"Mañana y noche": los hilos invisibles de Edith, las manos del Perú en Tucumán
Ejerció la docencia 20 años en Arequipa, cerquita del mar, hasta que subió a un colectivo y llegó con sus tres hijos a Tucumán. Dejó de enseñar para trabaja día y noche en su mercería de Las Heras 67. Los frutos están a la vista: "Gustavo, el mayor, es licenciado en Física. Dely, la del medio, estudia Administración de Empresas y Oliver, el menor, Ciencias Económicas. Extraño el Perú todos los días, pero aquí la Argentina me ha acogido. Su gente es admirable". | Quién es Edith Ancalle Ticona. Por Alfredo Aráoz
Edith te arregla la vida.
"Cuando mis hijos eran niños, yo despertaba a las 7 de la mañana para prepararles el desayuno y también el almuerzo hasta volvernos a encontrar recién a la noche. Ahora, que mis hijos son más grandes, ya se cocinan solos y yo salgo a las 8 para estar en el taller. Allí trabajo hasta las 14, cierro durante la siesta al público, pero me quedo trabajando en la máquina de coser con los arreglos de ropa que me encargan. Vuelvo a abrir a las 17 y, entre los últimos retoques, salgo a las 22 para volver a mi casa. Y tengo".
El 30 de mayo de 2011, Edith Ancalle Ticona subió con sus tres hijos a un colectivo en la Terminal de Ómnibus de Arequipa, Perú.
Junto a Gustavo, Dely y Oliver, Edith lloró abrazada a su madre y a sus hermanas y le dijo a adiós a su país. Con los bolsos despachados en la bodega, durante más de 33 horas Edith miró a través de una ventanilla el recorrido que le esperaba: vio la avenida Parra, la calle Cárdenas, vio la avenida Forga, la calle Veriante de Uchumayo, vio la carretera Panamericana, la avenida O’Higgins, vio la noche y el sol, vio la tierra y la ruta, el Pozo Almonte, Chuquicamata y el Paso Jama hasta ingresar a la Argentina derecho por la ruta 9 hasta Tucumán.
"Dejamos el Perú por la crisis económica que había antes y después del gobierno de Fujimori. Yo ejercí la docencia durante 20 años en mi país. Soy Licenciada en Educación. Vivía a tres horas del mar, del oceáno Pacífico. Recuerdo cuando con mis alumnos íbamos de convivencia toda una semana a conocer el mar. Recuerdo el mar, el sabor de los pescados frescos, recuerdo el sol. El clima no es como aquí. En el Perú todos los días sale el sol", dice Edith sentada en el estudio de latucumana de mañana junto a Alfredo Aráoz para contar su historia en Oficios.
Antes de zambullirnos al mar de historias de esta luchadora, Edith tiene marcado en el pecho una cadenita con la silueta de sus tres hijos. Para entrar en clima, le pedimos que eligiera una canción y sin dudarlo pide "Hoy", de Gianmarco. La elección, claro, no es casual. Se trata de uno de los himnos compuestos por el autor peruano, creador de una bellísima canción que salió a la luz a través de Gloria Estefan y que al propio Gianmarco, tal como reveló en una entrevista, le ha sorprendido ver cómo el tema sigue apareciendo en diferentes contextos, desde conciertos multitudinarios hasta versiones cantadas por hinchadas de fútbol e incluso interpretaciones en otros idiomas.
A horas del debut de la Selección, suena Hoy en latucumana y Edith se la sabe de memoria: "Tengo marcado en el pecho todos los días que el tiempo no me dejó estar aquí. Tengo una fe que madura, que va conmigo y me cura, desde que te conocí. Hoy voy a verte de nuevo, voy a envolverme en tu ropa /Susúrrame en tu silencio cuando me veas llegar"
Si Edith llora cuando escucha esa canción es porque sus ojos vuelven al Perú: "Soy peruana de nacimiento y cuando escucho esta canción sí, me emociono. Le tengo mucho cariño a mi tierra, mucho amor, la extraño siempre. Tengo a mi madre y a mis hermanas todavía allí. Fui nacida y criada en el Perú y desde pequeña aprendí a amar mi país".
Como muchos peruanos que viven en Tucumán, los cimientos del ascenso social que brinda la universidad pública y gratuita motivó la llegada de miles de coterráneos enfocados especialmente en la carrera de Medicina y en otras carreras tan importantes como las que eligieron los hijos de Edith:
"En el Perú tenemos pocas universidades y el ingreso es 1 en 100. Aquí, en la Universidad Nacional de Tucumán, Gustavo ya es licenciado en Física y está haciendo el doctorado en el Centro Atómico de Bariloche. Dely estudia Administración de Empresas y Oliver estudia Ciencias Económicas. Mis tres hijos siempre me ayudaron y me ayudan en mi trabajo".
Detrás de botones, centímetros, elásticos, cierres, cordones, telas y una radio encendida junto al ventanal, Edith Ancalle Ticona es la mujer que vive día y noche en la mercería de calle Las Heras 67, al lado de la panadería de El Calafate, a unos metros de la biblioteca del Círculo del Magisterio ubicada en Las Heras, una preciosa biblioteca con más de 15 mil libros que Edith no tiene tiempo para leer: “Cuando mis hijos eran niños, despertaba a las 7 de la mañana para prepararles el desayuno y el almuerzo hasta volver a encontrarnos a la noche. Ahora que son más grandes, ya se cocinan y yo salgo a las 8 para estar en el taller. Allí trabajo hasta las 14, cierro al público, pero me quedo junto a la máquina con los arreglos de ropa que me encargan. Vuelvo a abrir a las 17 y, entre los últimos retoques, salgo a las 22 para ir a mi casa. Todos los días así”.
Este trabajo de Edith fue la forma más inmediata que tuvo para salir adelante junto a sus hijos: “Esta tierra, Tucumán, me acogió con mucho cariño. Siempre estoy muy agradecida a la Argentina por lo admirable que es su gente. Le doy un ejemplo: la señora Elvira, quien es la dueña del local donde trabajo, no me conocía y yo no tenía gaantías para alquilarle el local ni nada. Solo podía ofrecerle mi trabajo, mi esfuerzo, mi palabra y el compromiso de que iba a salir adelante. La lucho día a día, pero con la tranquilidad de saber que le cumplo”.
Durante los días, las tardes y las noches, Edith trabaja a destajo. Cose, borda, zurce, mide, arregla, repara, remacha, elastiza, entalla, encuadra, encaja, cose de nuevo, corte y confecciona un mundo de clientes que hacen fila hasta la vereda del puesto de diarios que tampoco tiene tiempo de leer nuestra protagonista: "Ahora con la llegada del invierno muchas personas no pueden comprarse una campera. Entonces vienen y se las arreglo. Cada cliente es un compromiso. Cada uno viene con una necesidad y yo le ofrezco soluciones. Si le digo el lunes, el lunes va a estar. Solo así se fideliza a una clientela”.
Con la satisfacción del deber cumplido, el recreo de Edith Ancalle Ticona es un paseo al Mercofrut con sus hijos para comprar las verduras que acompañarán a la cocina de la familia durante la semana: "No cocinamos comida argentina aún. La gastronomía peruana es muy amplia y en Arequipa tenemos un plato para todos los días: rocoto relleno, pastel de papas, adobo, soltero de queso, papa a la huancaina, lomo salteado, caldo blanco y guisados forman parte de nuestra alimentación. En el Mercofrut cosigo algunos de los productos que necesitamos como la papa, las arvejas, los choclos, el puerro y la yuca. Luego algunas comidas se combinan con arroz blanco, con chuño blanco, yerba buena, anis, y pescados frescos, claro”.
Antes del cierre de esta entrevista, miro las manos de Edith. Son las manos que han acompañado el hilo invisible de una historia que convive entre nosotros detrás de una mercería. Son las manos que siente en los huesos el frío, pero que no se detienen. Hace unas semanas Edith se había quebrado la muñeca de la mano derecha. No podía trabajar con comodidad. El cariño y el cuidado del doctor Ibarra y del doctor Forte le han curado las manos. Son las manos de una niña de Arequipa que trabaja “desde que tengo uso de razón”. Son las manos que se curtieron bajo el sol del Pacífico y que ahora arreglan prendas y abrigan sueños. Son las manos de Edith, las manos del Perú en Tucumán.
Mirá el video de la entrevista completa en latucumana de mañana en el final de esta nota. La mercería se ubica en Las Heras 67. El teléfono para contactar a Edith es 3814 59-9193.









