Crónica de un atentado anunciado
Eligieron criminalizar y proscribir al adversario político cómo método válido para excluirlo. El sicario sólo dio un paso más en esa dirección. Por Antonio Leone.
Imagen ilustrativa. Marcha en la Ciudad de Buenos Aires el pasado 9 de Julio. (Foto: Twitter @Gbastidas)
Hace tanto tiempo que venimos advirtiendo de las consecuencias del discurso violento de la derecha. ¿Recuerdan cuando éramos “la grasa militante”? ¿Cuándo perseguían a les compañeres por sus opiniones en las redes? ¿Cuándo les kirchneristas éramos culpables de todos los males de Argentina?
Cuando la derecha ganó las elecciones en 2015, abandonaron las bicicletas ecológicas, las camisas azules con cuellos desprendidos y los mocasines clásicos para retomar su viejo y conocido rostro sangriento y feroz.
La violencia fue creciendo. Cobijada por el aparato del Estado mientras Macri fue presidente. Fue contra los mapuches, fue contra las personas en situación de calle, fue contra los obreros de paro, fue contra los jubilados y fue contra la dirigencia del Frente de la Victoria, en particular contra CFK, pero también contra Milagro Sala, Amado Boudou, Julio de Vido y tantos otros. Hasta aquí, esto era esperable, son eso, siempre lo fueron. Hacen eso.
Lo inconcebible es que hayamos permitido que continuara creciendo en nuestro gobierno. Hubo decenas de señales de que la violencia iba en aumento. Y no hicimos nada. Bueno, en realidad, nuestro gobierno no hizo nada.
Nosotros sólo podíamos gritar que el lobo venía.
Y el lobo vino, ayer llegó a 20 cm del rostro de Cristina.
El declive y ostracismo de Milei es directa consecuencia de que su discurso psicopático de odio fue asumido por el conjunto de la principal dirigencia opositora, que competía entre sí a ver quién decía la barbaridad más grande contra Cristina, el gobierno, el kirchnerismo y el peronismo.
En ese clima pasó lo que pasó, que dejó al país al borde de la guerra civil.
Dios, la Pacha, Néstor o tal vez Evita, impidieron que la bala saliera. Tal vez fueron los mártires de nuestra historia y los 30.000 desaparecidos que dijeron Nunca Más. Pero sólo un milagro salvo a Cristina y a cientos de miles de argentines de la muerte. Porque eso no terminaba ahí. El baño de sangre hubiera sido inimaginable.
Esta vez, el sicario falló. ¿Seguiremos tentando a la suerte? ¿Seguiremos pensando que es un loco suelto, un lobo solitario? ¿Seguiremos permitiendo que se alimente con el odio a tantas bestias salvajes, con el perdón de las bestias?
Macri, Bullrich, Larreta, López Murphy, Tetaz, Carrió, Espert, el marido de Pampita. Ninguno de ellos y otros tantos como ellos, tampoco los medios, se privaron de arrimar leña a la hoguera.
Ellos también cargaron el arma del que quiso matar a Cristina.
No creo en sus falsos repudios, cuando en realidad lo único que lamentan es el resultado frustrado. No alcanzan el estándar mínimo de la política en democracia. Eligieron criminalizar y proscribir al adversario político cómo método válido para excluirlo. El sicario sólo dio un paso más en esa dirección.
Mientras no aceptemos que un 30%, si no más, de los argentinos hubieran festejado que el atentado tuviera éxito, nos vamos a seguir equivocando en el enfoque del problema, por minimizar su gravedad. Hace rato ya que esa gente rompió el pacto democrático, en el que nunca creyeron.
El fascismo es eso. Criminalizar al adversario y culparlo de todos los males. Deshumanizarlo, excluirlo, segregarlo, proscribirlo. Y el fascismo lleva a esto. Sangre y muerte. Mucha muerte.
Alberto creyó en la autodepuración de la justicia y la moderación de la oposición. Un fracaso político. Y el mayor fracaso es no ver que ni aun haciendo lo que ellos quieren, aun aplicando el programa que nuestro pueblo repudió en las urnas, ni aun así nos van a dejar en paz.
Con ésta gente no se puede acordar nada, porque nos quieren literalmente muertos. ¿Tan difícil de entender es?
Como canta la hermosa Violeta Parra en “La Carta”:
¿Habrase visto insolencia,
barbarie y alevosía,
de presentar el trabuco
y matar a sangre fría
a quien defensa no tiene
con las dos manos vacías?, sí.
La carta que he recibido
me pide contestación.
Yo pido que se propale
por toda la población
que el león es un sanguinario
en toda generación, sí.








