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"Estamos desbordados, pero hay esperanza": sin filtros, el testimonio de Gastón, Sandra y Waldo en Tucumán

HISTORIAS DE ACÁ

Esta historia tiene como vínculo en común a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que atraviesan una problemática de consumo de drogas, personas de otras provincias que encuentran en esta fundación (y otras tantas) en Tucumán un refugio, un abrazo, una palabra, una caricia al alma. Adónde acudir. VIDEO | Por Alfredo Aráoz

Gastón, Sandra y Waldo.





En las calles y peatonales de la ciudad son los chicos que cargan sus canastos de mimbre con productos de panificación que ellos mismos realizan: cañoncitos de crema, palmeritas, galletas, medialunas, en fin, todas cosas ricas, ideales para el invierno. Detrás de ese canasto de mimbre hay historias de vida. 

Waldo, Sandra y Gastón son de la Fundación Reto a la Vida, una fundación que nació como Reto a la Esperanza en Santander, España, en 1985, y desde allí comenzó su camino por todo el mundo hasta que en el 92 desembarcó en la Argentina. Así llegó hasta El Cadillal, Tucumán.

Esta historia tiene como vínculo en común a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que atraviesan una problemática de consumo de drogas, personas de otras provincias que encuentran en esta fundación (y otras tantas) en Tucumán un refugio, un abrazo, una palabra, una caricia al alma. 

“¿Vieron cuando uno anda por esos rincones donde parece que todo está perdido?”, se preguntó Alfredo Aráoz en latucumana de mañana. “En la noche oscura del alma”, completó Ana Pedraza. “Bueno, en ese momento donde parece que no hay salida, ahí hay una mano que se extiende y ese es el trabajo que realizan Waldo, su compañera de vida, Sandra, y Gastón, también presente para contarlo en primera persona de qué se trata”. 

-Buen día, Waldo, gracias por estar aquí. 

Waldo: Estamos agradecidos por esta oportunidad de poder dar testimonio. Son testimonios que no nos han contado sino que nosotros hemos vivido en carne propia. Yo mismo soy una persona que fui adicto. Tuve problemas con las drogas. Hoy, hace 25 años que fui recuperado. No solo dejé las drogas sino encontré un cambio para mi vida. Hoy estoy junto con mi esposa Sandra, con mi hijo también, y formo parte como pastor y coordinador de la fundación. 

-Vos y Sandra son de Buenos Aires. ¿Por qué están en Tucumán?

Waldo: Nos tocó venir a Tucumán hace 18 años. Empezamos en Berazategui, Buenos Aires, donde tenemos una casa, y después, fuimos abriendo casas en diferentes provincias. Así llegamos aquí para nuestro único fin: ayudar al necesitado, al prójimo. La fundación es puertas abiertas (pueden irse cuando quieran), voluntaria y gratuita. Nos autobastecemos con los talleres ocupacionales que hacemos: teníamos un lavadero que cerró por la pandemia, también hacemos trabajo de jardinería, de pintura y de panificación que elaboramos nosotros mismos. De esa manera nos autobastecemos en la fundación. Los centros son gratuitos y se les enseña a los chicos una actividad que los mantenga ocupado en el día a día. 

-¿Por qué se dice que ustedes llegan a lugares donde no llega la iglesia tradicional ni tampoco distintos dispositivos del Estado? ¿Qué nos ha pasado para llegar a este escenario donde el consumo penetra las relaciones sociales vinculares, personales y familiares? 

Waldo: Se está viviendo un fragelo muy grande. En lo que respecta a la adicción está muy debordada la situación. Tenemos prácticamente completas las casas donde alojamos a los chicos con estas problemáticas. Tenemos listas de espera de chicos hoy en Tucumán. Estamos desbordados.

-Un joven que nos está leyendo ahora, una madre o un padre que tiene a su hijo enfermo, una persona que a un amigo perdido en las drogas, ¿cómo puede acercarse? 

