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"La gente ambulante me ayuda": quién es Estéfano Wei, el joven chino que vende postres en Plaza Independencia

HISTORIAS DE ACÁ

Si cruzás la plaza en diagonal, a cinco bancos de la estatua de Lola Mora lo encontrás: ojos rasgados, pelo fusión y ropa oversize. Cordialidad y cheesecakes, calidez y chocotortas. 埃斯特法诺·亚历杭德罗·魏·鲁伊斯访问了拉图库马纳. Quién es el joven que llegó a Tucumán para ser grande. | Por Alfredo Aráoz

埃斯特法诺·亚历杭德罗·魏·鲁伊斯访问了拉图库马纳





“Mi papá ha venido de China completamente solo a la Argentina. Completamente pelado, sin plata, sin saber el idioma. Sin nada. Vendía juguetes en Buenos Aires. Ha llegado a juntar un dinero, juntó socios, hizo sociedades chinas, y abrió un tenedor libre en Santiago del Estero. Ahí nací yo. Tenía 4 años cuando mi papá falleció. Ese día se derrumbó toda mi familia. Teníamos que juntar dinero para la cremación. Y mi mamá empezó a cocinar pastafrolas y magdalenas. Así empecé a vender casa por casa, desde muy niño. Luego llegué a Tucumán. No tengo muchos recuerdos, pero los que tengo aquí lo voy a contar”.

Sentado o parado, a cinco bancos de la estatua “La Libertad”, de Lola Mora, en el corazón de la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, lo encontrás: Estéfano Alejandro Wei Ruiz es un joven muy amable que combina cordialidad y cheesecakes, calidez y chocotortas, que viste rope oversize y luce un pelo de superhéroe, que tiene los rasgos orientales tallados en la sonrisa y en la mirada. Estéfano Wei es muchas cosas más, pero la calle siempre tiene la capacidad de resumirte la vida en cinco palabras y Estéfano Wei es: El chino de los postres. ¿Quién es?

“Mi padre era chino y mi madre es santiagueña. Mi padre es apellido Wei. Y mi madre es Ruiz. Mi madre tiene dos hijos: io que me llamo Estéfano Alejandro y mi hermana que se llama Estefanía Alejandra”, dice Wei, con el yo con i latina como buen santiagueño y la tonada más cercana a Koli Arce que a Jackie Chan

“Soy hijo de chino, nací en Santiago y vivo en Tucumán. En medio de ese choque cultural me encontraba vendiendo postres en variedad de cosas dulces, brownies, pastafrolas, magdalenas y anillos de naranja o anillos de limón”, cuenta Wei, y aquí viene la primera pregunta en serio de la entrevista con Gabriel Sanzano y Alfredo Aráoz en el segmento Oficios de latucumana de mañana: “¿Anillos de naranja?”, preguntamos en tucumano. “¿Qué es eso?”, preguntamos en santiagueño básico.

“El anillo de naranja o de limón es lo que ustedes llaman budín. No tienen el tamaño de un anillo o de una galletita. Son grandes con un hueco adentro. Son muy ricos”, se ríe Wei, un joven de 22 años sumamente amable en sus formas, en su manera de contar su vida, en los gestualida bajo su look de superhéroe intelectual, un Superman oriental de piloto que, salvo rayos y centellas, está en la plaza Independencia cerca de la esquina de 25 de Mayo y San Martín, a metros del café Bernasconi, ideal para acompañar con los postres de Wei como las chocotortas (el más vendido) o la gema de su catálogo: “Hago una cheesecake con frutos rojos increíble. La cocino io”.

Rodeado de jóvenes que bailan BTS y transpiran pop koreano entre algodones de azúcar, figuritas del Mundial y praliné, ahí está nuestro héroe con sangre asiática en las venas y la sangre fría cuando se cruza a los chinos de los bazares de la San Martín en Tucumán: “Cuando vuelvo a mi casa a las once de la noche, me los cruzo por la calle San Martín. Son los chicos del bazar nuevo que abrió, el que tiene cuatro pisos. Nunca he llegado a hacer contacto visual. Ellos son muy imponentes. Les tengo un poco de miedo. Al ser muy santiagueño, muy argentino, el miedo es el mismo”.

