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Bramó el león tranqueño

OPINIÓN

Por segunda vez en tres años, Osvaldo Jaldo sacudió fuerte al peronismo tucumano con réplicas nacionales. El largo camino al centro del poder, una maniobra de riesgo que podría dejarlo en offside pero que cuenta con el apoyo de propios y extraños en la comarca que conoce de punta a punta.

(Foto: Facebook Osvaldo Jaldo)


Gonzalo Montiel acaba de meter el penal que desata el desahogo contenido de todo un pueblo, que sale a las calles a festejar lo que tanto tiempo soñó festejar. El epicentro de los festejos en Tucumán es la plaza Independencia, corazón de la Capital. A poco más de 72 kilómetros de allí (una horita yendo tranqui por la RN9), un hombre sale a la calle, se sube a una Honda Wave 110 (“la primera moto que pasaba”, según precisó después) y se aferra al cuello de una señora para ir a celebrar con todos los vecinos de Trancas, su pueblo, capital del departamento con apenas 22.478 habitantes según el Censo 2022. Allí también sería captado compartiendo un beberaje del pico y sin miramientos, como dicta el mandato popular. Es el hombre a cargo del Poder Ejecutivo de Tucumán y el viaje que emprende lo llevará a la Casa de Gobierno y la primera plana de la política nacional.

Osvaldo Jaldo es en sí mismo una institución en el peronismo tucumano.  A los 65 años alcanzó el objetivo que persiguió durante más de una década: sentarse en el sillón de Lucas Córdoba. La alquimia de la política le permitió hacerlo de forma interina y prematura, cuando sucedió a quien por entonces era su máximo enemigo tras años de sinergia: Juan Manzur. Antes de llegar a destino, recorrió un largo camino que lo llevó a ocupar casi todos los cargos públicos a los que puede aspirar un político en nuestra provincia; incluso, el poderoso Ministerio del Interior fue creado para tener a Jaldo al frente en 2007, bajo el régimen alperovichista que años después con Manzur se encargaron de enterrar.

Con la Casa de Gobierno entre ceja y ceja, Jaldo no dudó en desafiar abiertamente a Alperovich –cuando éste los enfrentó por afuera del PJ- como hizo luego con Manzur, en la inolvidable y nunca cerrada interna del 2021. A lo largo de los años, ha tendido puentes en todas las direcciones con tal de construir poder o gobernabilidad, palabra de moda por estas horas en el búnker Jaldista. Sometió casi 12 horas a una interpelación en el parlamento a un ministro manzurista para luego ratificarlo en su cargo durante su interinato no previsto en la Gobernación. 

Ya consagrado como gobernador electo por el voto popular, y siendo además el que más votos cosechó en la historia de nuestra provincia, ni siquiera un libertario despeinado que desprecia al Estado y amenaza con asfixiar a las Provincias constituye un freno o un límite para los puentes que se permite construir el león tranqueño.

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Contador Público (egresado de la UNSTA, matrícula profesional 2490), se forjó al calor de la democracia en el radicalismo de Vanguardia Federal y fue electo intendente de Trancas en el '87 para convertirse en un verdadero símbolo del peronismo tucumano. Bien vale repasar que desde entonces fue electo diputado provincial, legislador provincial, nuevamente intendente tranqueño, otra vez legislador, designado ministro de Economía, proclamado por tercera vez jefe municipal de Trancas, nombrado interventor de la Caja Popular, ministro del flamante Ministerio del Interior, diputado nacional, legislador, y diputado nuevamente antes de ser electo vicegobernador en 2015 y 2019, secundando a Juan Manzur.

José Alperovich tuvo a la provincia en su puño en los años de hegemonía kirchnerista y en 2013 puso al frente de la boleta de candidatos a Diputados a Juan Manzur – Osvaldo Jaldo como anticipo de su tan discutida sucesión, tras 12 años de indómito poder y control total de Tucumán. Tras arrasar en las urnas, el león tranqueño juró en la Cámara baja “por Néstor, Cristina y por el mejor gobernador de la historia de la provincia de Tucumán”.