-Los miércoles por la tarde hacemos las entrevistas. Antes de una internación, una entrevista nos sirve para analizar a la persona y saber que la persona esté abierta voluntariamente a querer internarse en otra provincia que no sea Tucumán. Nosotros necesitamos sascarlo de su entorno para ayudarlo en su recuperación. En este caso, los chicos de Tucumán se internan en otra provincia. Aquí en Tucumán hay chicos de esas otras provincias, como Córdoba, o como Gastón que es de Misiones. No sirve sacar a la persona a otra provincia si la persona no está sabiendo también el funcionamiento de la fundación y el camino que tiene que hacer en el proceso de rehabilitación. Entonces nosotros le hacemos una entrevista. Antes hacíamos seis entrevistas, pero la situación es urgente y hacemos una sola entrevista. A medida que podemos, los vamos derivando a medida que tenemos lugar en las otras casas que tenemos. Hoy en día hay mucha necesidad. En Córdoba solamente tenemos una comunidad de 80 personas y acá en Tucumán hay más de 30 chicos de otras provincias.

-¿Cómo lo enfrentan las familias? 

Waldo: Nos saben llamar por teléfono, por la página o por email. Pero muchas veces es por el boca en boca de otras personas. Ya hay muchas familias que han pasado por la fundación. Hay muchos muchos chicos que han salido de Tucumán y que han estado internados en la fundación y otros que se han vuelto, pero a causa de la familia. Las familias están desesperadas. Una mamá, un abuelo, una abuela, un papá, lo que sea, toda una familia también se encuentra desbordada al no saber cómo ayudar a su hijo, a un sobrino, a lo que sea. Entonces llegan al punto de que se contactan con nosotros por medio de nuestros números de teléfono a la fundación y ahí nosotros podemos indicarles cómo es el proceso de las entrevistas. Muchas veces las familias están desbordadas y quieren en el momento que se les dé un lugar y se les trata de explicar. No hace mucho la mamá de un chico sacó a su hijo de la fundación, se llevó a su casa y a los dos días el chico se terminó ahorcando. Son cosas que lamentablemente pasan y que uno mismo vivió en carne propia. Yo comencé a los 13 años a consumir droga y he pasado por muchas etapas en la vida. Hoy puedo ayudar al necesitado, pero también se parte el corazón cuando vos escuchás que te llama una mamá llorando. Sabés que su hijo se acaba de quitar la vida. Nos pide que lo saquemos de la lista de entrevista. Esas son cosas que te parten en tu corazón. Uno lo conoce. Uno lo palpó. Uno lo vivió en carne propia.

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Pero también hay otras historias como las de Gastón, quien llegó a Tucumán desde El Dorado, Misiones. 

-¿Cómo estás, Gastón? ¿Cómo la llevás en Tucumán? ¿Se extraña el pago? 

Gastón: Se extraña. Se extraña el pago. Se extraña la infancia, lo lindo de la infancia también, ¿no? Se extraña pescar. Se extraña mucho el río. Yo nací muy cerquita de Iguazú, del Paraná. 

-¿Cómo conociste a Waldo y Sandra? ¿De dónde sacaste la fuerza para pedir ayuda y cómo aceptaste esa mano tendida? 

Gastón: Más allá de la situación en sí fue una decisión, ¿no? Muchos años me endurecí, muchos años me resistí, pero también de mucha maneras intenté salir adelante y no pude, ¿no? Hasta que un día llegué detrás de una madre que conocía este lugar. Me ofreció hacer una internación y, obviamente, de entrada le dije que no. Hasta que tuve que decidir y reconocer que necesitaba esa ayuda, ¿no? Ese es el paso: reconocer, reconocer que necesitaba, porque yo siempre digo que el hombre se endurece y la dureza del hombre en sí, del ser humano, no tiene un límite. Vos puedes estar en la peor condición, pero no reconocer que necesitas ayuda. Entonces, lastimosamente te vas a quedar ahí por más que mucha gente quiera ayudarte o por más que tengas los medios o las maneras de poder salir de esa condición. Pero si uno realmente se endurece y no quiere y no pide esa ayuda, si no rompe con ese orgullo, vas a quedarte ahí. Yo llegué a un punto que vi que ya no podía con mi fuerza, que ya no tenía muchas puertas que se me cerraron. Entonces decidí pedir esa ayuda. Empecé con las entrevistas en El Dorado, hice cinco entrevistas, las hice totalmente destruido, pero con una madre a mi lado, con esa esperanza viva de que yo iba a poder salir adelante, de que iba a cambiar y hasta que pude ingresar, hasta que llegué al lugar y me recibió Sandra, me recibió Waldo y el equipo de líderes que estaban en ese tiempo. Hoy, gracias a Dios, yo soy uno de ellos, soy parte de ese equipo cuando. Vine por 8 meses, pero ya estoy hace 8 años.

-¿Y qué dice tu familia, Gastón? 

