"La vivencia del horror es una experiencia existencial": una novela recrea un misterioso crimen ocurrido en Tucumán
Este viernes se presenta “La última desaparición”, un thriller detectivesco basado en hechos reales donde el escritor Horacio Elsinger desentierra el enigmático caso de una adolescente desaparecida en tiempos del terrorismo de Estado: “La dictadura de 1976 es una experiencia extrema del mal y todavía llegan hasta nosotros sus efluvios malignos”. Por Exequiel Svetliza
Con el enigma y el vértigo narrativo de una truculenta ficción detectivesca, el escritor Horacio Elsinger recrea uno de los casos policiales más misteriosos de Tucumán en tiempos del terrorismo de Estado. La novela “La última desaparición” se presenta este viernes 4 de septiembre a las 20 en la Casa Museo de la Ciudad (Avenida Salta 532) y ficcionaliza la desaparición de una joven estudiante de 19 años, hija de un importante empresario, que causó conmoción en la provincia en junio de 1980 durante la última dictadura cívico militar. Con la aparición del cuerpo de la joven más de un año y medio después en El Manantial, surgió toda una trama de conjeturas y especulaciones respecto a un crimen que el tiempo fue borrando de la memoria colectiva y que ahora la ficción vuelve a narrar.
“El título de la novela tiene que ver con el hecho que en las listas de desaparecidos que elaboraron los diferentes organismos de Derechos Humanos esta joven aparecía en una de ellas como la única persona desaparecida en 1980, un indicador de cómo había disminuido el número de desparecidos en ese momento. No todos los organismos de desaparecidos tenían el mismo criterio ya que por su carácter misterioso el hecho se volvía inclasificable para ellos”, explica Elsinger acerca de su obra publicada gracias al Fondo Editorial Aconquija de Ediciones del Ente Cultural de Tucumán. De la presentación participará también el docente universitario Pedro Arturo Gómez.
La joven desaparecida no participaba de actividades políticas ni hubo nadie que se atribuyera el secuestro y pidiera rescate. Ante el desconcierto de un caso sin resolver por las fuerzas policiales, el periodista Esteban Diriart, protagonista de la novela, retoma la investigación 26 años después. Con esa trama de misterios y secretos sin revelar, la obra viene a desenterrar un episodio perturbador del pasado más siniestro. 
-¿Cómo surgió la idea de esta novela?
-“La Última desaparición” tiene que ver con un momento muy oscuro de nuestra historia. Del cual han transcurrido un poco más de 50 años. Tras la recuperación de la democracia en 1983, empezaron a aparecer los primeros trabajos, tanto desde el campo del periodismo y la política como de la sociología y la historia, que analizaban y trataban de explicar el período siniestro que atravesó el país a partir del golpe de 1976.
Me pregunté si éstos trabajos, como aquellos que sin duda se escribirían en el futuro, lograrían trasmitir a las próximas generaciones, más allá del rigor y la profundidad con que muchos de ellos estaban escritos y del aporte que suponían a la compresión de ese período histórico, todo el horror de lo vivido en aquellos años. Me pareció evidente que este tipo de texto no podrían hacerlo, al menos, no plenamente.
La vivencia del horror, para llamarla de algún modo, es una experiencia existencial, subjetiva. Y es el arte, y la literatura en particular, al igual que el cine o el teatro, no la historia o la sociología, el que nos proporciona un tipo de conocimiento existencial o vivencial. La historia o la sociología pueden tomar elementos de la realidad para aproximarnos a la subjetividad de una época. Por ejemplo, correspondencia, memorias, testimonios, cancioneros y otros elementos donde esa subjetividad se objetiva.
-¿Cuál es la relación entre la ficción y la no ficción y el periodismo en la construcción del relato?
-La diferencia entre el periodismo y la literatura, y en especial la novela, es que esta puede valerse o no de estos materiales, o partir de la propia experiencia del escritor, pero lo hace siempre desde la subjetividad misma. Mejor dicho, construye con la escritura el simulacro o la ficción de una subjetividad o de muchas subjetividades.
El propósito de escribir esta novela de ficción, aunque inspirada en un hecho real que tuvo lugar en Tucumán, tiene varias intenciones que se sobreponen como las capas de una cebolla. Por un lado, un ejercicio de memoria, recuperar a través de la literatura un momento de horror de nuestra historia, por aquello que decía Carl Marx, que la historia de los muertos oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Es mi convicción de que la dictadura de 1976 supone una experiencia extrema del mal para los argentinos y que todavía llegan hasta nosotros, hoy, sus efluvios malignos.
Por otro lado, estaba la posibilidad de contar una historia atrapante, llena de misterio e interrogantes, bajo la forma de un policial negro. Este género, que tiene ya cerca de un siglo de existencia, narra o describe la presencia del mal en la historia y en nuestra sociedad. Es decir, estaba el desafío de escribir una novela apelando a todos los recursos del género, que no solo permitiese recuperar al lector un momento de nuestra historia, sino que, de manera indisociable, fuese capaz de lograr el goce o placer estético de su lectura.
En este punto es necesario tener en cuenta la interesante reflexión que hace Sigmund Freud en un artículo sobre lo siniestro. Allí Freud le atribuye a la literatura la capacidad de recrear la experiencia de lo siniestro (o del terror diremos nosotros) a través de los mecanismos propios de la ficción. Sin embargo, hace una importante distinción entre lo siniestro vivencial o real y lo siniestro ficcional. Lo primero es una experiencia perturbadora que puede afectar gravemente al sujeto; lo segundo, en cambio, preserva su integridad ya que siempre está presente en el lector la distancia con los hechos.
-¿Por qué la decisión de volver al contexto de la última dictadura militar? ¿Qué historias todavía quedan por contar acerca de ese suceso histórico?
-El pasado siempre es inagotable. Quedan muchas historias por contar referidas a ese pasado. Lo importante, creo, es no quedar fascinado con el horror y la muerte. A eso hace referencia el fragmento del poema de Bertolt Brecht que va como epígrafe al comienzo de la novela: “pensad también en los tiempos sombríos de lo que habéis escapado”. Observa el pasado, pero celebra la vida.
-¿Qué resonancias puede tener una historia como “La última desaparición” en la actualidad? ¿Cómo te gustaría que se lea la novela?
-La novela viene a desenterrar un hecho perturbador del pasado y a intentar reconstruir a través de distintos testimonios, documentos, indagaciones e imaginación qué ocurrió una noche de junio de 1980 que terminó con la desaparición y posterior muerte de una joven estudiante. El personaje central de la novela, el periodista Esteban Diriart, construye una conjetura que deja expuesta la trama siniestra detrás de los hechos. Me gustaría que la novela se lea como el esfuerzo de un hombre, el periodista en este caso, por dar con la verdad de los hechos, y al mismo tiempo también, por momentos, como una reflexión sobre la escritura y los hechos que se cuentan.
-Y recrear el horror de lo vivido…
-Sin duda. Ahora bien, la posibilidad de recrear eficazmente la experiencia del horror tiene que ver con el uso que cada escritor hace de los mecanismos de la ficción a partir de los materiales que le brinda la realidad. El autor puede poner todo su empeño y oficio en la construcción de un relato, pero la última palabra sobre su eficacia o no la tendrá siempre el lector. Es el lector quien completa la obra y tiene la última palabra.








