- La clase media irá desapareciendo y la estructura social se hará piramidal con un esquema agudo de desigualdad irremediable

El milagro argentino, eso que de alguna manera nos distinguía entre los países latinoamericanos ha sido la construcción de una sólida clase media, saludable y en expansión mediante un proceso acumulado de movilidad social ascendente.

El primer hito del proceso puede ser el de la oleada inmigratoria europea cuyos asentamientos propiciaron una especie de reforma agraria que implicó la transformación de los latifundios en unidades de explotación agrícola a cargo de estos inmigrantes que huían del hambre y las guerras del viejo continente en busca de un futuro mejor.

El paso siguiente fue la instrumentación de un sistema de educación pública muy fuerte, con acceso universal y gratuito que propició condiciones superadoras para las nuevas generaciones. La impronta sarmientina de la alfabetización y las escuelas diseminadas por todo el territorio nacional, se consolidó con las reformas universitarias y el fomento de universidades públicas con acceso irrestricto que resultaron ser formidables promotoras de ascenso social.

Ya más adelante, con el visionario ímpetu de personajes como Ramón Carrillo, se estructuró un sistema de salud pública que era el correlato imprescindible de la construcción de un país inclusivo. La salud es un prerequisito sin el cual ningún proyecto ulterior es posible.

La industrialización del país, siguiendo el mandato belgraniano, primer inspirador de la idea de que no es concebible una nación sin manufactura que incorpore valor agregado a nuestra materia prima, continuó consolidando el camino y nació una fuerte clase trabajadora cuya expansión creó de nuevo un ímpetu ascendente que contribuyó a agrandar esa clase media, motivo de orgullo nacional.

Pues bien, si Milei es reelecto, lo más probable es que el proceso de agonía de la clase media se acentúe. Su ideario meritocrático contiene una falsedad que conduce inevitablemente a mayor desigualdad social. No es extraño entonces que haya considerado a las universidades, a los médicos y a los trabajadores formales, enemigos directos de su ideario.

Todos y cada uno de los actos gubernamentales de Milei han tenido como objetivo común el de perjudicar seriamente a las universidades, a los trabajadores médicos del sector público y a la precarización laboral. Un nuevo período libertario continuaría con esa tendencia, y esa continuidad implica necesariamente un rearmado de la estructura social con pocos que tienen demasiado y muchos que tendrán cada vez menos.

5.- Jubilados y discapacitados serán condenados a la inanición:

Nada hay más cruel que ensañarse contra los débiles. Milei ha hecho de esta crueldad un arte refinado. Se ha dedicado en la medida de lo posible a dañar el ingreso jubilatorio y a quitar todo tipo de colaboración estatal a aquellos núcleos familiares que tienen personas con algún grado de discapacidad.

Ha sido perseverante y consistente en sus feroces recortes contra estos sectores, a los que considera innecesarios. Son los “viejos meados” que no han sabido ser previsores y que se merecen su presente de privaciones extremas. Los discapacitados son una fatalidad de la que no hay que ocuparse, “un problema privado” que debemos ignorar con premeditación y alevosía.


Si Milei gana las elecciones presidenciales en el 2027, todo esto continuará y se agravará. Los padecimientos de estos sectores serán inenarrables, y aprenderemos a no mirar, a no sentir, como lo hacemos cada día en las calles porteñas, cuando el espectáculo de la miseria y el hambre nos requiere la mirada mendicante de los marginales y solemos apurar el paso, impotentes ante el drama humano. Eso es lo que quiere Milei, una sociedad egoísta, centrada en el individuo, desprovista de empatía y sumida en el desamparo social.

6.- La política extractiva continuará sin ningún tipo de regulaciones:

Las riquezas no renovables, aquellas que una vez extraídas se extinguen, son las que más tenemos que cuidar. Su explotación tiene que ser programada con mucho cuidado, procurando que el beneficio social se distribuya equitativamente, y exigiendo a quienes exploten el recurso, los recaudos ambientales y sociales imprescindibles para que el proceso pueda ser considerado virtuoso.

Con Milei esos cuidados no existen. La contraparte estatal, esa que debería ser el custodio de los intereses nacionales, no existe. Es una especie de tierra de nadie, donde quien llega tiene cada vez menos exigencias.

La continuidad libertaria implica cuatro años más de exacciones no controladas de nuestras riquezas extractivas, muchas veces a manos de personas o entidades extranjeras deseosas de extraer nuestros recursos naturales y obtener rentas extraordinarias con contrapartidas cada vez más insignificantes.

