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Entre lo "apolineo" y lo "dionisiaco" en el Palacio de la (in) justicia

OPINIÓN

"Los desenfrenos sexuales comarcanos tienen como actores -autores- protagónicos a quienes ocupan en La cúspide del Poder Judicial y del Ministerio Pupilar y de la Defensa así como del Ministerio Público Fiscal". Por Gustavo Morales.

Palacio de Tribunales de Tucumán. (Crédito: Alejandro Gomez Tolosa).-


"Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo" (Alejandra Pizarnik)

"Usted no ha sido ajeno al dolor y al sufrimiento, ¿no es así?" (Friedrich Nietzsche).


La individualización de la problemática -cada vez más acentuada- de los "acosos sexuales" que sufren las mujeres que integran el Poder Judicial y los Ministerios Público y Fiscal y de la Defensa, se suma a otra preocupante postura consistente el disciplinamiento a las víctimas para que guarden silencio, disimulen estas complejas situaciones y padezcan el eterno suplicio de Sísifo.

Un abismo entre los "feminismos jurídicos" que preconizan y las prácticas patriarcales reales de mujeres con poder [....] Sí, del "género femenino" con facultad de decisión en lugares estratégicos como la misma Presidencia de la Corte -verbigracia en Tucumán-.

Entonces, las perspectivas de análisis deben ser, necesariamente, desde una óptica de "clase" porque "no se trata de mejorar la sociedad existente sino establecer una nueva", según enseñaba Marx.

Es que abundan los ejemplos de comportamientos cómplices y encubridores de mujeres en relación a los hostigamientos y "abusos sexuales", tanto en el Senado de la Nación como en la Legislatura local e incluso en Alto Tribunal doméstico.

De manera que las instituciones que cuentan con oficinas tales como "de Violencia de Género" (sic) o con Secretarías "de la Mujer" (sic) o "de Derechos Humanos (sic), lo que proyectan no sólo es su inutilidad sustancial sino además una hipócrita creación por negarse a escuchar a su par "violentada"

En definitiva, los perpetradores de estos hechos execrables son, precisamente, los superiores de máxima jerarquía de las innumerables secretarías con títulos rimbombantes que sólo en los carteles, de modo lacónico, expresan protección a la mujer.

Ahora bien, la víctima que decide hablar es dilapidada por sus "compañeras" a través de un amplio abanico de críticas que oscilan entre la suspicacia y la sobre - actuación con una finalidad abyecta.

En el fuero íntimo de las "otras" impera el descreimiento de los discursos acerca de las vilezas padecidas por ello es que, en los hechos, emerge un silencio atronador.

Luego, las "estructuras" -en muchos casos conformadas con mayoría femenina- reaccionan con persecuciones mortificantes hasta aplicando sanciones a las "réprobas" para provocar una subordinación sempiterna con significaciones sociales.

Los desenfrenos sexuales comarcanos tienen como actores -autores- protagónicos a quienes ocupan en La cúspide del Poder Judicial y del Ministerio Pupilar y de la Defensa así como del Ministerio Público Fiscal.

La belleza en estos ámbitos es sinónimo de altísima vulnerabilidad.

Entonces [...]

¿Cuánto más deben esperar las víctimas para que investiguen juzguen y sancionen estos delitos contra la integridad de una mujer?

¿Cuánto más deben esperar las víctimas para que no continúen sus "revictimizaciones"?

¿Cuánto más deben esperar las víctimas para que operen en la praxis cotidiana eficaces mecanismos de prevención?


Gustavo Morales

Abogado penalista.