El súper ministro de Salud de CFK y el hombre más fuerte del interior tucumano se presentaban como un tándem ganador, que garantizaría lealtad y continuidad en el tiempo y espacio al alperovichismo que primero relegaron (Jaldo los desplazó de la conducción del parlamento) y luego sepultaron; en 2019, Manzur y Jaldo -ya despojado de su histórico bigote- le asestaron un golpe de gracia irreversible al exgobernador, que se presentó como un “nuevo José” que los enfrentó por afuera del PJ y terminó ¡cuarto!. Jaldo tomó nota y decidió que el día que deba librar esa batalla, debía hacerlo por adentro.

Al frente del Poder Legislativo (2015-2023, con un break para mudarse a Casa de Gobierno) Jaldo propició el diálogo fluido con todo el arco peronista –por supuesto-pero con especial atención en los sectores opositores, a quiénes les otorgó una alta cuota de protagonismo a pesar de encontrarse en marcada minoría ante el poderoso oficialismo (apenas 16 de 39 legisladores eran no peronistas). Jaldo construyó su poder más allá del límite ideológico desde el Palacio Legislativo, y desde allí libró su posterior (¿e inevitable?) batalla contra Manzur.

Radicales, bussistas y demás expresiones opositoras valoraron y elogiaron su apertura al diálogo. Fueron esos votos los que le permitieron a Jaldo saltar el cerco del poroteo justicialista y vencer a Manzur en la desmedida puja por la elección del ombusdman, cuando la interna quedó expuesta a cielo abierto, se fracturó el bloque peronista y el ecosistema político gobernante. Esos opositores son los que ocuparon lugares de privilegio en el armado electoral jaldista y posterior Gabinete Osvaldista (su versión superadora, más amplia todavía).

El 2023 era su turno, y nadie se iba a meter en su camino. Anticipándose a una posible intención de Manzur de posicionar a un eventual sucesor de su riñón político o incluso de impulsar una nueva reforma constitucional para aspirar a un tercer mandato como hiciera Alperovich, Jaldo lanzó su propia corriente dentro del extinto Frente de Todos y compitió dentro del PJ con Peronismo Verdadero como slogan de campaña. La tórrida interna comarcana le sirvió a Jaldo para mostrar su poder territorial contra un Manzur que alineó a la mayoría de los intendentes oficialistas contra los caciques de Jaldo.

El momento más caliente de aquellos días turbulentos lo protagonizó en Famaillá -pago de los Mellizos Orellana, alineados con Manzur- cuando recordó al célebre oflador (palo de amasar en tucumano) con el que Manzur llegó a la Casa de Gobierno al ritmo de ¡Que ofle el doctor! en 2015: "Se van a tener que guardar el oflador ya saben dónde...se lo van a tener que coser", arremetió en un encendido discurso. Arriba de un escenario siempre lo van a encontrar vigoroso, tenaz, a los gritos, a veces rojo de la bronca y hasta preocupando a su entorno por su salud, de los rugidos que puede escupir al micrófono.

Manzur ganó la interna, pero Jaldo mostró su poder. Renunció al segundo lugar en la lista de candidatos a diputados que encabezó Rossana Chahla dejándole su lugar a -¡sorpresa!- Agustín Fernández. Se avizoraban dos años con el peronismo en llamas y la provincia en bandeja para la oposición, que arañó la victoria en las generales 2021. Sin embargo, los planes de todos cambiaron cuando Cristina Kirchner escribió una carta, Manzur y Jaldo firmaron la tregua y el médico se mudó a la Jefatura de Gabinete: apretón de manos, se dieron fraternalmente la paz y el principal enemigo del gobernador llegaba de forma impensada al sillón que anhelaba, con dos años de anticipación.

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Si algo siempre diferenció a Jaldo y Manzur fueron sus movimientos y ambiciones más allá de los límites de Tucumán. El sanitarista desembarcó como un outsider en el Gabinete de Alperovich cuando Jaldo ya era una figura de la política tucumana hace casi 20 años, y luego fue una figura nacional en el Gabinete de CFK. Con su oflador bajo el brazo y Jaldo como compañero de fórmula y batalla ante la amenaza del macrismo y la justicia, que hasta impugnó el amplio triunfo peronista en las urnas (algunas de ellas quemadas por propios y extraños). Manzur intentó alinearse con un Macri que siempre lo miró de reojo, para luego posicionarse en la Liga de Gobernadores, propiciar un armado del peronismo no K y subirse de lleno al barco del Frente de Todos. 