Gastón: Mi familia está contenta, conforme, sorprendida por el cambio, orgullosos. Hay muchas veces lágrimas por la distancia, hay un sacrificio, un esfuerzo, hay un desarraigo, pero vale la pena.

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Sandra es la compañera de vida de Waldo y desde hace 18 años trabaja en la fundación. Conoce hace ocho años a Gastón, pero cuando escucha su historia se emociona como si  fuera la primera vez. 

-¿Cómo te atraviesa la historia de Gastón?

Sandra: Como yo soy mamá, me emociona recordar cómo llegaron y hoy por hoy escucharlos, como en este caso es escuchar a Gastón. Nos anima a saber que lo que estamos haciendo no es en vano. Muchas veces vemos el fruto en este caso en la vida de Gastón y en la vida de muchos chicos más, ¿no? Es lo mismo cuando ingresan a la fundación, uno los ve que llegan consumidos, totalmente, destruidos en en su cabeza, en su vida personal, en su identidad como persona, ¿no? Los escuchamos decir: ‘No me merezco nada’. Y en realidad yo creo que todos tenemos la oportunidad de merecer algo y de poder luchar luchar por eso, ¿no? Cuando uno ve que a muchos de los chicos les cuesta, también duele el saber que muchos vuelven a lo mismo. Nos anima y nos alegra el saber que muchos salen adelante y tienen una nueva vida, que van a poder enfrentar teniendo herramientas fundamentales y por sobre todas las cosas encontrando su identidad, que es lo que a través de las drogas también se pierde: el sentido de identidad, de personalidad, de tener esa valentía. No es lo mismo ser valiente y tomar la decisión de salir de esa problemática a creer que tenemos carácter y vivir hundido en esa pobreza mental de decir: “Yo lo domino, yo puedo con esto”.

Y en realidad es totalmente lo contrario: la droga te termina dominando y te lleva a una vida donde perdés todo. En este caso, yo estoy con mi esposo, con los chicos, pero también yo estoy en la parte donde ayudo a las madres de los chicos que van ingresando. Y esa parte también uno la ve cómo ellas luchan, cómo ellas lloran. Muchas tienen a sus esposos internados, a sus hijos, a diferentes parientes y y vos ves que la necesidad no es solamente para la persona que está en adicciones, sino que también es aún para la propia familia, ¿no? La necesidad de poder sanar y de poder también encontrar la paz que necesitan, que durante tanto tiempo la perdieron. Y ver el fruto del trabajo del esfuerzo de cada uno es ver también, como decía Gastón, la tranquilidad y la alegría en la familia de decir: “Estábamos desesperados”. Tenían un hijo perdido, pero hoy tienen paz porque tienen un hijo totalmente nuevo, totalmente diferente. 

El 16 de junio se realizó esta entrevista a Waldo, Sandra y Gastón en latucumana. Esa mañana tuvo una particularidad. Estaba nublado como hoy, pero cuando terminó de hablar Sandra en aquel momento salió el sol.

Cada mañana, cuando parece que está todo negro, que está todo oscuro, como decía Ana, de repente encuentra una lucecita que se filtra y, y si está dispuesto como bien dice Gastón, quizás se trate del primer pasito para salir adelante.

-¿Una reflexión final?

Waldo: Lo que puedo decir, a base de los años y de lo que hemos podido experimentar en todos estos años, es que hay esperanza. Hay una vida verdaderamente diferente, nueva. Yo lo pude experimentar y sé que muchos de los que hoy están conmigo compartiendo este tiempo en familia también. Podemos dar testimonio de que se puede cambiar. Yo le doy gracias a Cristo en mi vida. Yo soy cristiano, soy una persona que doy testimonio de que a pesar que lo mi familia lo intentó de muchas maneras, lo que llenó mi corazón y el vacío de mi alma y de mi corazón fue el amor de Dios. Eso lo cambió todo. Si hoy estoy donde estoy en la obra en la cual le sirvo, es por amor y porque amo las almas, amo las vidas y sé que si  un día encontré una esperanza para mi vida es porque Cristo lo llena todo. Con 23 años no le encontraba sentido a la vida. Estaba vacío, golpeado por situaciones de niño que me tocó vivir, pero hoy puedo dar testimonio: hay esperanza.


Para comunicarse con Waldo Núñez y la Fundación Reto a la Vida (Personería Jurídica 13916) pueden hacerlo al celular 3815153909 o al 3815282897.