El rey de los gorilas
Catalán vs. Campero y viceversa es la gran novela tucumana del 2026, rumbo al 2027. Quiénes son y por qué se pelean tanto los chicos de Karina Milei y Patricia Bullrich para liderar la cruzada peronista en Tucumán y desafiar al oficialismo, que gobierna la provincia como un puño apretado desde 1999.
(Foto: Facebook Mariano Campero)
El 14 de noviembre de 1993, el presidente Carlos Menem y el líder radical Raúl Alfonsín le pusieron su firma al llamado Pacto de Olivos, que permitió la reelección del riojano, redujo el mandato presidencial a cuatro años, habilitó la reforma constitucional del 94, creó el Consejo de la Magistratura, la figura del Jefe de Gabinete y la elección directa del Jefe de Gobierno porteño, cargo por el que desfilaron Fernando de la Rúa y Mauricio Macri antes de dar el salto al sillón de Rivadavia. El 'Núcleo de Coincidencias Básicas' también introdujo la figura del balotaje -o segunda vuelta- bajo la premisa radical de que en esa instancia era más factible construir una mayoría antiperonista. Allí nació el eterno ensueño del gran rejunte gorila, tan vigente en Tucumán.
Lisandro Catalán vs. Mariano Campero. Mariano Campero vs. Lisandro Catalán. Para Clarín es una “guerra civil”. La batalla por liderar el arco antiperonista tucumano ya está desatada y se ha convertido en una guerra sin cuartel: en las redes, en cada reel, con posteos amenazantes y agraviantes; en cada nota periodística; en las calles, con afiches que nada tienen que ver con la austeridad que antes pregonaban los libertarios; en elegantes cenas solidarias, donde escala la tensión; en cada rincón de la provincia donde las segundas y terceras y etc. líneas de cada bando se enfrentan y se enfrentarán, hasta que se dirima la interna libertaria o hasta nunca, y que sonría el peronismo el 9 de mayo.
El 26 de octubre de 2025 pasó algo que no estaba en los planes de nadie, ni del más optimista libertario/antiperonista. El Frente Tucumán Primero con el gobernador Osvaldo Jaldo encabezando la boleta se impuso en las elecciones de medio término con 526.249 votos, contra los 365.024 que cosechó La Libertad Avanza, con los -por entonces- cuasi ignotos Federico Pelli y Soledad Molinuevo. Fue triunfo peronista por poco más de 161 mil votos, pero el sistema D’Hondt ordenó repartir bancas, y hubo tablas en el resultado final: 2-2.
La fantasía del batacazo gorila se sustenta en los poco más de 84 mil votos que cosechó el otrora retador del peronismo Roberto Sánchez (Unidos por Tucumán); los 22.600 del candidato serial Ricardo Bussi y su Fuerza Republicana; los más de 8.500 de CREO (ya abducido por La Libertad Avanza); los casi 10 mil votos en blanco y casi 18 mil votos nulos y unos 300 mil tucumanos que estaban habilitados y no fueron a votar. Todos ellos alimentan los sueños primitivos de Catalán y Campero, que quieren conducir el antiperonismo tucumano a la victoria y emular la fantasía alfonsinista de construir una mayoría gorila en suelo tucumano. Pero sólo uno de ellos podrá estar al frente de esa hazaña.
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Lisandro, el elegido de El Jefe
Lisandro Catalán nació el 4 de febrero de 1971, estudió Derecho en la Universidad Nacional de Tucumán (hasta acá lo vieron por nuestra provincia) y se graduó de la Maestría en Gestión Pública de la Universidad Austral. En 2023, Javier Milei llegó a los gritos a la Presidencia, prometiendo barrer con la casta parasitaria: allí esperaba Catalán, director de Registro Normativo y Dactiloscópico del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno de Mauricio Macri y también Director Nacional del Registro Nacional de Reincidencia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Alberto Fernández.
Catalán ascendió en el gobierno libertario apadrinado por Guillermo Francos, su socio en South Seeds SA y compañero de la Fundación Acordar, think tank que impulsó la campaña presidencial de Daniel Scioli en 2015: en la gestión sciolista en la Provincia de Buenos Aires, el tucumano Catalán fue presidente de Bapro Mandatos y Negocios S.A, la empresa del Grupo Banco Provincia S.A. especializada en la estructuración y administración de fideicomisos ordinarios de garantía y financieros, según repasó Chequeado.