Mientras Manzur volaba de acá para allá por el país y el mundo, Jaldo se encargó de la Patria chica mientras esa sociedad estuvo operativa. Los sueños presidenciales del médico fueron en franco ascenso antes de la irrupción impensada de Alberto Fernández y mucho más tras su ineludible y triste final, cuando Manzur soñó y se ilusionó con ser Juan XXIII, al punto que llegó a ser cuasi oficializado como compañero de fórmula de Eduardo de Pedro. En alguna nube descansan las fotos que se tomaron para el lanzamiento de   Wado-Manzur.

Jaldo jamás se dejó deslumbrar por las luces de la Ciudad de Buenos Aires. Al contrario, siempre y cuando no se encontraba en campaña, solía pasar sus fines de semana en su Trancas natal, donde sus detractores aseguraban hasta despectivamente que estaba “cuidando las vacas”. Pero en su estancia, el tranqueño esbozaba aquel plan para llegar a la Casa de Gobierno sin Manzur y/o a pesar de Manzur. Donde hubo fuego cenizas quedan, y tamaña interna no se cierra sin cicatrices ni heridos.

En un escenario totalmente impensado, Jaldo quedó a cargo de la Gobernación de Tucumán dos años antes de lo previsto, una muestra gratis de lo que se vendría desde el 23', su año: con un nuevo ministro de Seguridad y un flamante Ministerio de Obras y Servicios Públicos, intentó atacar de frente los principales reclamos de los tucumanos y ponerse al mando de las eventuales respuestas, tendiendo puentes.

Su gobierno mostró rápido una impronta más visceral que la del paciente Manzur, que siempre buscó desdramatizar las contingencias y que el fuego se vaya apagando solo. Ante cada frente abierto, Jaldo quiso ser bombero: declaró a UBER ilegal ante una protesta de taxistas, y luego desactivó una marcha de UBERS al comprometerse a analizar un marco regulatorio para que puedan coexistir.

Con Manzur en Casa Rosada y Jaldo en la Casa de Gobierno, cesó el fuego en el peronismo tucumano, pero no así los conflictos: los manzuristas renegaron de tener que someterse a la conducción del tranqueño con su jefe madrugando en Buenos Aires, mientras que hubo jaldistas de la primera hora que padecieron por no ocupar los lugares con los que se ilusionaron. El tranqueño se acomodó al sillón de Lucas Córdoba, calmó las aguas, abrió el diálogo y comenzó sigilosamente a delinear la tropa propia para afrontar el '23, su gobierno.

La pelea entre radicales y macristas le sirvió la provincia en bandeja a Jaldo, que cosechó más de 600.000 adhesiones y se convirtió nominalmente en el gobernador más votado de la historia de Tucumán. El único –y no menor- obstáculo fue judicial y del ámbito nacional: la Corte Suprema de Justicia impugnó la candidatura de Manzur a vicegobernador. Jaldo puso cara de enojado, recuperó la sonrisa al anunciar a Miguel Acevedo como su compañero de fórmula con la certeza de que no habría presencia ni demandas del manzurismo en su tan esperada gobernación. En el justicialismo no hay ni puede haber doble comando.

La derrota de Sergio Massa puso al peronismo tucumano frente al incómodo escenario de ser otra vez oposición al gobierno nacional, tan necesario para garantizar el pago de sueldos y la tan mentada paz social. Jaldo jugó sus cartas y se anticipó a la avanzada libertaria.

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Hola a todos, yo soy…

Jaldo rompió los protocolos y enterneció a la política tucumana al recibir los atributos gubernamentales de manos de una de sus nietas, para que luego sí tanto Manzur como el ministro-candidato Massa lo ayudasen a colocarse la banda y ostentar su bastón. A tono con los tiempos, llegó a la Casa de Gobierno prometiendo ajuste, reducción del déficit y revisión del derroche estatal. La motosierra de Jaldo, la llamaban. La desarticulación de la Unidad de Reconversión Laboral (UREL) supuso el ahorro de $10.000 millones de asistencia a desempleados post pandemia, que según las acusaciones era una usina de contención de dirigentes manzuristas.

