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Adorni, el Mundial y la Argentina del Crecimiento

TRIBUNA ABIERTA

Desde hace ya muchos años los gobiernos esperan con ansias esas interrupciones pasionales de sus pueblos, como una manera de desenfocar la atención pública de cuestiones más angustiantes. Por Sisto Terán Nougués.

(Imagen tomada de sistoteran.substack.com)


El Mundial de fútbol 2026 ha comenzado. ¡Y de qué manera!

Lionel Messi ha convertido tres goles en el partido inaugural de nuestra selección nacional, y se renueva una ilusión colectiva muy difícil de emular en otros campos del quehacer humano.

Los mundiales en Argentina tienen una trascendencia vital que desborda los alcances de una mera competición deportiva. Son una pasión comunitaria que envuelve a todo un pueblo y concentra las conversaciones, y hasta el estado de ánimo de la sociedad.

Implican una pausa en nuestra cotidianeidad que parece posponer o dejar transitoriamente de lado las realidades diarias. Las victorias producen sonrisas contagiosas y nos hermanan sin distinciones de sexos, ideologías o procedencias políticas.

Desde hace ya muchos años los gobiernos esperan con ansias esas interrupciones pasionales de sus pueblos, como una manera de desenfocar la atención pública de cuestiones más angustiantes.

Por eso es común que los temas se pospongan “para después del Mundial”, sabedores de que todo lo que se haga “durante el Mundial”, está condenado a una fugacidad importante, ya que los argentinos estamos pensando en términos futbolísticos.

Pero la realidad subyacente no sabe de pausas. Continúa implacable su derrotero fatídico, y se apresta a resurgir con ferocidad cuando los efluvios eufóricos de las gestas mundialistas se disipen.

Uno de los que con mayor ansia personal esperaba la llegada de los goles de Messi, es el Jefe de Gabinete Manuel Adorni.

Protagonista de un escandalete bizarro, de una mediocridad superlativa y chabacana, se ha parapetado con uñas y dientes en su cargo público, y un rosario interminable de disparates y mentiras inconcebibles han salido de su boca desde que se filtraron los videos de su viaje en avión privado a Punta del Este. Lo que parecía una infracción menor al decoro, fue transformándose en un escándalo internacional a raíz del pésimo manejo comunicacional de su parte, y la pronta aparición de hechos nuevos y grotescos que lo fueron comprometiendo día tras día, incentivados probablemente por una interna política feroz dentro del gabinete nacional, que el Presidente Milei ha demostrado ser totalmente incapaz de sofocar.

He escrito escándalo internacional, y lo ratifico. El Financial Times en nota de tapa acusó a Adorni de haber mentido y evadido U$S 500.000. Adjunto video que da cuenta de esta publicación.


Es en realidad increíble que este personaje menor, catapultado meteóricamente de una oscura y mediocre participación como panelista secundario y sin relevancia alguna, hasta alcanzar la posición de ser la autoridad administrativa más importante de la República Argentina, sea hoy materia de escarnio en uno de los principales medios de comunicación internacionales.

Ríos de tinta, y millones de visualizaciones en redes sociales ha descripto los tramos más macabros de la historieta de Adorni, que sobrepasan la imaginación fértil del más ingenioso guionista de telenovelas mexicanas. Los giros disparatados de su historia están condenados a formar parte del reservorio de la cultura popular, y los memes se han encarnizado poniendo de relieve los aspectos más absurdos de lo acontecido.

Jubiladas prestamistas, una escribana impresentable, viajes en aviones privados que nadie sabe quién paga, vacaciones recurrentes con su familia en lugares de lujo, adquisiciones inmobiliarias, reformas suntuarias en inmuebles de adquisición reciente, contradicciones permanentes, declaraciones juradas falsas, mentira flagrante en el Congreso de la Nación al que le dijo que su declaración no tenía “ocultación” alguna, para pocos días después hacer con desparpajo una confesión pública de omisión deliberada en tales declaraciones, acogimiento subrepticio y culposo de última hora al régimen de Inocencia Fiscal (propulsado en beneficio propio por el inefable José Luis Espert), negocios oscuros con criptomonedas que tienen un tufo a una derivación de la megaestafa $Libra, etcétera, fueron jalones deshonrosos de una opereta interminable.

Milei salió a defenderlo con un ímpetu digno de mejor causa. Seguido por una sumisa cohorte de funcionarios obsecuentes, obligados a aplaudir lo inconcebible para retener sus cargos públicos, concurrió al Congreso de la Nación, donde entre ovaciones de la barra propia e insultos cruzados de la más baja estofa, el Presidente encabezó en persona una defensa de lo indefendible. Conozco personalmente a varios de los integrantes de ese gabinete, y me cuesta mucho entender como asumieron la indignidad pública a la que fueron sometidos a regañadientes.

