Top

¿Soberbia u orgullo? La argentinidad, una pasión que empezó a escribirse en Tucumán

ARGENTINIDAD

En las horas previas a una disputa histórica, el mundo posa su mirada sobre la hinchada argentina tratando de entender por qué ser argento se vive con tanta pasión. Te contamos algunos hitos que podrían explicar algo que, probablemente, muchos (extranjeros) no van a entender.


Corría el año 1852. El tucumano Juan Bautista Alberdi vivía exiliado en Chile después de haber publicado un escrito en el que comparaba a Juan Manuel de Rosas con Satanás, por el poder ilimitado que ejercía como gobernador. En medio de ese exilio escribió Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, más conocida como Las Bases, donde propuso una nueva organización para el país y planteó que los extranjeros que ingresaran a la Argentina gozaran de los mismos derechos civiles que los argentinos. Ese texto se convertiría en uno de los principales antecedentes de la Constitución Nacional sancionada un año más tarde.

En 1876, la Ley Avellaneda impulsó la inmigración, principalmente de europeos, hacia la Argentina. Ese enorme flujo migratorio trajo consigo a miles de familias cuyos hijos fueron incorporándose al sistema educativo nacional. Años después, la Ley 1.420 de Educación Común estableció que la enseñanza debía ser gratuita, obligatoria, gradual y laica. Uno de sus principales objetivos era construir una identidad nacional mediante la enseñanza de la historia argentina, la difusión del idioma español, la formación ciudadana y la transmisión de los símbolos patrios.

Entre 1881 y 1954 funcionó el Consejo Nacional de Educación, organismo que institucionalizó muchas prácticas escolares que aún perduran: el izamiento diario de la bandera, el arrío al finalizar la jornada, la formación de los alumnos, el canto del Himno Nacional en las fechas patrias y los actos escolares. Para millones de argentinos, la escuela fue el primer lugar donde aprendieron qué significaba pertenecer a una Nación.

Otro hito fundamental fue la sanción de la Ley 12.361, en 1938, que instituyó el 20 de junio como Día de la Bandera. Desde entonces, las escuelas comenzaron a realizar actos específicos dedicados a Manuel Belgrano y al símbolo patrio. Dos décadas más tarde se incorporó la tradicional Promesa de Lealtad a la Bandera, una ceremonia que marcó a generaciones enteras.

En 1944, durante el gobierno de Edelmiro Farrell, el Decreto 10.302 fortaleció la enseñanza patriótica, impulsando una mayor presencia de los símbolos nacionales, la educación moral y cívica y las ceremonias escolares. También unificó y difundió normas para el uso de la Bandera Nacional, estableciendo protocolos que, hasta hoy, respetan instituciones de todo el país.

En 1985 se reconoció el derecho de todas las escuelas a utilizar la Bandera Oficial de la Nación, eliminando las diferencias que existían entre la bandera de ceremonia y otras enseñas utilizadas en el ámbito educativo.

Actualmente rige la Ley de Educación Nacional N.º 26.206, sancionada en 2006, que establece entre sus objetivos fortalecer la identidad nacional, promover el respeto por los símbolos patrios, valorar la memoria histórica, formar ciudadanos democráticos y respetuosos de la diversidad cultural y consolidar el sentido de pertenencia a la Nación.

No podemos dejar de lado los millones de bustos de San Martín, de Belgrano, las calles con nombres de próceres, de expresidentes, de personalidades de la cultura. Los clubes de Fútbol bautizados con apellidos de libertadores y héroes patrios. La imponente cordillera de los Andes, que lleva impreso el nombre de José de San Martín y sus gauchos. Los delantales blancos, el cielo mismo.

Quizás estos hitos, convertidos en leyes pero sostenidos por un profundo sentido patriótico, ayuden a explicar una parte de ese sentimiento que hoy moviliza a millones de argentinos. Este domingo, desde sus casas, desde un celular, junto a una radio, frente a una pantalla o desde el corazón de Nueva York, miles alentarán a la Selección con un fervor que trasciende lo deportivo. Son los mismos que cantan el Himno Nacional de memoria, que hace apenas unos días entonaban la Marcha de Malvinas y que hoy vuelven a emocionarse con el "Soldado Heroico". Otra vez aparecen en las banderas los rostros del Libertador de América, de Messi y de Maradona. También el de esos chicos que sueñan desde un potrero perdido de algún rincón tucumano.

Quizás no sea casual que ese sentimiento de argentinidad haya comenzado a tomar forma, precisamente, en la provincia donde también se declaró la Independencia. Y frente a quienes confunden ese orgullo con soberbia, los argentinos vuelven a hacer lo que mejor saben: creer.