¿Qué lugar le damos a la tristeza?: La importancia de validar una emoción relegada por la hiperproductividad
En su columna de salud mental en FM latucumana 95.9, el psicólogo Alberto Yapur reflexiona sobre cómo la exigencia de rendimiento constante lleva a reprimir la tristeza, confundiéndola habitualmente con la depresión y privándonos de una respuesta emocional natural y esperable.
En el ritmo vertiginoso de la vida cotidiana, donde la exigencia de productividad y el cumplimiento constante de objetivos marcan la pauta, ciertas emociones quedan relegadas. En su columna de salud mental emitida por La tucumana FM, el psicólogo Alberto Yapur reflexiona sobre el lugar secundario que ocupa la tristeza en la sociedad contemporánea, advirtiendo que socialmente tendemos a reprimirla: “A la tristeza la vamos callando porque la tristeza no responde al aparato productivo de estos tiempos”. Según el especialista, hoy impera una lógica de resultados donde la tristeza parece no encajar, a pesar de ser “una emoción sumamente esperable frente a determinadas circunstancias”.
Validar la emoción desde la infancia
En lugar de patologizar o evitar la tristeza, Yapur enfatiza que se trata de un estado pasajero que es necesario habilitar tanto en adultos como en niños. Al respecto, observa la reacción habitual frente a la espontaneidad infantil: “A veces uno escucha un niño que te dice 'Che, hoy estoy triste', y los grandes abrimos los ojos asustados cuando en realidad es lo esperable”. En lugar de recurrir a frases evasivas, el psicólogo propone “validar esa emoción y preguntar 'Che, ¿por qué estás triste?'”, para “darle la entidad, la tristeza en sí existe y está bueno”.
El riesgo de silenciar el dolor
Cuando la tristeza no se expresa en la palabra o no se le permite emerger de manera consciente, no desaparece; por el contrario, suele manifestarse de forma indirecta. Yapur ejemplifica esto con situaciones observadas en el consultorio, donde duelos no procesados derivan en otras conductas, señalando el peligro de “la asociación de una sustancia que sirve para callar emociones” cuando la persona “no fue capaz de sentir dolor o sufrimiento por algo que era lo esperable”.
Asimismo, el especialista explica que la angustia está vinculada a la energía emocional que queda desvinculada tras una pérdida: “Es energía suelta que tenemos”, agregando que “cuando se nos va ese objeto en el cual depositamos la energía, esa energía vuelve sobre nosotros mismos”.
La diferencia clave entre tristeza y depresión
Un punto fundamental de la columna es desmitificar la idea de que estar triste equivale a padecer un trastorno mental. Yapur remarca que aceptar la tristeza no implica desencadenar una condición clínica: “No significa que se va a desencadenar después un cuadro patológico, no van de la mano, no son correlativas ni una es causa de la otra”. Para perderle el miedo, invita a distinguir ambas realidades:
- La tristeza es fluctuante y tiene un motivo: “La tristeza es una emoción, entonces va, viene, aparece, desaparece” y cuenta con una causa identificable. El especialista aclara que debemos prestar atención “cuando esa tristeza se vuelve invalidante”, es decir, “cuando esa tristeza no te permite respetar tu rutina, cuando esa tristeza no te permite amar como te gustaría amar, entregarte a los tuyos, enfocarte en el laburo”.
- La depresión es un estado o cuadro diagnóstico: “Se trata de un estado, de un cuadro, y eso significa que ya se sostiene en el tiempo, entonces es invalidante”. A diferencia de la emoción puntual, “el estado ya no tiene una causa determinada y se vuelve una manera de ser”, generando una interferencia severa en las tareas cotidianas que requiere consulta y tratamiento profesional.
Aceptar la tristeza y darle el cauce que le corresponde permite reencontrarse con una dimensión humana esencial que no debe ser temida. En palabras del psicólogo, lo primordial es “no asustarnos frente a la tristeza” y aprender a integrarla como parte del equilibrio psicológico fundamental.