Tras ese episodio del Congreso Nacional, se empezó a ejercer una presión para que Adorni presente su declaración jurada y explique su incremento patrimonial inexplicable. Comenzó entonces un juego de tira y afloje entre la Justicia, los medios de comunicación, y los partícipes de las internas oficialistas respecto del cómo y el cuándo debía hacerse esta presentación. Milei dijo que le llevaría un par de días hacerlo, cosa que obviamente no sucedió. Patricia Bullrich, con instinto político y asumiendo la envergadura política que el tema había alcanzado, se apresuró a presentar su propia declaración jurada e interpeló públicamente al Jefe de Gabinete para que haga lo propio.

Pero Adorni no podía hacerlo, porque estaba “dibujando” sus números. Y para hacerlo debía conocer cuánto era lo que la Justicia sabía de sus incrementos patrimoniales turbios.

Como todos los días salía algo nuevo, el “dibujo” tenía que ser retocado continuamente. Estiró los plazos al máximo, haciendo oídos sordos de los reclamos generalizados, y jugó con los tiempos de manera infame, sometiendo a su propio gobierno a un desgaste continuo.

La coincidencia cronológica con el Mundial de fútbol le pareció providencial y prolongó su presentación hasta donde le fue posible.

Aparentemente es un hecho comprobado que pintar el Guernica, quizás su cuadro más importante y complejo, le llevó a Picasso tan solo 35 días. El “dibujo” impresentable de Adorni le llevó mucho más que el doble de ese tiempo, y el resultado fue un mamarracho espantoso.

Con un desparpajo que asusta, el Jefe de Gabinete concurrió a un programa de televisión para exhibir impúdicamente los trazos desteñidos de su boceto inconcluso, y desarrolló un guion tan inverosímil que implica una falta de respeto para quienes se tomaron el trabajo de escucharlo.

Números que no cuadran, fantasiosas apariciones de dinero tras la muerte de su padre, inversiones “olvidadas” en criptomonedas en el año 2013, ganancias fabulosas ignoradas y descubiertas recién a posteriori de su asunción a la función pública, un pendrive mágico que ya forma parte del folklore popular, en definitiva una sarta de mentiras absurdas pronunciadas con una cara de piedra que denota una personalidad patológica.

Con mucha sencillez Martín Lousteau le explicó en un reportaje con Tenembaum las partes más torpes de la mentira y lo asimila a un famoso delincuente español de apellido Fabra que “ganó siete veces el premio gordo de la lotería”, obviamente una maniobra delictiva consistente en comprar números ganadores para blanquear fortunas mal habidas. Algo parecido quiso hacer Adorni con su milagroso hallazgo del pendrive, pero lo hizo tan mal que el relato implosionó de inmediato. Adjunto video.


La inconsistencia argumental de Adorni es monumental y movería a risa si no estuviéramos hablando de algo tan serio como lo es la corrupción en el ejercicio de la función pública.

Un gobierno que exige e impone ajustes salvajes y duros a su población más desprotegida, y que hizo alardes de una honestidad y transparencia inigualables ha quedado expuesto de forma impactante por los desaguisados y torpezas de Manuel Adorni.

No hay Mundial de fútbol que haga olvidar lo sucedido. Fin.

Esa forma interruptiva y definitiva es la que caracteriza las comunicaciones de Adorni. Fin es una sentencia que elude debates posteriores y aniquila el argumento.

Le es aplicable su propia medicina. El seleccionado argentino nos puede dar muchas alegrías, y la emoción desplazará del centro de las conversaciones en los cafés y las sobremesas al caso Adorni, pero quedará este como un persistente sabor amargo en el residual colectivo, presto a inflamarse cada vez que sea necesario.

¿Por qué Milei lo sigue defendiendo cuando ya la abrumadora montaña de pruebas en su contra amenaza en convertirse en avalancha que arrastra en su ímpetu a su gobierno?

Nadie alcanza a discernirlo. Explicaciones sobran: que Adorni sabe cosas muy feas y si le sueltan la mano está dispuesto a contarlas, que tiene un respaldo de su hermana, que no quiere entregar a uno de los suyos porque después irían por él, que piensa que sostenerlo es muestra de fortaleza, que tiene una dependencia personal y anímica con el Jefe de Gabinete, etc. Lo concreto es que, al defenderlo se transforma en cómplice necesario y encubridor de delitos expuestos en forma pública. Insensato es el calificativo que cabe aplicar a esta conducta disociada de todo sentido lógico.

El episodio tiene el agravante de constituir un verdadero cachetazo al sufrimiento que millones de argentinos vienen soportando. Un ajuste solo se tolera si tiene un tiempo razonablemente corto en su duración, si es esperanza de pasar a una situación mejor, pero, por sobre todas las cosas exige que se trate de un esfuerzo compartido y con el ejemplo visible en ese sentido por parte de quienes nos gobiernan.

El incremento patrimonial obsceno en sus formas, y la modificación del tren de vida de Adorni desde que asumió su primera función pública ofenden e injurian al trabajador que ha perdido su empleo, al empresario que ha tenido que quebrar o cerrar su empresa, a los industriales condenados a sobrevivir en condiciones desventajosas, al comerciante cuyas ventas han caído abruptamente, a los discapacitados que se han visto privados de sus ayudas económicas, a los jubilados cuyo ingreso se ha postergado deliberadamente, a los docentes, a los científicos y a los médicos cuyos sueldos de hambre le condicionan la subsistencia, etc.

Mientras escribo estas líneas, una sorda oleada de fastidio me abruma. Existiendo temas tan importantes para tratar y desarrollar, perder el tiempo con el impresentable de Adorni es muy doloroso e inconducente.

Volvamos a recargarnos de energía positiva y retornemos a ese bendito Mundial de fútbol, con su manto que parece cobijarnos en la esperanza a todos, sin distinciones.

Usemos de ejemplo nuestra epopeya deportiva más reciente. Años de luchas y dolorosos fracasos precedieron las conquistas más importantes de nuestros futbolistas.

Se mostró una resiliencia extraordinaria, hubo una apelación al esfuerzo y al trabajo, se consolidó una conducción racional, sin estridencias. Llenos de talentos individuales comprendimos que es el equipo y la cooperación solidaria lo que conduce al éxito.

Ese sentido de equipo, esa conformación de una esperanza basada en una sumatoria de sacrificios y talentos puestos al servicio del resultado colectivo, nos condujeron a un éxito deportivo de proporciones épicas.

Los intelectuales alejados de lo popular tienen a veces una incapacidad formal para entender los fenómenos sociales que movilizan a las masas, y quizás alguno me reclame cierta liviandad comparativa, pero me gusta imaginar que las reglas que nos llevaron a triunfar en lo deportivo, son asimilables a las que resultan necesarias para la construción de una sociedad más justa y eficiente.

La propuesta política de una Argentina en crecimiento debiera replicar criterios razonables que son requisitos previos al éxito. La idea de que perseguimos un crecimiento económico para todos y no solo para algunos, es un principio rector de la nueva epopeya nacional. Saber qué tenemos y cómo utilizarlo de la manera más eficaz es también importante. Una conducción serena es un imperativo racional de toda empresa, si quien tiene las responsabilidades máximas es una persona desequilibrada emocionalmente sus desequilibrios son garantía de cortos circuitos recurrentes.

Uno de los detalles que me llamó más la atención de la selección argentina en el plano humano, es que compartieron el jugoso premio económico que recibieron por ganar el Mundial con todo el personal que trabajaba para ellos en el predio de Ezeiza. Es una demostración cabal de que los jugadores entendieron que no existen engranajes pequeños en el camino a la victoria. Todo aporte es sustancial, cada individuo que coopera tiene valor en sí mismo. Los resultados dependen muchas veces de la fortuna, pero si cada uno de nosotros hace lo que tiene que hacer y piensa en el equipo más que en uno mismo, es más probable que la fortuna nos sonría.

La tercera copa del mundo se había convertido con el paso de los años en una utopía irrealizable. Las críticas fueron despiadadas y el renunciamiento a la epopeya estuvo en la cabeza del mismísimo Lionel Messi. Sin embargo, habiendo caído mil veces, mil veces levantaron la cabeza y siguieron soñando hasta lograr transformar las críticas en ovaciones. Ese derrotero deportivo es el que tenemos que emular en el campo social y político. Los mismos fundamentos: humildad, diálogo, conducción serena, esfuerzo compartido, solidaridad cooperativa y soñar a lo grande, que los sueños, sueños son, pero a veces nuestro empuje coordinado los transforma en realidades.

Hay que empezar a formar ese equipo que se haga cargo de estos sueños inconclusos. Aprendamos a jugar “por amor a la camiseta”. La utopía es siempre un horizonte que dignifica el accionar humano.

Buenos Aires, Junio 18 del 2026

Sisto Terán Nougués


Artículo publicado originalmente en sistoteran.substack.com


Sisto Terán

Tucumano. Abogado. Político. Escritor. Fue vicegobernador de Tucumán, legislador, director de la Casa de Tucumán en Buenos Aires, entre otros cargos públicos. Ha publicado los libros "Cartas a mi hijo que está por nacer" (1999), “Yo no creo en la muerte” (2009), "Camino de Santiago" (2000) y "Hitler, un pecado Colectivo" (2023). Pueden leer sus últimos escritos en sistoteran.substack.com.