¿Qué hace acá Wei? “Yo vivo solo en Tucumán. He venido desde Santiago a hacer la carrera de contador publico. Estudiaba en la UNSE (Universidad Nacional de Santiago del Estero) y curso materias de primer año y algunas de segundo. Tengo que lograr un limite de equivalencias. Tengo materias regularizadas. Me encanta estudiar”, señala Estéfano, quien perdió a su papá a los cuatro años pero conserva fresca la imagen de las libretitas contables de su padre en caracteres chinos: “La paciencia por los números viene del lado chino. Veía la libretita de mi papá, su contabilidad china, con caracteres chinos, de su tenedor libre muy famoso en Santiago del Estero, en la Mitre y 24 de Septiembre, y me fascinaba”.

Cuando falleció su papá, el mundo se le vino encima a su familia que ante la crisis, las deudas y la falta de trabajo para reunir los gastos de la cremación decidió abrir el horno y empezar a cocinar pastafrolas y magdalenas: “Salí a vender desde muy niño. Era muy tímido pero así empecé a incorporar técnicas y habilidades de venta. Quería tener mi plata para salir al cine. Cuando tenía 17 años mandé un currículum a Sushi World, en Santiago. El dueño, a quien le mando un saludo, me dio la posibilidad de tener mi primer trabajo. Estuve tres meses hasta que inicié la carrera de contabilidad. Allí aprendí a ser mozo y a tratar a la gente”.

Ya en Tucumán, Wei conoció a Gabriela, su socia en MW.Tuc, el microemprendimiento sensación de la Plaza Independencia: “Ella se encarga de realizar todo lo que es producción de materia prima, de primera mano. Yo hago chocotortas, cheesecake y pastafrolas que son mis recetas y no las tiene que cambiar (se ríe). A ella le gusta las pastafrolas con mucha masa y poco membrillo. A mí me gusta más crocantes”.

Cada peso ahorrado es invertido en su emprendimiento, el primer gran paso para acercarse a la Gran Muralla China, el lugar que desvela a Wei: “Tengo pensado ir a China. Nunca he conocido a alguien chino que me enseñe el idioma. Sí, mi mamá es muy sociable y conocimos personas en el supermercado, pero no conozcó el idioma. Como mi papá falleció cuando yo tenía cuatro años, no tengo recuerdos del idioma. Es muy difícil el idioma, pero es muy recomendable. Es muy lindo aprender el idioma, me encantan los caracteres chinos e ir a Asia es uno de mis sueños pero para ello quiero poder comunicarme en chino. Por más que el celular ayude como traductor, no es lo mismo”, aclara Wei vestido con una camisa obviamente cuello Mao blanca e impecable, ropa limpia y bien lavada que un joven de 22 años sí encuentra a través del celular que usa mucho tiempo y de la Inteligencia Artificial que cada día se mete más en la vida cotidiana.

“Lavo la ropa gracias a la IA. Cada lavarropas tiene un sistema, tiene un método. Lo aplico y así tengo la rompa limpia. La IA está haciendo bien su trabajo”, luce Wei, quien se despide con estilo, pilotín beige y paraguas para estos días de lluvia donde los postres que venden van a tener que esperar a que pare el agua.

Una vez que deje de llover, Estéfano Alejandro Wei Ruiz volverá a ocupar su banco en la plaza Independencia entre los pastores evangélicos, las chicas uniformadas de rojo 9 de Julio que limpian las hojas del otoño y embellecen el principal paseo público de la ciudad: “Me siento muy integrado a Tucumán. Me encanta cómo te trata la gente. Por más que vengan muy apurados, te preguntan qué vendes. Se interesan. La gente ambulante me ayudan. Me ha pasado de cruzarme con clientes que me llegan a ofrecer plata. Para mí eso no es una ofensa ni nada. Pero hay gente que la necesita más que io. Tengo todas las posibilidades para sustentarme a mí mismo y a la chica con la que trabajo. Tengo todo para salir adelante”.