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Ocho décadas de historia, sabores típicos y economía popular: el latido de la Feria Franca de Monteros

fm latucumana 95.9

En su recorrido en vivo para FM La Tucumana 95.9, la comunicadora Nina Alegret mostró la trastienda de la Feria Franca de Monteros, un espacio con casi 80 años de historia que combina sabores autóctonos, tradición y microeconomía popular.





La Feria Franca de Monteros funciona cada martes y viernes en la intersección de la Avenida Roca y la calle Tucumán, congregando a cientos de vecinos y puesteros. Durante la emisión del programa "La Tucumana de mañana", la periodista Nina Alegret reconstruyó el origen histórico del paseo comercial: “Nacía como un mercado municipal en calle Colón. Cuando quedó chico el mercado municipal, algunos puestos comenzaron a armarse en la vereda. Creció tanto ese paseo de vendedores que después se fue trasladando hasta Avenida Roca”.

A lo largo de las décadas, las variaciones del contexto socioeconómico fueron moldeando la oferta del predio, donde a la venta tradicional de frutas y verduras se le sumó una destacada oferta de ropa usada en puestos de feria americana y puestos de comida. Respecto a esta dinámica, la cronista señaló que “siempre es fluctuante la situación porque el mercado también tiene que ver con la situación económica”. En ese sentido, analizó la transformación de los rubros comercializados: “El exceso de verdulerías es un indicador de la crisis económica, igual que las pollerías, y casi no hay carnicerías de carne vacuna porque es mucho más caro invertir”.

El apartado gastronómico reúne recetas artesanales con identidad propia. Entre las especialidades más destacadas sobresale la pizza batida, un plato heredado del viejo mercado municipal. Al explicar su técnica de preparación, Alegret detalló que “es una forma de hacer la pizza medio similar a la focaccia porque la masa queda muy esponjosa, con el puño se la bate en un lebrillo”. De forma complementaria, la elaboración de chacinados y cortes de cerdo representa otro de los sellos distintivos de la feria.

Entre los feriantes con mayor permanencia se encuentra Sergio Pacheco, quien comercializa embutidos en el predio desde hace más de dos décadas: “Llevo más de 20 años acá en la feria”. Pacheco explicó detalladamente la preparación del tradicional arrollado de cerdo hervido: “Es la carne que se la adoba en ajo, comino y vinagre, cruda. Ahí se la va a hervir en el cuero hora u hora y media, según el chancho, porque hay algunos que son más duros”. Asimismo, destacó la costumbre de consumir este plato como entrada o colación: “Es para picar, para hacer el vermusito antes de la comida o comer en sanguchito”.

La oferta gastronómica se extiende a otros platos tradicionales como locro, empanadas, guiso de arroz con pollo, bombitas de papa y tamales frescos elaborados “como se hacía antes, sin sacada y con el blanco coreano”. En los puestos de frutas de estación sobresalen las sandías traídas desde Santiago del Estero y la oferta de pescado fresco como el sábalo. La feria preserva además hábitos culturales característicos, como la venta de discos compactos de guaracha santiagueña y de íconos populares como el cantante Gary, junto al acompañamiento devocional de los vendedores con imágenes de la Virgen del Valle, afirmándose como un reflejo cotidiano de la microeconomía y la identidad cultural tucumana.