¿Y si sale bien?
La vida es cuestión de animarse. Incluso después de la muerte hay que animarse a resucitar.
Un miércoles a la noche charlo con mi mamá. Hace casi 20 años vivimos lejos uno del otro. Intento charlar con ella todos los días, no siempre me sale. Cada tanto me sorprende con un cuento involuntario. Su audio de casi dos minutos me hace reír y me muero por reenviarlo a todo el mundo. "León, te cuento que me conseguí un novio en Catamarca", arranca la historia.
Al otro día se lo hago escuchar a Alfredo. No se lo quise reenviar porque quería ver su reacción. Se ríe y disfruta de las pausas dramáticas de la Raquel. Esa tarde, Alfredo presenta su libro, “Zorro”. Ahí estaremos, por supuesto.
Un mecánico matasanos obligó a mi mamá a llevar su auto a un taller en otra ciudad. Tomarse un colectivo, un viaje de cuatro horas y media, llegar a la madrugada, tomarse un taxi para buscarlo y pegar la vuelta, en el auto ya sano, hacia casa. Sola, como suele hacer. El tachero que la lleva es curioso y también respetuoso. Mi mamá le explica a qué va, el taxista encadena hábilmente las preguntas, como adivinando las respuestas.
- ¿Cuántos kilómetros tiene su auto?
- 60 mil nomás.
- ¿Y se vuelve viajando sola?
- Sí, siempre viajo sola. Tengo un hijo en Tucumán, otro en Salta, así que…
- Ah… ¿Y su marido?
- No, murió hace mucho.
Antes de salir para lo de Alfredo, tocan el timbre. El portero anda mal y seguramente es alguien tocando todos los números. Estoy armando todo para salir, así que ni lo contesto. Si es para mí, llegará una llamada o un mensaje. Bajo al rato y ahí están, tres personas: un hombre de unos 50 años, una mujer de entre 35 y 40, y un muchacho más joven, sentado. Les pregunto si ellos habían tocado en mi departamento y qué andaban buscando. No sé si eran Testigos de Jehová, nunca se identificaron más que por su acción: “Estamos repartiendo la palabra del Señor”. Me lee y escucho. Cito de memoria: “Los malos serán destruidos, y los mansos heredarán la tierra”. Me quedo charlando un poco, a pesar de que mi mochila indica que voy para algún lugar. ¿Por qué tanta gente es mala en el día a día y se golpea el pecho los domingos? Conversamos sobre eso, la trascendencia, la maldad y la bondad, la paciencia. Yo creo que gobiernan los malos. En el mundo, no solo en el país. Eso no se lo digo. No vamos a echar a perder esta bonita amistad de menos de tres minutos por cuestiones políticas. Nos deseamos mucha suerte y a seguir.
Antes de llegar a la presentación, aprovecho para llamarla por teléfono a mi mamá. Le cuento que su audio fue un éxito, que arrancó risas y elogios, intentamos descifrar el alias del taxista. Le cuento de algunos proyectos que me generan dudas y por primera vez le pido que opine, que guíe. Es así, un día tu hijo te va a dejar de desafiar y te va a pedir que te metas, que hables, que opines. Ojalá tuviera su paciencia. Antes de cortar, me dice que hay un zorro dando vueltas por el fondo de la casa, que ya le va a sacar una foto.
Zorro. Por hablar con mi vieja, entro tarde al Griego. Está lleno. No escucho desde la puerta y hasta busco un cómplice que esté igual que yo para tomar café. Pero una valiente entra, se sienta en el piso. Se la ve cómoda, me sumo a ella. Puedo escuchar lo que charlan Alfredo, el Pollo y Pedro. También lo que no sale por el micrófono, que es mejor. “Hace poco me reconcilié con Dios… Sea lo que sea que cada uno entienda por Dios. Estuve enojado con él, desde que murió mi viejo y me pasaron otras cosas”. Al final es verdad que Dios está en todas partes.
Mi papá murió hace diez años. El taxista aprovecha el dato, se sorprende ante la juventud de mi mamá, intuye que si la palabra clave “marido” no la remitió a ninguna pareja actual, entonces tiene campo para jugar. Saca una tarjeta y dice “bueno, llamemé cuando usted quiera. Yo estoy soltero también. Podemos salir de viaje, ir de vacaciones”. Mi mamá, ante tan gentil propuesta, dice “bueno, bueno, gracias”. Queda un rato para llegar al taller.
Reconciliarse con Dios es para festejar. Es también un poco renacer, o más bien resucitar. La resurrección, esa idea tan cristiana. En el festejo estamos todos: Viviana, la mamá de Alfredo, Sebastián, que pinta un cuadro de una agente de tránsito, presente en el público. Ese cuadro se sortea. Como no hay papelitos, Pedro improvisa en una baldosa y asigna a cada uno de los presentes, a voz en cuello, un número. Me toca el 102, me lo anoto en la mano. Pierdo. Gana el 95. La ganadora es la esposa de Luis, que tocó la guitarra hace unos minutos. También están Roberto tocando el arpa y Emmanuel tocando el piano. Inés y Esteban bailaron una milonga que nos tuvo al borde del infarto cada vez que pisaban cerca del escalón. No hubo catástrofe. Estuvo Dios protegiendo, seguramente.
Al llegar al taller, mi mamá quiere pagar en efectivo, pero el taxista no tiene cambio. Será la transferencia, entonces. El alias es “Rey-seiscientos-no-sé-cuánto”, dice mi mamá antes de estallar en risa y finalizar su cuento. Yo intuyo que seguramente es “Rey666” el alias, para equilibrar la presencia ubicua de Dios.
Alfredo dice que le fascina de Tucumán que existen los personajes urbanos y que detrás de ellos hay una historia. Esa historia cotidiana, entiendo yo, es como un plus, una yapa. Ya el personaje es atractivo, pero la persona detrás del personaje es un tesoro escondido. Hablar con ellos es leer el mapa y desenterrar en el punto justo.
Me quedo pensando, al final del día, si la tierra será de los mansos o de los valientes, como el taxista Rey666. Elijo creer que es de los que se animan a jugar, a ir. A resucitar, como resucitó Alfredo. También me pregunto cómo se llevan los zorros con los leones. Entiendo que casi no cohabitan lugares. Habrá que ser valientes y animarse a lo desconocido. Lo sabremos desde este martes. ¿Y si sale bien?
DESDE ESTE MARTES, ESCUCHÁ ¿Y SI SALE BIEN?, CON LA CONDUCCIÓN DE LEÓN TORRENTE Y LA OPERACIÓN DE ALFREDO ARÁOZ, POR FM LATUCUMANA 95.9. DE LUNES A VIERNES, DE 7 A 8.