Ese portal reportó que Catalán puso 10 mil dólares para la campaña del Frente para la Victoria en 2015 con el objetivo de apuntalar la lista Celeste y Blanca K Néstor Kirchner, la fórmula Daniel Scioli-Carlos Zannini. Si se entera El Javo se arranca un brazo, otra vez (?). También efectuó tres aportes de mil dólares al PRO en el año 2017. De Scioli a Macri, de Macri a Alberto, de Alberto a Milei, un sobreviviente dentro del Estado.
En el experimento libertario se desempeñó como secretario de Interior, vicejefe de Gabinete, director titular de Correo Argentino, ministro del Interior. Fue eyectado tras la salida del Gobierno de su jefe, Guillermo Francos -a las postres, el libertario más sensato-. Por sus servicios, Catalán se ganó la confianza de la presidenta Karina Milei, que lo instruyó a regresar a Tucumán para parir la versión local de La Libertad Avanza en su sueño de construir una fuerza propia de carácter nacional; también lo premió con una silla en el directorio de YPF, donde su sueldo sería tan oneroso como misterioso.
Claro está que Catalán no es un advenedizo en el Estado ni en el poder. Ni mucho menos. Papá Juan José Catalán se desempeñó como ministro de Cultura (parece un oxímoron) de la última dictadura cívico-militar bajo el mando de Jorge Rafael Videla; el papá de Lisandro le puso la firma a la Resolución 538/1977, sobre la “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que advertía que “el accionar subversivo se desarrolla a través de maestros ideológicamente captados que inciden sobre las mentes de los pequeños alumnos, fomentando el desarrollo de ideas o conductas rebeldes, aptas para la acción que se desarrollará en niveles superiores”.
Como presidente de La Libertad Avanza Tucumán, y siguiendo obediente las precisas instrucciones de Karina, desechó alianzas políticas con todos aquellos que no estaban dispuestos a someterse a la doctrina de El Jefe, y puso al frente de las listas a los cuasi-ignotos Pelli-Molinuevo, que hoy engrosan la jocosa tropa libertaria en Diputados. Mientras tanto, Catalán y Pelli son acusados por el también diputado de La Libertad Avanza, Mariano Campero, de haber cometido un delito por haber fraguado con fines electores sus domicilios para poder ser candidatos en 2027.
Catalán cerró filas en La Libertad Avanza, barrió con gran parte de los dirigentes que participaron de la fase fundacional del partido en Tucumán, y sumó a aquellos aliados que no estaban dispuestos a cuestionar su liderazgo: Gerardo Huesen (Ex Fuerza Republicana); Paula Omodeo y Sebastián Murga, junto al armado de CREO; Nadima Pecci (ex Fuerza Republicana y ex PRO); y principalmente Alejandro Molinuevo, intendente de Concepción –de los pocos jefes municipales violetas del país- y hermano de Soledad. Con Campero, decidido a pelear la gobernación, nunca hubo mucho feeling, más allá de compartir causa a nivel nacional.
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Mariano, el candidato de Pato
Mariano Campero nació el 22 de abril de 1983, es abogado y docente de la Universidad Nacional de Tucumán y es heredero de un linaje de históricos radicales: su tío abuelo Miguel Mario Campero fue gobernador de Tucumán entre 1924-1928 y 1935-1939, y es cofirmante del acta fundacional de la mismísima UNT junto a Juan B. Terán. Su tío y mentor político Rodolfo Martín Campero fue rector de la Casa de Altos Estudios y luego director ante Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio (YMAD).
En YMAD, el tío Rodolfo propuso falsificar en actas la construcción de la Ciudad Universitaria de San Javier que la vigente Ley 14.771 ordena construir en los cerros tucumanos: así, se redujeron del 40% al 20% de las utilidades líquidas de la empresa que llegaban al Rectorado radical, pero eran de "libre disponibilidad" de los correligionarios Mario Marigliano y luego Juan Cerisola. La tesis de Franco Marigliano (hijo del mencionado) fue utilizada para idear la "Ciudad Universitaria del Siglo XXI" por la que se “reemplazó” la de San Javier, luego fue funcionario y hoy es concejal camperista, mientras su jefe Campero está 100% alineado en la fauna libertaria con Patricia Bullrich, quien se horrorizó con la corrupción universitaria que tocó de oído cuando pisó Tucumán. Las vueltas de la vida.
