Gustavo Martinelli, el perfumista de Tafí Viejo: "Antes las contaba con palabras, ahora cuento historias a través de los olores"
Tras su paso por las redacciones, el experiodista fundó Lepertus en el Mercado Municipal. Con aceites esenciales de las Yungas y el legado de su abuelo francés, elabora fragancias territoriales que evocan la identidad y la memoria de su pueblo.
En el local 18 del Mercado Municipal de Tafí Viejo, entre frascos de eau de parfum, aguas de colonia, brumas de almohada y jabones artesanales, se condensa la riqueza botánica de la región. Detrás del proyecto está Gustavo Martinelli, un exredactor del diario La Gaceta que decidió dar un vuelco a su trayectoria para convertirse en maestro perfumista y creador de la firma Lepertus.
La fascinación de Martinelli por el universo de las fragancias nació durante su infancia, observando el trabajo artesanal de su abuelo de origen francés. "Yo me crié en el taller de mi abuelo, de mi nono. Él había estudiado perfumería en Francia antes de venirse a la Argentina. Me crié en su taller viéndolo destilar y siempre quedó esa fascinación por los aromas", recuerda Martinelli sobre sus primeros contactos con la destilación.
Aunque la vida lo llevó inicialmente hacia el periodismo, la perfumería permaneció como una búsqueda personal constante. "Desarrollé otra profesión, yo soy periodista, ya estoy retirado, pero para mí la perfumería siempre fue un hobby hasta que finalmente me ofrecieron la posibilidad de poner un localcito acá en el Mercado Municipal de Tafí Viejo y nunca pensé que iba a hacer la transición del periodismo a la perfumería de esta forma", repasa sobre el inicio de su emprendimiento. El nombre del proyecto rinde tributo a esa raíz europea: "Pertus es una ciudad del norte de Francia de los Pirineos orientales de donde se origina el apellido Pertot, que era el apellido de mi abuelo; en homenaje a él está hecha la marca".
A diferencia de la producción industrial masiva que emplea compuestos sintéticos de laboratorio, Lepertus trabaja bajo el método tradicional de destilación por arrastre de vapor. El resultado es una propuesta que el propio autor define como "perfumería territorial".
"La característica principal de estos aromas es que no tienen ningún tipo de químico agregado, no tienen ni parabenos ni fijadores químicos ni ningún tipo de ftalatos ni disruptores aromáticos ni potenciadores de olor. Solo tienen los aceites esenciales que yo destilo de plantas de acá de las Yungas y de la zona de Tafí Viejo", explica Martinelli sobre sus fórmulas, compuestas por esencias cítricas, maderas y hierbas silvestres.
Asimismo, el especialista destaca la naturaleza singular de sus creaciones: "Estos perfumes no son perfumes convencionales, son un poco extraños. Hay que probarlos porque la idea es que estos perfumes generen reacciones y disparen la memoria en la gente".
El catálogo de la firma cuenta con entre 25 y 30 variedades, cuyo desarrollo puede demandar entre seis meses y más de un año por fragancia. Para Martinelli, este proceso creativo es una extensión natural de su antiguo oficio: "Yo antes contaba las historias a través de las palabras y del periodismo, pero ahora las cuento a través de los olores".
Entre sus propuestas conceptuales destacan:
-Atahualpa: Un homenaje a la infancia de Atahualpa Yupanqui en la ciudad. "Para La Gaceta escribí la historia de su infancia acá en Tafí Viejo y pude acceder a las memorias de Yupanqui en donde él pone que cada vez que se acuerda de Tafí Viejo se acuerda sobre todo de olores de comidas. Este perfume está construido a partir de eso", detalla.
-Siesta: Una composición basada en la vegetación urbana y cotidiana. "Está inspirado en los naranjos amargos que tenemos acá en las veredas... intenta generar la atmósfera de un momento de juego en un naranjo amargo muy florecido... para mí la siesta tiene el aroma del azahar de la naranja amarga mezclado con la flor del siempre verde", describe.
Junto con la comercialización de cosmética botánica, Martinelli dicta talleres de inmersión sensorial de entre tres y cuatro horas de duración, llevando la experiencia tanto a Tafí Viejo como a Yerba Buena y otras localidades.
"En una primera parte en el taller hacemos un paseo por la historia de la perfumería... hacemos un recorrido a vuelo de pájaro por la historia del perfume... y hacemos una cata de aromas disruptivos de pequeñas perfumerías de Europa", explica sobre la fase teórica. En la segunda parte, los asistentes asumen el rol de creadores: "La gente juega, le pongo a disposición distintas esencias y a través de mi guía van intentando crear una fragancia de acuerdo a lo que cada uno quiera contar o expresar".






