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"Esto va a ser su renacer": la historia de Genaro, el tucumano de 17 años que venció al cáncer

fm latucumana 95.9

El adolescente venció un linfoma tras más de un año de tratamiento en el Hospital de Niños. Su padre relató la odisea médica, el impacto del diagnóstico inicial y la emoción de un alta celebrada en comunidad.





Genaro comenzó a sentir las primeras molestias a fines del año pasado con un dolor persistente en la ingle. Al ser un joven deportista que juega al rugby en el Club Universitario de Tucumán, la primera hipótesis familiar fue una lesión propia de la exigencia física o del gimnasio. Sin embargo, la falta de mejoría tras varias consultas derivó en la sospecha de una severa infección bacteriana en el fémur. Ante la ausencia de avances con la medicación, sus padres solicitaron un estudio de mayor complejidad. Una tomografía detallada reveló una realidad tan inesperada como grave: una masa tumoral alojada en el centro del pecho que le oprimía las vías respiratorias y requería asistencia.

"Nosotros pensábamos que era parte del deporte o del gimnasio", recordó Eduardo Soria, padre del adolescente, al rememorar los primeros días del cuadro. La confirmación del linfoma de mediastino representó un impacto devastador e insospechado. "Sinceramente estaba enloquecido. No lo podía creer, no podía entender porque por un problema de pierna me salta algo así", confessed Eduardo. La noticia sumió a los padres en una profunda angustia antes de comunicársela a su hijo. "Yo estaba estallado en llanto, en bronca, en odio, mi mujer lo mismo", expresó, recordando lo difícil que resultó asimilar el diagnóstico. "Ha sido un momento terrible tener que entrar a la pieza y que él te pregunte: 'Papá, ¿por qué lloraba la mamá?'".

Ante la gravedad del caso, el Dr. Shaín, jefe del servicio de Oncología del Hospital de Niños de Tucumán, solicitó el traslado inmediato del joven para asumir la conducción del tratamiento. Allí comenzó un esquema médico intensivo de seis ciclos de quimioterapia, acumulando un total de 36 aplicaciones. La agresión de las drogas y las complicaciones paralelas impusieron un severo desgaste al organismo de Genaro. "Lo han cocinado a drogas y todo, pero su cuerpo gracias a Dios ha podido aguantar", detalló Soria. Durante el proceso, el adolescente sufrió una grave reacción alérgica al yodo del contraste tomográfico y dolorosas lesiones en las mucosas. "Había momentos en que no podía comer nada ni tomar líquido porque estaba todo lastimado en su boca, el esófago, los labios; era una cosa terrible verlo", relató su padre sobre los periodos de bajas defensas.

La inflexión decisiva llegó tras meses de monitoreo constante. Un estudio de control reveló que el tumor se había reducido un 50% y que áreas antes comprometidas —como los pulmones, los huesos y la médula ósea— se encontraban totalmente limpias. Para corroborar los parámetros de evolución, los informes fueron derivados al Hospital Garrahan en Buenos Aires. La respuesta de la institución nacional ratificó que el adolescente se encontraba libre de la enfermedad, conservando únicamente una masa residual mínima sin actividad tumoral. "Se me ponen los pelos de punta de la alegría", transmitió Eduardo al recordar ese instante. La resolución trajo una calma profunda tras más de un año de angustia. "Así como ha sido un baldazo de agua fría la mala noticia al principio, esto ha sido un alivio, una paz terrible, una emoción total", afirmó.

Genaro, quien cumplió 17 años el pasado 19 de octubre, se prepara para cumplir con el rito del alta médica al tocar la campana en el acceso de la calle Rondó del Hospital de Niños. En las inmediaciones del centro asistencial lo esperará una caravana con sus compañeros del Club Universitario, familiares y amigos para escoltarlo hasta la sede de la institución. Para su entorno, el regreso simboliza mucho más que el fin de una etapa hospitalaria. "Para la familia ha sido una eternidad, pero esto va a ser su renacer", concluyó su padre.