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Los huellas de mi profesor

Tribuna Abierta

Hoy nos toca celebrar el día del profesor en tiempos extraordinarios .Ser profesor con mochilas cansadas, cuerpos distantes y entusiasmo esfumados, es la tarea cotidiana de nuestros profesores.


Enseñar matemática, historia o lengua, no son simples exposiciones, y cuando hablo de profesores únicos, me refiero a esos que se interesan, que se comprometen, que sostienen miradas, que enseñan a compartir, a empatizar, tantos valores, que muchas veces para  esos adolescentes, son las únicas personas con las que cuentan para ello.

Vivimos en un mundo en el que ser médico, abogado o ingeniero está más valorado que ser maestro, a pesar de saber que sin un maestro no hubiésemos llegado a ser nada de lo anterior.

En estos tiempos de facilismo, de cultura light, del mínimo esfuerzo, paradójicamente en las aulas siguen las fuerzas por dejar de pasar fugaces por las escuelas, y empezar a dejar sensaciones y construcciones inolvidables, porque  de eso se trata, y esa es la lucha del profesor. 

Enseñar lengua, historia, matemática, es materia accesible para los adolescentes, con un click en Google es suficiente para que  el concepto esté ahí, pero ellos no son simples expositores, son personas que en su hacer,  impregnan de cariño esos vínculos, esa cercanía necesaria para aprender.

En materia de psicología educativa, enseñar con emociones es un  tema vigente y esperanzador. En un estudio sobre tal cuestión, los científicos se llevaron una inesperada sorpresa luego de observar el resultado de estas mediciones: la actividad mental del estudiante durante una clase convencional resultaba equiparable al momento de ver la televisión, es decir, era entre escasa y nula.

Asimismo, esta investigación demostró fehacientemente que el modelo pedagógico conservador basado en la figura del alumno pasivo que simplemente se limita a recibir información y contenidos no funciona y, por ende, ha quedado obsoleto y caduco. Se ha concluido que, enseñar con emociones cosechan aprendizajes significativos.

Ustedes piensen, ¿cuáles son los momentos de su secundaria que quedaron grabados? Seguramente aquellos en los que estuvieron una mirada, una palmada, una sonrisa, es por eso, que lo que se enseña con cariño, no se olvida. 

Cuántos de nosotros tenemos todavía presente ese profesor, que nos preguntaba cómo estábamos, que cosas lindas nos habían sucedido. 

Ser profesor,  significa tener en cuenta lo que necesita el alumno, para aprender, para saber, una profesión en la que recibes lo que das y en la que tienes que comprometerte con la sociedad para crear a los mejores profesionales del futuro. 

Ser maestro es vocación, y solamente aquellos que la sienten serán capaces de transmitir conocimientos verdaderamente importantes a los alumnos que los reciben.

Ser profesor es sentir orgullo cuando oyes a un alumno decir “esa fue mi maestra en el colegio”.

Ser profesor es un encuentro de almas.

Ser profesor es renacer cada día.

Pero ser profesor, también duele, y como cuesta. Detrás de esa persona que enseña, existen otros sentires, y ahí está lo valioso de su ejercicio,  el de la docencia, que pareciese que al entrar al aula, se sufre de amnesia, y muestran su mejor sonrisa, como si nada les doliera.
En este tiempo de pandemia, ser docente es estar mediado por una pantalla, es innovar continuamente, buscando motivar a los alumnos, a ellos, que también están cansados. Como profesional, cuando tuve la oportunidad de indagar qué es lo que más les gustaba de su profesión, escuché algo encantador: “Ser profesor y entrar al aula, me devuelve el alma, me alegra el día, y me hacen ver la vida más linda”
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En este día celebro por los profesores que no bajan los brazos, que apuestan a un mundo más justo, que dejan sus huellas, esas que nos atraviesan con el corazón para toda la vida.


Cecilia María Lozano es asesora pedagógica de escuela pública. Contacto al correo: [email protected]