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Un equivocado debate sobre la independencia judicial en Tucumán

TRIBUNA ABIERTA

“La tranquilidad de conciencia no depende de los motivos, depende de la conciencia”. Con esta frase de Jacinto Benavente, el abogado Gustavo Morales analiza la actualidad judicial de la provincia en tiempos de escándalos y de profundos cuestionamientos.

La cúpula judicial de Tucumán. (Foto: Dirección de Comunicación de la CSJT)


Como si fuera una ironía de la historia o, tal vez, producto del “caos azaroso”, como escribió Borges, la problemática institucional derivada de la invasión del “poder político” al órgano judicial se simboliza erróneamente en dos hombres-nombres: Pedicone - Jaldo.
 
El primero, de cepa peronista, debutó muy joven en la política y resultó electo intendente de la ciudad de Monteros en dos oportunidades y luego, legislador provincial, para culminar como funcionario menor durante la extensa gobernación de José Alperovich.
 
El otro, procedente del extinto partido de “Vanguardia Federal”, cuyo líder indiscutido fue Celestino Gelsi.
 
Apenas recibido de Contador Público Nacional, Osvaldo Jaldo ingresó como empleado de la Municipalidad de Trancas e inmediatamente demostró su voracidad por "“andar” al extremo que, cambiando sus convicciones ideológicas, fue elegido intendente de aquella localidad por el partido justicialista, en cuya función conoció al abogado Daniel Leiva, consolidándose esa relación –que permanece inconmovible- desde hace tres décadas, a pesar de los diferentes cargos, electivos o no, a los que llegó Jaldo como “peronista”.
 
Sin embargo, mientras Pedicone desembarcaba en la judicatura de la mano de Alperovich, a mediados de 2015, como Vocal de la Cámara de Apelaciones, sutilmente Jaldo se alejaba de quien había sido definido por él mismo como “el mejor gobernador de la historia de la provincia de Tucumán” y hasta juró en estos términos como diputado nacional.
 
Duró un poco más de un lustro la permanencia de Pedicone en la judicatura por errores y horrores técnicos jurídicos, estratégicos, comunicacionales y estéticos propios más que por méritos de sus “compañeros peronistas”.
 
Tan groseros yerros cometidos por Pedicone en su harto improlija defensa llevó a que se unieran el Gobernador y el Vice Gobernador, precisamente, en un campo de lucha de poder entre éstos, en que se convirtió desde hace un par de meses la “Comisión de Juicio Político”.
 
El inicio de la disputa entre ambos justicialistas –Pedicone y Jaldo- se produjo a raíz de un tráfico de influencias del juez de la Corte de Tucumán, Daniel Leiva, al camarista, cumpliendo “el mandado de Jaldo” que consistía “en controlar la intensidad de la causa Bussi”, con la finalidad que el hijo del genocida, en la legislatura provincial, impidiera cualquier posibilidad o conato de reforma constitucional que facilitara una nueva reelección del titular del Poder Ejecutivo Dr. Juan Luis Manzur.
 
Después, todo se transformó en un maremágnum, tanto la “Comisión de Juicio Político” como la defensa de Pedicone e, incluso, el “Jurado de Enjuiciamiento” pues todos por igual, exhibieron una enorme pobreza intelectual y exteriorizaron conductas opacas que generó hastío en la sociedad tucumana; por eso estuvieron solos los acusadores y el destituido.
 
El pueblo sabiamente le dio la espalda en repudio a los egoísmos de ambos bandos peronistas.
 
Sólo los obtusos, obcecados, ingenuos y oportunistas continuaron al lado de quienes descalificaban a Pedicone y apoyaban a éste.
 
Emergió el maniqueísmo y no hubo espacio ni tiempo para quienes criticamos tempestivamente este falso binarismo –PJ – o Pedicone-Jaldo y surgieron también voces dañinas que lejos de introducir ideas e incorporar planteos al debate, lo obturaron.
 
En definitiva, la lección más importante que –inconscientemente- dejaron estos agonistas fue la necesidad imprescindible de democratizar el Poder Judicial a través de la demorada implementación en el proceso pena del “Juicio por Jurados”.
 
 
Dr. Gustavo Morales
Abogado penalista
Mat. Prof. N°3924

Gustavo Morales

Abogado penalista.