Sus primeras aventuras a Buenos Aires sirvieron más que nada para presumir el no-uso del avión sanitario de la provincia al viajar en vuelos comerciales. Felicitó desde el búnker local y por las redes a Milei la noche que se impuso en el balotaje y comenzó a delinear la estrategia para capear la tormenta libertaria. “Gobernabilidad”, es la palabra que repiten Jaldo y los propios como un mantra. Ante el Decretazo primero y el DNU con la Ley de Bases después, comenzó una ronda de diálogo con los diputados y senadores peronistas, para determinar pasos a seguir en pos de la defensa de Tucumán.

Sin una hoja de ruta clara en el peronismo a nivel nacional, Jaldo cerró filas y se propuso el rescate de las industrias tucumanas. Su primera gran medalla. De aquellos encuentros se desprendió que jamás estuvo en los planes de Jaldo el rechazo al plan libertario, e incluso tomó distancia de un documento que promovió Axel Kicillof junto a los gobernadores peronistas ante la amenaza de Milei de eliminar la Coparticipación. En la reunión de los mandatarios con el presidente, se sentó en la otra punta de la mesa, muy lejos de los hermanos Milei, Victoria Villaruel y Martín Menem. Pero las fuerzas del cielo comenzaron a dialogar con el tucumano.

El 4 de enero se reunió con el ministro del Interior, Guillermo Francos, uno de los armadores políticos de La Libertad Avanza, y encargado de construir los consensos para aprobar en el Congreso el mamotreto desregulador del agente paraestatal Federico Sturzenegger. Tras recibir a la diputada liberal porteña Lucía Montenegro (de padres tucumanos), Jaldo interpretó que la Ley Ómnibus de Milei se iba a terminar aprobando por las malas o las muy malas, así que se tiró de cabeza a negociar para obtener la derogación del artículo 59 del proyecto de ley, para que se mantenga la vigencia de la Ley 25.715 del Azúcar, que protege a la industria madre local y para que el limón y sus derivados (incluyendo el aceite esencial) no paguen aranceles.

La diáspora en el peronismo nacional le permitió al gobernador que supo dejar atrás a Alperovich y Manzur llegar a la conclusión de que hoy no tiene jefe, y por ello forjará su propio destino.  El diputado Agustín Fernández (quien ocupa la banca a la que renunció Jaldo) le puso su firma al dictamen del oficialismo y no al de rechazo de Unión por la Patria, y horas después le presentó a Menem la conformación del bloque Independencia, compuesto por tres diputados que responderán a Jaldo. Las diputadas Gladys Medina (esposa del ministro del Interior, Darío Monteros) y Elia Fernández (esposa del presidente subrogante de la Legislatura, Sergio Mansilla) completan la armada Jaldista. Tres votos que pueden ser determinantes para las fuerzas del cielo en ésta y futuras negociaciones, donde el mandatario tucumano ostentará –e intentará redituar- su flamante autonomía.

La prensa nacional se regodeó con la fractura a la tucumana de Unión por la Patria, que desde ese espacio se calificó como traición. Jaldo ratificó su postura en nombre de la gobernabilidad y las industrias tucumanas, pase lo que pase por estas horas con el dictamen blue judicializado y los consensos que hoy Milei no puede o no sabe consensuar. Toto Caputo confirmó que se retira del proyecto el capítulo fiscal, que incluye todos los pedidos y gestiones de Jaldo en pos de nuestras industrias. El ministro Francos le devolvió la pared y reconoció que el tucumano tuvo una “actitud patriótica”. Batalla ganada, pero a qué costo.

Ya no hay marcha atrás: Jaldo tomó distancia de Unión por la Patria, ganó cintura con su propio bloque en Diputados, el capítulo fiscal que amenazaba a las industrias tucumanas es historia (a menos que le concedan super facultades a Milei y vuelva a la carga) y consiguió el respaldo de intendentes y legisladores peronistas tucumanos, así como los industriales y azucareros locales. Lo que digan más allá de Tucumán hoy por hoy le importa poco y nada, porque el león tranqueño espero mucho por su oportunidad, ya bramó, se subió a la moto y va y va… 


Jaldo en los festejos mundialistas. (Foto: Facebook Osvaldo Jaldo)

Jura en Diputados 2013. (Foto: Prensa Osvaldo Jaldo, tomada de La Gaceta)

Reunión de gobernadores, diciembre de 2023. (Foto: Presidencia)