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Mejor caer de pie, para poder seguir

TRIBUNA ABIERTA

"El peronismo no es bueno ni malo. Es un movimiento con banderas. Si se callan o disimulan, no hay peronismo. Y los triunfos electorales de un no-peronismo significan para el pueblo una frustración", plantéa el compositor e intérprete tucumano, Juan Falú.

17 de octubre de 1945.


Con excepción de la militancia con compromisos comunitarios, ser peronista en estos tiempos es una representación simbólica fuerte, con una representación política-organizativa débil.

¿Dónde nos sentimos cobijados o representados o participando? En la historia y las consignas. Pero no el partido, ni en el sindicato, ni en la unidad básica, ni en el MOVIMIENTO, ni en una CONDUCCIÓN.

Peronistas más racionales ven en Alberto una conducción. Peronistas más combativos, en Cristina. Pero ni Alberto ni Cristina están fomentando la participación y la organización popular.

Las nuevas formas de la política desdeñan la participación popular. Por eso el partido está en estado de letargo, así como las estructuras más primarias de organización, como la unidad básica.

El 17 de octubre del ‘45 representa la irrupción de la participación popular. Hasta el 55 se avanza en la organización de esa participación. Partido, Movimiento, Ramas, Unidades Básicas.

Claro, siempre en pos de un proyecto.

A partir del ‘55, la Resistencia combina nuevas formas de participación y por ende, de organización. Sindicalismo combativo, organizaciones de bases, tendencias revolucionarias que se abren a nuevas ideas de transformación. Se agudizan las contradicciones del movimiento, pero ninguna de sus expresiones reniega de la organización. 

Taco Ralo simboliza nuevas formas de participación y organización, continuadas y desarrolladas más intensamente por otras organizaciones. Se trata definitivamente de proyectos socialistas revolucionarios y su posterior aniquilamiento desde la estructura represiva y genocida del estado.

La democracia de vuelta en el ’84 remoza la idea del protagonismo partidario. Después de muchos años de censura y debilitamiento, el PJ vuelve a tener más protagonismo que el sindicato.

La experiencia menemista es destructora de la historia de luchas, de símbolos. Inaugura la política mediática, la farándula política, la promesa incumplida, la eliminación del estado e instala la corrupción como práctica naturalizada de la política.

Ese tiempo marca también la instalación de lo mediático como condicionante de la política y del acceso o salida del poder político. Se empieza a hacer política con medios, dinero y alguna farándula que coseche votos.

Se desarticula la idea de la Participación, la Organización, el Proyecto y la Mística, como motores de la política y las transformaciones.

El peronismo, aggiornado a esos paradigmas, ve desvanecerse sus motores históricos.

Me pregunto a menudo: ¿dónde quedó el rostro obrero? No lo vi en ninguna lista.

No tengo nada contra la presencia de la clase media. Es siempre necesaria. Pero pasó a ser la “columna vertebral” del peronismo.

Un movimiento que pretende ser nacional y popular repele al garca, al represor y al explotador. El resto, puede y debe ser convocado.

Pero, mientras se construye, ¿cuál es el eje de convocatoria de una Argentina Justa, Libre y Soberana?

¿Es un sector de la militancia amparada en el estado, y sin laburantes a la vista?

¿Es Cristina desde un bunker o Cristina de la calle con la gente cada vez más organizada y participativa?

¿Es Alberto saliendo junto a Cristina en los actos para evitar que se noten aplausos desparejos si salen separados? ¿O es Alberto asumiendo la Presidencia con señales claras de autonomía?

Una oposición se une y nosotros nos debatimos en internas. Eso ya costó soportar un gobierno vende patria. 

A las inevitables internas las superemos desde lo trascendente y no desde el chiquitaje de las peleas por espacios de poder. ¿Poder para quién?

Hablemos de Patria Justa, Libre y Soberana sin tapabocas.

Recuperemos la POLÍTICA al servicio del pueblo y de las transformaciones. Cuestionemos la idea de que se puede hacer política sin pueblo porque bastaría hacerla con guita, medios y una encuestadora al lado.

Estimulemos Participación Popular sin vacilaciones. Por empezar, revitalizando Unidades Básicas, que podrían haber sido un factor de acompañamiento y concientizaciones barriales en plena pandemia.

Que reaparezca el rostro obrero en las listas.

