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Los viejos y el coronavirus

TRIBUNA ABIERTA

Una opinión sobre el impacto de la extensión de la cuarentena preventiva obligatoria en los adultos mayores.


Celebro de la política sanitaria nacional su elección de los valores humanistas sobre los económico financieros, sin dejar de ser consciente de las consecuencias catastróficas que trae una pandemia, a nivel humano y económico. Comparto la búsqueda de consensos, el diálogo con referentes científicos argentinos y extranjeros, con gobernadores e intendentes, y con oficialistas y adversarios que está llevando a cabo la Argentina. Observo, complacida, que hay varios adultos mayores en el gabinete nacional y entre los asesores  del Presidente.

Sin embargo, en vistas de una  posible prolongación de la cuarentena para los adultos mayores, quiero plantear una angustia compartida con algunos amigos y colegas.

El aislamiento es imprescindible en este estadio, pero requerimos del contacto con la familia, con amigos, con seres queridos, con colegas, con jóvenes y deseamos trabajar en lo que nos apasiona. ¿Alguien puede negar que la subjetividad se construye con los otros?

Toda situación límite es contradictoria porque despierta solidaridades e individualismo salvaje, que ve al otro como un peligro que hay que aislar. Y, en general, ese “otro” es el viejo. Nadie puede negar que la expectativa de vida ha crecido, encontrándonos con personas de más de 90 años con una lucidez y creatividad enormes.

Nos jubilamos de un trabajo pero no de una existencia plena. Hay una idea naturalizada que  piensa que en esta etapa nos tenemos que ocupar solo de nuestros nietos. Por cierto, gozamos con ellos, pero no son la única meta porque tenemos proyectos y forjamos utopías.

Los “viejos” no queremos simplemente vivir, sino que queremos existir y para ello necesitamos del encuentro con los otros, guardando los máximos cuidados.