Mariano Campero fue electo concejal por Yerba Buena en 2011 en la relanzada UCR, que por entonces lideraba José Cano, otro producto de la cantera saabista que supo encabezar la oposición a José Alperovich, luego de largos años de agonía radical en Tucumán. En 2015, el menor de la dinastía Campero destronó al peronismo y fue electo intendente de la Ciudad Jardín; dice un -ya viejo- mito de la política tucumana que Cano y Campero se fueron a las manos (o estuvieron a punto de) cuando el primero denunció un fraude provincial tras caer ante Manzur-Jaldo y el otro sólo quería festejar que le había arrebatado la intendencia de Yerba Buena al peronismo, en la patriada gorila que ahora quiere repetir a nivel provincial.
En 2019 fue reelecto como intendente a pesar del colapso nacional de Cambiemos-Juntos por el Cambio, y en 2021 comenzó su provincialización cuando fue precandidato a senador nacional: perdió la interna macrista con Germán Alfaro, quién luego cedió su lugar a la hoy senadora jaldista Beatriz Ávila. En las presidenciales 2023, se alineó detrás de la candidatura de Patricia Bullrich –mientras que Alfaro se hizo larretista- y comenzó allí a tejer una vigente relación con Pato, presidenta del bloque de La Libertad Avanza, posible compañera de fórmula de Milei en 2027 o Plan B del establishment, del círculo rojo, del antiperonismo o de quién fuere.
Campero logró retener la intendencia de Yerba Buena y sentar allí a su delfín Pablo Macchiarola, ganar una banca en la Legislatura de Tucumán con Manuel Courel y ganarse su propia banca en la Cámara de Diputados: allí, entre las pocas luces y poder oratoria de los parlamentarios libertarios, levantó bien alto la voz de los flamantes radicales con peluca, protagonizó estruendosos cruces con el peronismo y se erigió como un "héroe" tras aquel veto al aumento a los jubilados en los primeros meses de algarabía libertaria, cuando cada uno pagaba su propio asado.
Se sumó al bloque de La Libertad Avanza, perdió cierta autonomía y margen para lucirse en Diputados, pero ratificó su alianza con Bullrich, quién nunca le ordenó poner un freno a sus ambiciones gubernamentales: Campero ha presumido alguna selfie con El Jefe Karina Milei, pero desafía constantemente su orden directa de encolumnarse ciegamente detrás de la candidatura de Catalán. ¿O El Jefe también lo deja jugar? Lo cierto es que Karina y toda la cúpula libertaria porteña pegó el faltazo este viernes al lanzamiento de Lisandro.
Mariano Campero repite hace años que quiere ser gobernador de Tucumán. Su triunfo en Yerba Buena, la tímida provincialización de su espacio y su experiencia en el Congreso son sus principales credenciales. Ya decían que quería ser candidato a gobernador en el 2023, pero se proclamó jefe de campaña y copiloto de Roberto Sánchez: tras fantasear con un scrum gorila con Ricardo Bussi, empujó al exintendente de Concepción a una derrota segura ante Jaldo y luego al llano, ante la imposibilidad de renovar su banca en las elecciones donde LLA ganó dos bancas y Campero, junto con su espacio Cambia Tucumán, se declararon prescindentes y no participaron de forma activa de los comicios.
Los mal pensados dicen que se encargó de sacar a Sánchez de la carrera y quedar con el terreno allanado hacia la gran batalla contra Jaldo, hasta que se cruzó con el dedo autoritario, la bendición de Karina y el armado libertario tucumano que, aunque patalee, lidera Catalán.
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Lisandro y Mariano, Catalán y Campero, tienen credenciales para ostentar la máxima candidatura gorila en Tucumán. El primero ostenta su zigzagueante rol ocupando cargos varios en el Gobierno libertario, la creación del partido provincial que metió el batacazo 2023 y la bendición de El Jefe; el segundo, una construcción territorial propia con base sólida en Yerba Buena, bancas propias en la Legislatura y el Congreso, candidaturas provinciales en su haber y hasta la selección natural: tras las postulaciones de Cano, de Silvia Elías y Roberto Sánchez, Campero puede alegar que “era su turno” hasta que irrumpió Catalán y el látigo libertario, que bajo el dogma de Karina no acepta díscolos ni librepensadores.
¿Por qué se pelean los aspirantes a nuevos líderes del antiperonismo tucumano? ¿Por qué se atacan tanto? ¿Hay retorno? ¿Dónde explotó la interna libertaria?
El génesis de la pelea Catalán-Campero quizás tenga sus orígenes en los mismos movimientos que llevaron al yerbabuenense a dejar su mote de “radical con peluca”, y sumarse a la bancada mayoritaria de La Libertad Avanza. De aliado estratégico del Gobierno, a pintarse de violeta. La misma suerte corrió la exdiputada Paula Omodeo cuando fusionó su unibloque a LLA para permitirle a los libertarios ampliar su núcleo de parlamentarios y ganar una banca más en la trunca comisión investigadora de la criptoestafa $Libra: la exdiputada de CREO fue fagocitada por los libertarios para blindar a El Jefe y al propio Presidente.
Amor con amor se paga. Esa alianza en el Congreso tuvo su réplica inmediata en Tucumán, y Catalán se mostró en una de sus visitas a nuestra provincia con el tándem Omodeo-Murga, cuyo espacio forjado en la Sociedad Rural tiene su principal área de influencia en Yerba Buena, los pagos de Campero. Meses atrás se comenzó a especular con una candidatura de los líderes de CREO para enfrentar a Macchiarola, supuestamente aliado de los libertarios. “¿Por qué mi partido me planta candidatos en mi ciudad?”, se habrá preguntado Campero, que tras pegar el portazo en la vieja Unión Cívica Radical cuenta con sello propio provincial: Cambia Tucumán.
Eclipsados por los libertarios, las luces de CREO se fueron apagando y La Libertad Avanza lanzó la candidatura a intendente de Federico Pelli, meses después de que Tucumán Digital –versión tucumana y low cost de La Derecha Diario- anunció que el hombre que sufrió el ancazo de Pichón Segura sería candidato a intendente… de San Miguel de Tucumán. Los zigzagueos domiciliarios del diputado venían de muchos antes de que el concejal Mauricio Argiró los denuncie a él y Catalán en la Justicia Federal por haber fraguado sus domicilios con fines electorales para poder ser candidatos a intendente de YB y a gobernador de Tucumán, respectivamente. Bien vale recordar que Campero se compró con un crédito del Banco Nación la casa en Tucumán que acusa a Catalán de no tener, alegando que su domicilio es en una sede partidaria, y que reside en Bella Vista, Buenos Aires.
Tras tamaña acusación y denuncia federal, Catalán y Pelli llamaron a una conferencia de prensa en la que tildaron de “cagón” a Campero, lo acusaron de “creerse dueño” de Yerba Buena y ser “servil al oficialismo”. Lo que no se acordaron de hacer fue aclarar dónde viven y si están en condiciones de ser candidatos. Detalles. El viernes, La Libertad Avanza presentó su plan de gobierno para Tucumán, con la presencia de todas sus estrellas locales (diputados, Molinuevo, aliados, trolls, pseudo intelectuales libertarios), todos y todas, menos Campero y su tropa. Allí, Lisandro anunció que “no va a ser candidato a gobernador” sino que va a “ser gobernador de Tucumán”. Optimista.
Días atrás, Campero cruzó con vehemencia a Catalán, pero más allá de las chicanas y lenguas filosas, le reprochó haber estallado todos los posibles puentes dentro del arco opositor: “Se hacían los 'dolobu', no contestaban los mensajes; a Pelli, a Huesen, a todos les dije de juntarnos y no respondían", dijo en FM La Tucumana 95.9, y hasta aseguró que “con algunos quedé en juntarme a comer y diez minutos después del horario pactado me decían que no iban a llegar”.
Los dos quieren ser gobernador. Los dos quieren liderar el conglomerado opositor. Ninguno está dispuesto a ceder ni un centímetro. Ambos necesitan los votos del otro. El debate político-electoral escaló al plano personal, y no parecen dispuestos a dar marcha atrás. Ambos se acusan de ser funcionales al peronismo, y ambos saben que, si los dos se presentan, la reelección de Jaldo será inevitable. Lo cierto es que para las elecciones falta poco y falta mucho. El Jefe Karina y Patricia Bullrich no pueden dar un paso en falso en la Rosada o el Senado, mucho menos en Tucumán.
A ocho meses de las elecciones provinciales, sigue la guerra Catalán-Campero, y en esta selva sólo hay lugar para un rey de los gorilas si pretenden fusionar a todo el arco antiperonista y desterrar al oficialismo provincial, que puede cambiar de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero sigue invicto en el Siglo XXI. También deben saber que ningún gorila tucumano es catalanista o camperista, sino que al final del día apoyan la cabeza en la almohada fantaseando con aplastar al peronismo, aunque ello implique votar al mismísimo Godzilla.