Llenemos las salas y teatros sindicales con manifestaciones culturales en el marco de un acuerdo Ministerio de Cultura - CGT 


Llenemos las escuelas de actividades que eslabonen las memorias de tres generaciones entre alumnos/as, padres y abuelos/as.

Eliminemos el reparto de cargos para devolver favores. Los funcionarios deben ser idóneos.

Presentemos proyectos de leyes ambientales en serio. 

Frenemos la explotación minera a cielo abierto.

Pensemos en un plan en serio para evitar el monocultivo y cuidar tierra, aire y agua. Solo se cuidan los recursos si los cuida el estado con el acompañamiento y control popular.

Sin vacilaciones. El modelo Vicentín de marchas y contramarchas se paga caro.

Pongamos coto de una vez por todas a los agentes de la inflación, de la timba financiera, con señales claras y movilizando un pueblo para velar por el cumplimiento de un efectivo control de precios de los insumos de la canasta básica.

Defendamos la ética del funcionario como modelo de la ética social. La degradación ética nos puede convertir en un país con provincias cooptadas por la corrupción, el extractivismo, el narco, el sojero o el caudillaje paternal y acomodaticio del poder.

Nada de eso se asegura sin PROYECTO. 

Convoquemos desde un proyecto. ¿O ahora el proyecto es para dos meses?

Restauremos la participación popular en torno a un proyecto. Es la única vía de una mística. No hay otra.

Alimentemos perspectivas de género en serio, responsables, que atiendan a las graves violaciones de las mismas en la sociedad, pero a sabiendas de que quienes más las padecen –como siempre- son los sectores humildes, los condenados de la historia.

Generemos un proyecto de Sistema de Salud que asegure la cobertura al pueblo y un límite preciso al poder de los monopolios de la salud y la industria farmacéutica. Digamos que la excelente respuesta en pandemia de las políticas públicas en el área, llegaron para quedarse y profundizarse. 

¿Y el sindicato? La dirigencia es espectadora silenciosa, con sus tiempos y su poder, de toda coyuntura crítica. No debe ser espectadora de una crisis. Debe estar convocada a atravesarla.

¿Puede hablarse de proyecto nacional y popular sin un sindicalismo comprometido? De ninguna manera. 

Es el PROYECTO que congrega a las bases sociales, la única herramienta para alinear a las cúpulas en el mismo. 

Y esto se sabe, pero no se dice y no se hace, por el famoso miedo a ahuyentar votos de quienes desconfían del peronismo. 

Resultado: la clase media es la columna vertebral de un peronismo sin obreros en las listas, sin empresarios ni agricultores al estilo de un Gelbard o Volando, sin Carrillos, Evitas, plazas, overoles, alegría, mística y vocación transformadora.

Y sin las enseñanzas de Perón para conducir un movimiento y gobernar con ese movimiento organizado en torno a un PROYECTO.

La grieta está, desde hace rato. Se le puso cara buena y conciliadora. Del otro lado fueron más libres para soltar su odio al pueblo.

Está bueno suponer que en el peronismo se garcha, utilizando una coqueta metáfora triunfalista para augurar alegrías y triunfos. Pero ahora, lo único sensato es evitar que nos garchen.

Humildemente, espero placeres más seguros si construimos mística, participación y organización.

El peronismo tiene que dejar de pensar en tener un rostro bueno para atraer votos. 

El peronismo no es bueno ni malo. 

Es un movimiento con banderas. Si se callan o disimulan, no hay peronismo. Y los triunfos electorales de un no-peronismo significan para el pueblo una frustración.

Estas ideas no están inspiradas en una derrota electoral. Vienen del fondo de los tiempos y nos llaman desde el Bando de San Martín al Ejército de Los Andes y desde el 17 de octubre del 45.

La grieta está. Entonces, a morir con las botas puestas.

Juan Falú

Juan Falú es músico de formación autodidáctica, referente fundamental de la música argentina, en su doble condición de compositor e intérprete. Es docente en la Universidad de San Martín y ex-docente del Conservatorio Manuel de Falla, de Buenos Aires. Integró el Directorio del Fondo Nacional de las Artes de la República Argentina, desde el año 2005 hasta el 2016. Dirige el festival Guitarras del Mundo, considerado el mayor encuentro internacional de su género. Recibió el título Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Estuvo a cargo de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores.