"Tienen una historia en común": Paco Urondo y El Griego viven a través de Juan Frangoulis y su librería en Tucumán
Juan Frangoulis, hijo y continuidad del librero tucumano, abre un mundo para que el legado del escritor asesinado hace 50 años continúe presente más que nunca. | Por Alfredo Aráoz
Juan Frangoulis, Francisco Urondo y El Griego.
“Paco Urondo forma parte de mi vida porque tiene una historia en común y tiene que ver con mi viejo”, dice Juan Frangoulis sentado entre libros y café, una hermosa costumbre que se mantiene en El Griego, la librería más importante de Tucumán.
“No quiero caer en el lugar común y decir que todo tiempo pasado porque el pasado tuvo la dictadura cívico, militar y policial en la Argentina y eso no fue lo mejor. Pero sí creo que por aquel entonces las construcciones sociales eran distintas a las actuales. Hubo todo una camada de soñadores y soñadoras que se encontraron en ese sueño y se hicieron amigos en la lucha. Entonces he ahí la relación de Paco Urondo con mi viejo, con El Griego, con la René Ahualli, con el Macho Luna que la semana pasada presentó el libro acá en la librería, ¿ves? Todo tiene que ver con el lugar común de creer que se podía construir otra cosa y de abrazarse”, explica Juan, quien recién tomó un cortado con un compañero de café y ahora dialoga con eltucumano.
“Esa construcción, ese abrazo, es la forma en las que nos podemos reconocer como compañeros, como amigos, sin la necesidad de forzar cotidianidades y entender que estamos en el mismo lugar del río bravo. Es saber que si nos encontramos en la plaza el lunes a las seis de la tarde, después de que Taty Almeida fallece físicamente, nos vamos a dar un abrazo. No nos tenemos que decir nada y lo mismo vamos a entender el abrazo. Creo que tiene que ver con esa construcción”, insiste Frangoulis, a 50 años del Golpe que solo trajo destrucción como la vida de 30 mil compañeros detenidos desaparecidos, entre ellas, las de Paco Urondo.
“Urondo no fue solamente un gran compañero y un muy buen periodista, sino además fue un gran poeta. Y ello en el caso de mi padre era una debilidad. A mi padre le gustaba mucho la poesía porque mi padre escribía muy bien y escribía muy buena poesía. De todo lo que escribió se publicaron algunas poesías sueltas, pero nunca con su nombre. Y entre esos textos tiene cosas maravillosas”, revela Juan y hace hincapié en un rasgo de su padre: “Creo que nunca pudo vencer su timidez. El Griego era muy tímido. Pero no hay que confundir timidez con una persona dubitativa. Mi padre no dudaba. No conocía el gris en la escala cromática. ¿Hay 17 escalas de grises? Mi viejo no las conocía”.
Dentro de la gama de colores y palabras, Urondo está presente en los anaqueles de la librería ubicada y en la sala-auditorio del primer piso en Muñecas 287. Son esas palabras las convertidas en libros cuyos lomos reposan sobre el regazo de Juan Frangoulis sentado sobre una de las dos poltronas que anteceden a la obra del escritor, periodista y poeta asesinado hace 50 años, el 17 de junio de 1976.
“En la librería están presentes los refugios del alma revolucionaria de muchos compañeros y compañeras. Siempre fue pensada como un lugar de resistencia esta librería y las librerías que surgieron al calor de quienes aman las letras. Esta librería es de gente muy amiga. Es, por ejemplo, la primera librería de la Argentina que ha recibido el libro de Gerardo Pisarello con lo cual quiero desmitificar que aquí todo se entiende solamente a partir de una filiación partidaria como el peronismo. No. Es una forma de ver las cosas, de un ideal, de una idea, de pensar, de una forma de soñar, de una forma de querer, de una forma de abrazar, de abrazar sin pensar qué hay después de ese abrazo, de abrazarse y fundirse en ese abrazo, de morir en ese abrazo y de nacer en ese abrazo”.
-Así nació.
-Sí, así nació. Aquí entraba todo aquel que podía ser capaz de soñar que se podía crear un mundo mejor. El Che Guevara tiene una carta muy linda: “Sean capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquier persona, en cualquier lugar del mundo”. Eso es lo que nos hermana, eso es lo que nos abraza. Y además lo hace con la más linda de las excusas que son los libros.
-¿Qué son los libros para vos? ¿Qué es leer?
-A mí me encanta leer. Leer es precioso, me encanta leer. A veces reniego con las cosas que leo, a veces me enojo con lo que leo, a veces me peleo con lo que leo, a veces me identifico con lo que leo. No me pasa que no me pase nada con lo que leo.
-Te moviliza para bien o para mal.
-El arte bien entendido es eso. Y es el lugar al que nunca llegará la inteligencia artificial. La inteligencia artificial nunca sabrá (ni desde la programación ni desde la estadística) entender el sentir social e interpelarlo desde lo más pequeño. Nunca va a entender qué es ‘Vencedores vencidos’ cuando El Indio Solari mira a los milicos. La inteligencia artificial no va a entender cuando Benedetti escribe El hígado de Dios, al calor de la Encíclica de Juan XXIII, dice: ‘Dejad que los excomulgados vengan a mí, dejadlos abortistas, herejes adúlteros o gays marxistas, sacerdotes, casados, guerrilleros, venid a mí”.
-¿Y tendría algo para decir la IA sobre Paco Urondo?
-Entiendo lo que querés preguntar, pero quiero decir algo que espero que no te moleste: la IA no te diría nada porque la IA tiene nada para decir. La IA no habla. Creo que tenemos que deshumanizarla. Me preocupa que hayamos puesto a la IA en ese lugar. La IA no dice, no piensa, no habla, no es inteligencia artificial, no es artificial, porque siempre hay poderes por detrás de esa programación y no hay inteligencia. El procesamiento es de estadísticas. Entonces sería incapaz de decirnos algo.
-¿Y los libros qué tienen para decir sobre Urondo? ¿Cómo lo conociste vos?
-Yo no soy botón de muestra. Los recuerdos y lo cotidiano se mezclan. A Urondo llegué a través de los libros pero también de las charlas con mi padre. Siempre fue así mi casa. Todo el mundo hablaba del Mundial como ahora, y nosotros discutíamos sobre marxismo con mi madre, quien era más castrista, conmigo que soy más guevarista. Siempre lo cotidiano se mezcló con el recuerdo. Con Francisco Urondo me pasa lo mismo que con la René Ahualli: son esas personas a las que hacés remera y esas personas son a las que viste en una foto tomándose un café o chupándose un vino en mi casa con mis padres. Ante un liberalismo que ha ido evolucionando y te enseña que nadie puede ser Belgrano o San Martín, aquí aparecen nuestros héroes de carne y hueso que realmente creían por un mundo mejor. Y Paco Urondo es uno de ellos.










