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"Ella es todo para mí": quién es y a quién encontró Adriana Moyano, la doña de San Cayetano

HISTORIAS DE ACÁ

Adriana del Valle Moyano tiene 57 años y vende bolsas en las calles para sobrevivir. La vida le puso en el camino a Mamá Cora y a José, un matrimonio que la cuida. Una historia de cariño entre tanto desamparo. | Por Alfredo Aráoz.

Adriana del Valle Moyano visitó eltucumano y tomó un mate cocido con pepas: "Me encantan".





"Ella me ha dado lugar en su casa. Cuando yo estaba enferma, ella me bañaba, ella me atendía. Mis hijos tienen su propia familia y yo encontré a esta mujer que me cuida junto a su marido. Ella es una madre para mí. Con este frío, ya cuando cae la noche, me habla como una mamá y me manda a decir que ya vuelva: 'Hace mucho frío, Adriana. Vení a comer algo calentito'. Yo me llamo Adriana. Y ella se llama Cristina, pero todos en el barrio le dicen Mamá Cora".

Adriana del Valle Moyano tiene 57 años, nació en el barrio 20 de Junio, en San Cayetano, y se crió en la calle desde los 10. Fue a la escuela en el barrio Lola Mora, hizo segundo grado y ya comenzó a pedir y a trabajar para ayudar a su familia. Pese a las carencias, Adriana formó su propia familia y lo hizo a lo grande: "Tengo 9 hijos y 28 nietos y ellos tienen su propia familia que cuidar, don Alfredo. ¿Me entiende? ¿Qué me dice usted? Pregunte lo que quiera". 

La artrosis obliga a Adriana Moyano a moverse con un bastón. Así recorre las calles de barrio Sur con una mochila naranja donde guarda las bolsas negras de plástico para la basura que compra en un local de la avenida Roca y que vende en promoción: "Dos paquetes por cinco mil pesos. ¿Quiere una?".

Le cuesta respirar con normalidad a Adriana. Suelta pequeños quejidos cuando realiza sutiles movimientos como envolver el saquito del mate cocido Taragüí en la cuchara plateada con mango de plástico azul. O al estirarse para alcanzar la azucarera y meter la misma cuchara para endulzar por un momento el mediodía en la cocina de eltucumano.

"¿Cómo estoy del azúcar?", repite la pregunta y sonríe como una niña Adriana mientras revuelve el mate cocido caliente y con una respuesta redobla la apuesta: "¿No tendrá algo dulce?".

Cuando Adriana Moyano abre el paquete de 500 gramos de galletas pepas Trío, mete la manito y cierra los ojos como si estuviera por descubrir un tesoro de membrillo. Cuando saca una pepa gorda con los deditos apretados por los anillos, Adriana la come de un bocado la sopa en la boca con un sorbo corto de mate cocido. Cuando traga, suspira: "Cómo me gustan las pepas. ¿Quiere una?".

Así habla la madre que es hija. Así habla la abuela que es hija. Así habla la hija que perdió a su madre biológica y que encontró en esta vida a Cristina Luna, una señora de 75 años que en silencio cuida y alimenta a niños y grandes junto a su marido José Robles: "Cora le llaman a Cristina. Por la mamá Cora. ¿Usted se acuerda de la mamá Cora de la película de Gasalla? Bueno, a ella le han puesto mamá Cora porque antes tenía un comedor donde iban todos los chiquititos del barrio. La mamá Cora les daba de comer todos los días. Ella es así: lo que tiene, lo da. Si le queda comida, lo da. Si le queda pan, lo da. Y así me recibió a mí el día que me dijo: 'Mirá, Adriana, yo no te pido nada. Solo te pido que te cuides la salud. Aquí no nos sobra nada, pero siempre habrá un plato de comida. Vos aquí vas a tener un plato de comida y una cama caliente, ¿sí?'. Eso me dice la mamá Cora", se emociona la Adriana, se seca los ojos con un papel escrito y después de comer una pepa más cuenta cómo es su día.   

"Yo me levanto todos los días a las seis de la mañana y la mamá Cora ya está despierta. Se levanta, se va al baño, se lava la cara, pone las papas, me dice que ya está libre el baño para que yo pase y ya me esperan con la pavita para desayunar con José. Cada uno toma su mate por aparte. Ella los toma como a mí me gusta: bien dulces".

Después del último mate, Adriana se abriga con dos buzos de lana y una campera de algodón. Carga en la mochila las bolsas negras que vende en la mencionada promoción de dos por cinco o cuatro por cuatro mil si la mano está difícil: "No le saco mucho pero tengo que llegar al menos al boleto que está ahora a 1700. ¿Cómo subió todo, no?".

Cuando no llega al boleto, una buena persona le carga la tarjeta. Tiene buena memoria Adriana y se acuerda del nombre de sus nietos, pero lo de la pierna es otro cantar: "Me duele mucho cuando cambia el tiempo. Tengo artrosis y me dicen que ya no se puede curar. Que ya no tiene cura porque los huesos ya se deformaron. ¿Ve cómo tengo la mano?".

Actrón rojo, Diclofenac relajante y Losartan son los remedios que necesita Adriana Moyano para mejorar sus calidad de vida. Le gusta volver a la casa con José y Cora, pero tampoco le gusta molestar y dice que quisiera tener un techo propio con una cama donde dormir

Mientras tanto, luego de salir a vender bolsas, volverá este martes para compartir un plato de comida con el matrimonio que la cuida y al que cuida también: "La mamá Cora hace pizza, hace empanada, hace ñoqui y hace guiso. No sabe los guisos que hace. Pero mi comida preferida es la albóndiga con cebollita". 

"Yo sueño con una casita propia por la edad y para no molestar. Ella me dice siempre que no me apure en irme: 'Adriana, yo no te corro'. Ella saca lo que necesita de dos almacenes del barrio y paga cuando cobra la mínima: 'Si no tengo margen en un almacén, puedo sacar en el otro', me dice doña Cora. Y también me dice: 'Gracias a Dios, a mi Señor, nunca me ha faltado un plato de comida. Así que ahora sentate y comé, Adriana. Comé que se enfría'".

Mamá Cora y Adriana.

Adriana y José, el marido de mamá Cora.

Adriana en eltucumano.

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