7.- Las posiciones geopolíticas extremas se agudizarán y existe riesgo cierto de vernos envueltos en conflictos internacionales de manera innecesaria y peligrosa:

Milei tiene un rudimentario mapa geopolítico en su cabeza. Con ignorancia extrema, y sin entender la complejidad del entramado internacional, ha decidido subordinarse mansamente a las políticas diseñadas por Trump y Netanyahu.

Con un sentido de oportunidad política evidente, decidió por otra parte dar un paso atrás en sus declamaciones anti-malvinenses y pro Thatcher de las que siempre hizo gala. Como buen converso, y domado por un sentimiento nacional que no pudo controlar, giró bruscamente su criterio y se despachó con fiereza en el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas. Se envalentonó, quizás aprovechando el enojo circunstancial de los mandatarios estadounidenses e israelí para con los británicos, quienes han eludido participar en la Guerra que sacude Medio Oriente. Quiera Dios que esta efusividad renacida de un nacionalismo que no es genuino, no derive en situaciones complicadas.

En un mundo donde la guerra es una constante peligrosa que siempre debemos tener en cuenta, tener un presidente grandilocuente y exagerado es muy arriesgado.

Sin ánimo de ser fatalista, no puedo menos que mencionar que cuatro años más de Mieli nos garantizarían un absurdo protagonismo en lejanas contiendas y la posibilidad constante de enfrentamientos verbales y quizás comerciales con distintas naciones.

8.- La salud presidencial se deteriorará a pasos agigantados y su paranoia devenirá indefectiblemente en conductas cada vez más autocráticas:

La exhibición permanente y pública de estados mentales alterados por parte del presidente Milei, que en cada aparición que hace, en reportajes amañados con periodistas amigos, no puede evitar que sus dichos tengan contenidos continuamente lindantes con el disparate.

El tema, lejos de apaciguarse, se retroalimenta, y solo tenemos que esperar la próxima entrevista para ser testigos de nuevos episodios tragicómicos.

El curioso aislamiento presidencial durante más de diez días de los que se sabe muy poco y se oculta mucho, la militarización de la residencia de Olivos, y las declaraciones insólitas de haber deportado unos 30.000 “terroristas” en los últimos dos años de su gestión, son síntomas de que algo no está andando muy bien en los esquemas de funcionamiento del pensamiento del primer mandatario.

Paranoia y megalomanía son palabras que asoman al instante al comprobar estas conductas, y se las aplicaríamos de inmediato a cualquiera que las exhiba. Tratándose del Presidente debe uno medir las palabras, pero no puede dejar de manifestar preocupación ante el espectáculo confuso que uno percibe.

La historia, por otra parte, demuestra que este tipo de líderes, angustiados por una persecución real o imaginaria de la que se sienten víctimas, tiende, con el paso del tiempo, a acentuar rasgos autocráticos y no consiente los disensos.

Si el electorado lo respalda nuevamente, es más que probable que una eufórica sensación de invencibilidad lo invada y refuerce su arsenal de insultos y agravios contra todo aquel que piense diferente.


Como vemos este pequeño listado de probables consecuencias de una victoria mileísta en las futuras elecciones, preocupa mucho a mucha gente, incluídos aquellos que lo apoyaron en su momento y hoy terminan siendo víctimas de sus políticas.

Pero este ejercicio de futurología no tiene un sentido apocalíptico. Al contrario, es una invitación implícita a luchar para impedir la consumación de ese escenario.

Los argentinos vimos ya aquel histórico debate en el que Sergio Massa anunciaba las cosas que iban a pasar si Milei era elegido. Todas y cada una de esas cosas sucedieron, y, sin embargo, ganó las elecciones de medio término llevando una boleta “con un pelado para poner un colorado”, verdadero escandalete, increíble pero real. Advertir, y hacerlo con razones fundadas, no garantiza resultados diferentes.

El futuro del país se construye desde distintas tribunas y con diversos comunicadores y difusores de la racionalidad. Esta columna es tan solo una apelación continua al raciocinio. No esperen de Milei conductas distintas de las que ya tiene. El paso del tiempo suele recrudecer los aspectos más desagradables del carácter. No hay en estas líneas meta-mensaje, hay un mensaje directo, sin sutilezas.

Votar a Milei es garantizar grandes males a la patria.


Sisto Terán

Tucumano. Abogado. Político. Escritor. Fue vicegobernador de Tucumán, legislador, director de la Casa de Tucumán en Buenos Aires, entre otros cargos públicos. Ha publicado los libros "Cartas a mi hijo que está por nacer" (1999), “Yo no creo en la muerte” (2009), "Camino de Santiago" (2000) y "Hitler, un pecado Colectivo" (2023). Pueden leer sus últimos escritos en sistoteran.substack.com.