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El miedo, rector del nuevo paradigma mundial

OPINIÓN

En un mundo plagado de fakes news, donde la era de la postverdad domina el escenario, el virus del miedo se propaga con la misma velocidad que la pandemia mundial.


Si hace tres meses en alguna mesa de café hubiésemos planteado el advenimiento de un nuevo orden mundial que instalara las bases de un nuevo paradigma económico y social, cualquiera que nos hubiese escuchado podría haber asegurado -con un alto grado de certeza quizás- que nuestras elucubraciones formaban parte de ese imaginario popular que todo lo reduce a las trilladas “teorías de las conspiraciones”. Esas en las que los Iluminati, los Bilderberg o los Bohemian Grove se reúnen para decidir como manejar el mundo y dominarnos. Si bien está más que comprobada la existencia de estos think tank del esoterismo moderno, nada nos indica que tengan algo que ver con la aparición y propagación del covid-19.

Tampoco podemos asegurar que el coronavirus llegó como un castigo divino para ponerle un freno al individualismo imperante de esta sociedad capitalista de consumo. Tampoco podremos saber a ciencia cierta si es que fue una respuesta natural de nuestro planeta, traducida en una reacción instintiva ante la desmedida contaminación provocada por el hombre. Y menos, aún, que haya sido producido por el gobierno de los Estados Unidos para colocar al mundo en una economía de posguerra y, de esta manera, volver a recuperar el terreno perdido ante China.

Pero lejos de estas teorías “conspiranoicas” –o no tanto- hay una realidad que no podemos soslayar: la aparición de este cisne negro (término que acuñó Nassim Taleb en referencia a algún acontecimiento inesperado que hace tambalear el statu quo) nos ha dejado en shock. Inmovilizados y perplejos.

En 1970, el visionario Alvin Toffler, cuando escribió el Shock del Futuro sostenía que la sociedad mundial no iba a lograr digerir con rapidez los constantes cambios sociales, culturales y económicos.  Y es precisamente lo que nos está sucediendo en estos momentos. La mutación hacia una nueva forma de vida, hacia un nuevo paradigma de sociedad nos interpela a todos por igual, y en tiempo real, en este mundo globalizado.

Es verdad que a lo largo de la historia hubo acontecimientos que dejaron desconcertada a la humanidad. La peste negra que azotó a Europa en 1348 o los millones de muertos que ocasionó la Segunda Guerra Mundial fueron, sin duda, hechos que marcaron con fuego a una gran porción del planeta. Pero, ¿por qué percibimos que con el coronavirus ocurre algo diferente? ¿Será porque la posibilidad de contraer la enfermedad y de morir infectados nos alcanza a todos? Sabemos que esta pandemia no distingue razas ni distancias, ni estatus social ni económico. Y si bien los profesionales de la salud afirman hasta el hartazgo que la tasa de mortalidad no es superior a la de cualquier gripe, el miedo a una muerte segura entró a nuestras casas sin pedir permiso, como esos comandos de elite que derriban puertas a patadas.

Ahora bien, ¿ese miedo que percibimos es proporcional al escenario actual de pandemia mundial, si se tiene en cuenta el porcentaje de mortandad en relación a la cantidad de infectados? Sin ánimos de minimizar la peligrosidad de esta pandemia surgen los siguientes interrogantes: ¿acaso en la gripe española de 1918 no perecieron 50 millones de personas?, ¿O la Segunda Guerra Mundial no se cobró la vida de 100 millones de individuos? Sin ir más lejos, ¿la fiebre amarilla no mató a casi 15 mil argentinos en 1871?

Que el hombre le haya tenido miedo a la muerte desde el comienzo de los tiempos es una verdad de Perogrullo. Pero que se haya intensificado al unísono en toda la población mundial puede que tenga, sin caer en un reduccionismo banal, una posible explicación: estamos alienados, las 24 horas del día, observando a través de esa ventana al mundo que se llama teléfono móvil.

En un mundo plagado de fakes news, donde la era de la postverdad domina el escenario, el virus del miedo se propaga con la misma velocidad que la pandemia mundial.

En 1949 George Orwell escribió la novela 1984. En ese best seller, el escritor británico planteaba un mundo dominado por un gobierno totalitario que vigila a sus ciudadanos e incluso busca auscultar los pensamientos de la sociedad para conocer sus gustos y preferencias.

Sostiene que una sociedad paralizada por el miedo es más fácil de conducir o manipular.

La pandemia mundial puede ser muy peligrosa para la humanidad si es que no tomamos los recaudos necesarios para vencerla. El aislamiento social como medida sanitaria es sólo uno de los tantos tópicos para lograr frenarla. Mantenerse alerta y alejados del miedo es otra acción de precaución para no caer en las inevitables redes de los relativismos.

Owrell vaticinó que cada año “habrá menos palabras, de manera que el radio de acción de la conciencia sea cada vez más pequeño”.  Depende de nosotros ampliarlo y evitar, de esta manera, que el paradigma del miedo comande nuestras vidas.


*Periodista, subsecretario de Comunicación de San Miguel de Tucumán.